Cabeza de turco

                                                       Foto: Kevin Andrade  @ph_.98

Por Adrián Ávila 

En los años 80 el periodista alemán Günter Wallraff se hizo pasar por turco durante casi dos años con el objetivo de infiltrarse en el mundo de los inmigrantes ilegales de la Alemania Federal. El resultado fue un reportaje que evidenció las condiciones precarias de vida por las cuales debían pasar; las violaciones a sus derechos humanos; y la consentida xenofobia en la nación bávara. Bajo el título en español de Cabeza de turco (1985), la obra de Wallraff invita a reflexionar sobre el papel de la ficción como herramienta periodística.

Todo comienza en 1983, cuando Wallraff toma prestada la identidad de un trabajador turco para crear al personaje de Alí. Un joven turco que el mismo periodista personifica vistiendo una peluca negra y unos lentes de contacto para asemejar un aspecto meridiano. Aunque fingir el acento de los extranjeros no le salió tan bien, los alemanes no se percataron de ello, pues explica: “cualquiera que se haya tomado la molestia de escuchar de veras a un turco o un griego que vivía aquí tendría que haberse dado cuenta”.

Desde el inicio, con oraciones como esta última, Wallraff establece que la obra no es sólo una carga de información y denuncia, sino una historia. De este modo el reportaje alcanza una dimensión estética y se convierte en un relato doble: Por una parte, el periodista expone sus hazañas como investigador al promover el periodismo de infiltración, pero por otra es la historia de Alí representando a los ciudadanos indocumentados que buscan una mejor vida en tierras ajenas.

Cabeza de turco se nutre de dos voces paralelas, el periodista y el testigo. El primero introduce los datos duros como las fotografías, la documentación oficial, artículos de periódicos, estadísticas, etc. El segundo cuenta su propia historia y la de muchos más: la de un inmigrante ilegal que padece un sin fín de peripecias en su intento por pertenecer a una cultura ajena. Alí trabaja en labores pesadas llegando incluso a tentarse por la idea de ofrecer su cuerpo para experimentos científicos; intenta unirse a una congregación católica, pero es rechazado; y constantemente es denigrado por su aspecto foráneo.

Al crear un personaje ficticio, Wallraff genera un agente de conflicto, un individuo para enfrentar diferentes circunstancias. Los sucesos ocurren conforme el periodista los busca. Si quiere evidenciar el racismo alemán, se va a un partido entre Alemania y Turquía; si necesita exponer las terribles jornadas laborales de las multinacionales, se pone a trabajar en un McDonald’s; para mostrar las condiciones de vida de los inmigrantes, se va a vivir a un gueto. Desde el modo de operar en sus investigaciones, Wallraff va generando el relato.

De este modo existe un control narrativo. Sí, es la historia de Alí, pero al final un discurso retórico con intenciones particulares. No es casual que todo el relato se focalice en las peripecias del inmigrante turco y la hostilidad de los alemanes. Las constantes vejaciones hacia Alí generan un efecto de sentido que inclina hacia la simpatía por los inmigrantes. El periodista no miente, selecciona la información: “Hay que enmascararse para desenmascarar a la sociedad, hay que engañar y fingir para averiguar la verdad” se justifica Wallrraff.

Esto no quiere decir que la obra pierda valor, al contrario. Existe una concepción generalizada del periodismo como discurso objetivo. Se cree que el periodista es un ser neutro con la capacidad de reflejar la realidad como tal. Esta idea, como lo propone Juan Nadal, proviene de la ideología promovida por la burguesía del siglo XVIII y “tiende a ocultar que la información es seleccionada, organizada y redactada por alguien”. Es decir mitifica la labor periodística con un velo de objetividad arrebatando la voz del pueblo, del oprimido, del que no puede denunciar desde su propia experiencia de vida.

La importancia de Cabeza de turco reside en que, aun con la pretensión de alcanzar la verdad, el relato le devuelve esa voz a los oprimidos del mundo, a los que nadie se toma el tiempo de escuchar. El discurso se convierte en un espacio abstracto donde se reflejan los pesares del mundo inmigrante e ilegal. Es cierto que la obra está limitada por la perspectiva de un alemán fingiendo ser otro, pero la intención de promover el interés en los problemas raciales y labores abrió el diálogo en la Alemania Federal con los verdaderos afectados.

Tras la publicación del libro, surgieron diferentes demandas en contra de empresas como Thyssen y se replantearon las condiciones laborales en diferentes instituciones de derechos humanos. La obra de Wallraff también ayudó a los propios alemanes a reflexionar sobre la xenofobia que sobrevivía aún de su pasado nazi. Sin embargo también hubo acusaciones contra el periodista por parte de diferentes trabajadores turcos que no recibieron el crédito correspondiente, pues algunas de las cuitas de Alí le sucedieron en realidad a otros. Además argumentan que recibieron un pago mínimo mientras que unos pocos se enriquecieron con la venta del libro.

Más allá de creer dichas acusaciones o no, Cabeza de turco pone en contexto una problemática e invita a reflexionar sobre ella. Si bien es probable que no todas las historias le hayan sucedido a Alí, el personaje representa a toda una comunidad y en el nivel discursivo juega el papel de un héroe folclórico moderno. En alemán existe un término extenso para designar el sentido de pertenencia a un lugar: Heimat. Dentro de la semántica del vocablo entran conceptos como patria, familia, hogar, el olor a las galletas de la abuela o incluso las historias del pueblo. El personaje de Alí, más allá de los intereses en torno a él, representa un sentido de pertenencia. Su historia es la de muchos que buscan fortuna lejos de su casa.

Wallraff no inventó nada nuevo con Cabeza de turco. Si nos detenemos a pensarlo la Historia de las indias de Fray Bartolomé de las Casas fue un texto que denunciaba el maltrato a los indígenas en las colonias del Nuevo Mundo como muchos otros autores lo han hecho a lo largo de la historia. Sin embargo la obra del periodista alemán, como muchas otras, es una invitación a pensar un problema social desde una perspectiva distinta. La obra en su idioma original fue titulada como Ganz unten, que se puede traducir como lo más bajo. Con su periodismo de infiltración Wallraff lanzó a la superficie aquello que había permanecido oculto.

 

Sobre el autor:

Ciudad de México (1989). Periodista, investigador en literatura y videojuegos. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s