Editorial: Violencia

Cuando nos planteamos gestar este proyecto no encontramos nada más apabullante, ambiguo y determinante en nuestra identidad que los efectos de la violencia. Pensamos el fenómeno a través de nuestras geografías; que el conflicto político, la corrupción, la cultura y la distribución ambigua de la riqueza, tienden a parir esta hija bastarda. No la patentamos ni mucho menos, la sabemos y sentimos condición sine qua non a la especie humana. No obstante, hemos desarrollado una oscura hipersensibilidad a la misma o naturalizado escabrosamente su existencia. No hablamos solo de sesos desparramados, miembros humanos dispersos o de la sangre que se derrama por litros cada día en nuestra región. Pero sí tenemos miedo de  la perversidad detrás del progreso, la normalidad con la que “avanzamos” a través de esa violencia, nos definimos y la practicamos. Es esencial, diversa y dispersa. No tiene freno, es solo motor. Nos declaramos culpables. Pero no somos retratistas vacuos ni pretendemos diseccionar con precisión de cirujano un fenómeno tan complejo. Intentamos tensar tan solo un poco el hilo ontológico de esta imparable acción/reproducción. Bajo esa premisa intentamos transitar este camino, enredado, caótico, como en el laberinto de Minos, o como un río que fluye para unirse con el delta, y finalmente con el mar: inmenso, inabarcable.

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