Ian MacKaye

Ian MacKaye: corredor de larga distancia

Por Ariel Pukacz

Si uno se toma el trabajo de googlear a Ian MacKaye se va a topar con un curriculum vitae apabullante: cofundador de Dischord Records, cantante, guitarrista, bajista, productor, activista, archivista, responsable del “movimiento” straight edge con su banda Minor Threat y pionero del “emo core” con Embrace. La síntesis de todas esas categorías que definen parcialmente a MacKaye podría condensarse en una sola: la de hacedor.

Para evidenciar esa síntesis, es imposible no recorrer toda su carrera, lo que nos obliga a trasladarnos a su primera banda, Teen Idles, fundada en Washington, DC en 1979. Se trató de un combo de punk acelerado y desprolijo, con letras que renegaban  de la intromisión de la cultura del rock en el punk, un fenómeno que había dejado personajes como Sid Vicious de Sex Pistols o Darby Crash de Germs. Se trataba de adolescentes sobrios haciendo música acelerada. Tras la disolución del grupo habían quedado unos seiscientos dólares de ganancias de sus 35 conciertos, y decidieron utilizar ese dinero para hacer un registro de sus canciones.

Poniendo a DC en el mapa

Skip Groff era el dueño de la disquería Yesterday & Today y del sello Limp, donde publicaba bandas punks pioneras de la zona como Black Market Baby, The Slickee Boys y (The) Nazz, entre otras. Los integrantes de Teen Idles y otros entusiastas del punk solían merodear por la disquería. Skip ayudó a ese primer grupo de MacKaye a que grabaran sus canciones en el pequeño estudio Inner Ear, manejado por Don Zientara en el sótano de su casa. Inner Ear se convertiría en el aliado decisivo: prácticamente todos los grupos de Dischord Records pasaron por su consola. Y a lo largo de las sesiones de bandas posteriores, MacKaye se convertiría en productor, como siempre, desde una postura autodidacta.

El resultado fue Minor Disturbance, un EP de siete pulgadas con ocho canciones y una imponente portada: las manos de Alec, hermano de Ian, cruzadas, con dos X negras pintadas. Es con este primer lanzamiento de Dischord Records que MacKaye inicia un largo camino literalmente artesanal: cada envoltorio de cada copia fue doblado y pegado por MacKaye y su socio, el baterista Jeff Nelson. En el documental American Hardcore, basado en el libro de Steven Blush, MacKaye explica: “Había unos singles de Inglaterra que nos gustaban, así que abrimos los envoltorios para ver cómo estaban fabricados, los despegamos y vimos que cada lado tenía unas solapas que las doblabas y servían para pegarlos. Entonces tomamos ese envoltorio desdoblado y lo pusimos sobre un papel blanco y marcamos el contorno, fuimos a una imprenta y les dijimos que imprimieran la portada sobre esas marcas. Luego, con tijeras, cortamos, pegamos y doblamos cada uno, hicimos eso con por lo menos diez mil discos. Cada disco de siete pulgadas fue hecho a mano, nos sentamos a cortar y doblar. No sabíamos, estábamos aprendiendo”. 

Cuando se recuperó la inversión aprovecharon el dinero para grabar y publicar a otras bandas hardcore de su entorno, y así Dischord se convirtió en una discográfica dedicada a documentar lo que sucedía en una escena puntual de su ciudad. A diferencia de otros sellos punk de la época como SST o Touch and Go, el catálogo de Dischord está conformado únicamente por agrupaciones de la zona y de su entorno de amigos, lo que provocó la ira de otras bandas del área, como 9353 o los ruidosos No Trend.

El hardcore se inició mediante muchas escenas estatales o regionales que se fueron entrelazando y cimentaron las bases del underground estadounidense, que se aprovechan hasta la actualidad. Giras organizadas por teléfono público, amistades creadas a partir de los datos que figuraban en la contratapa de los discos, contactos hechos mediante direcciones que aparecían en fanzines. Fue en ese contexto verdaderamente autogestivo que Dischord Records logró posicionar su escena en el mapa y convertirla en uno de los epicentros del género, al igual que sucedió con otras regiones ignotas que habían quedado relegadas al mundo del rock n roll, como Texas, Michigan o Arizona.

Hacia octubre de 1981, Ian y parte de la escena se mudaron a una pequeña casa en Arlington, Virginia, que se convertiría en su centro de operaciones, y la bautizaron “Dischord House”.
Como cuenta en el sitio del sello, “No teníamos idea de cuánto duraría esa locación, así que mantuvimos la dirección de correo de Beecher Street, pensamos que la mantendríamos un tiempo. Después de todo era, y sigue siendo, la dirección de la casa de mis padres. (…) Nuestro sótano se convirtió en una sala de ensayo sin descanso, y como era una de las primeras casas comunitarias de nuestra comunidad punk, se convirtió en un lugar para pasar el rato. La gente estaba ahí día y noche, y bastante seguido se encontraban armando envoltorios de discos y doblando las hojas con las canciones”.

Los problemas de distribución y los largos períodos que se tomaban las distribuidoras para pagar hacían que Dischord estuviese siempre al borde de la quiebra. En el documental Salad Days, dirigido por Scott Crawford, MacKaye admite que el sello empezó a ser redituable recién en 1988. Esto se debió a una serie de circunstancias, la primera de las cuales fue haber conocido a John Loder, fundador de Southern Records, unos años atrás. Loder estaba íntimamente vinculado con el grupo anarquista Crass, que también tenía cierto parentesco con Dischord en su modo de hacer las cosas y por vivir en comunidad. Southern ayudó a Dischord a manufacturar sus discos en Inglaterra y a distribuirlos incluso en Estados Unidos con mayores ventajas. La cosa funcionó, pero para 1984 la mayoría de los grupos de la escena se habían disuelto. Sin embargo, hacia 1985 apareció toda una nueva camada de grupos que revitalizó la escena e hizo que, para fines de la década, Dischord tuviese que alquilar un galpón frente a su casa original y fundar Dischord Direct, la entidad desde la que hacían los envíos y la logística del sello, así como también la distribución de material de otros sellos discográficos afines. 

No sos lo que tenés

Hacia 1987 MacKaye conformó Fugazi, junto con el bajista Joe Lally, y el ex baterista y el ex guitarrista de Rites of Spring, Brendan Canty y Guy Picciotto.

En una entrevista publicada en la antología de la revista Punk Planet titulada No te debemos nada, MacKaye explica la lógica con la que el grupo decidió manejarse: “Un aspecto del hazlo tú mismo es que de verdad tenés que hacerlo vos mismo. ¡Es trabajo! Manejamos y organizamos las fechas nosotros, hacemos el mantenimiento de nuestros equipos, nuestras propias grabaciones, incluso manejamos los impuestos. No tenemos a otra gente haciendo todas esas cosas. Todo esto lo hacemos nosotros, y lleva tiempo. No podés estar de gira todo un año, porque en algún momento alguien tiene que volver a casa y conseguir más fechas. Creo que hay un gran trabajo de infraestructura que hacemos nosotros y del que la gente no está al tanto. El modo en el que la gente percibe el sistema musical supone que uno tiene un montón de gente haciendo las cosas por vos, pero eso no es punk rock. Nosotros venimos de un mundo en el que las cosas las hacés vos mismo. A veces siento que somos como los shakers 1, o los amish, o algo así. La gente dice ‘Ustedes hacen todo tan difícil’. Bueno, ¡es así! Nos ven como si anduviéramos por la autopista con un carruaje. ´¿Por qué tienen un caballo y un coche? ¿Por qué no se consiguen un auto?’. Hay una razón”. 

Esa razón es la serie de decisiones que tomó la banda para sentirse cómodos con el proyecto: en lo que respecta a los conciertos, decidieron cobrar tan solo cinco dólares, para que se tratara de un evento al que prácticamente todos pudiesen asistir y no un show de rock con entradas prohibitivas. Esto incluye su lógica de all ages, con la misma intención inclusiva, además de no dudar en frenar el concierto si el público se ponía demasiado agresivo. 

Fugazi se esforzó por mantenerse sobre los rieles del circuito alternativo que habían ayudado a forjar, y es por eso que no tuvieron interés en la difusión de grandes medios musicales como Rolling Stone, Spin o NME, sino que prefirieron las publicaciones y medios independientes. Tampoco les interesó hacer videoclips, una expresión que veían más como un comercial que como una forma de arte. 

Este hermetismo para acceder a información sobre el grupo por parte del gran público generó toda clase de mitos alrededor de los cuatro integrantes que lejos están de la realidad. A modo de explicación, en 1999 publicaron junto al cineasta Jem Cohen el retrato documental Instrument, que sigue a la banda durante diez años. 

Los noventa hicieron que el grupo quedara encajado dentro de la ola del rock alternativo, pero a diferencia del resto de las bandas, que vieron como alternativa firmar con grandes sellos multinacionales, Fugazi decidió mantener su estructura de forma independiente, y esto no evitó que llegaran a vender un millón de ejemplares de sus discos, que ofrecían directamente desde el sello a tan solo diez dólares, mientras que cualquier álbum de un gran sello rondaba los quince. 

Con Minor Threat había podido tocar fuera de su ciudad: de Nueva York a San Francisco, de Boston a Chicago, pero con Fugazi el panorama era distinto. La banda se había convertido en su vida, y eso llevó a tratar de simplificar las cosas; por ejemplo, el hecho de no vender merchandising hacía que durante las giras pudieran prescindir de una persona dedicada a eso. Además de la cuestión logística, MacKaye recuerda que en muchas ocasiones llegaban a un nuevo destino de la gira y antes de bajar los equipos de la van, se les acercaban chicos que querían comprar remeras. El objeto se volvía más importante que la experiencia del concierto, por lo tanto Fugazi dijo: nada de remeras. (Aunque en una primera instancia Dischord, Minor Threat y Rites of Spring sí tuvieron sus remeras, serigrafiadas en la Dischord House). 

Debido a esta falta de remeras oficiales surgió un bootleg 2 que, en un juego con la obra de Magritte, profesaba “This is not a Fugazi t-shirt”. En el libro The Art of the Band T-Shirt MacKaye explica la intrincada situación: “Me las ingenié para rastrear un diseño que se había hecho en una empresa de remeras muy conocida del área de Boston, y les dije que dejaran de hacerlas. Hablé con el jefe y por supuesto que quería negociar, y por supuesto la respuesta fue no. Sin embargo, tuvimos una conversación agradable, tenía curiosidad sobre por qué no queríamos vender remeras, y tras explicarle nuestra posición pareció respetarla. Cerca de un mes después, un amigo de una disquería me alertó sobre la remera de ‘This is not a Fugazi t-shirt’. Lo rastreé y era el mismo tipo de Boston. ¡Qué hijo de puta inteligente que era! Lo llamé y le dije: ‘Sos gracioso y creativo, veamos cuán creativo sos con los números’. Le dejé elegir una organización que hiciera algo en su comunidad y le dije que les diera a ellos lo que correspondiera como regalías para la banda. Creo que eligió un refugio para mujeres, y hasta donde yo sé, envió el dinero hasta que dejó el negocio”. 

40 años de Dischord Records

En el año 2002 Dischord sacó a la venta un compilado que reunía todas las bandas que habían estado en el sello desde su fundación en 1980, con la idea de hacer una retrospectiva de esos primeros veinte años. Ese disco demuestra el interés de MacKaye por documentar su historia; incluso él mismo se considera un archivista. La Dischord House continúa funcionando como su oficina, pero también como una especie de museo donde guarda cada desde cartas hasta tickets de conciertos, bocetos de las tapas de los discos e incluso un fragmento de vidrio que se le incrustó en la cabeza a su amigo Henry Rollins. Para organizar y darle lógica a este archivo descomunal que tiene cuarenta años de material MacKaye, contó con la participación de la archivista Nicole Procopenko, quien trabajó en el Smithsonian Institute. 

Durante estos cuarenta años Ian MacKaye hizo de sus bandas y de su sello su vida. Pero ese hacer se traduce en un trabajo constante, que poco tiene que ver con la tonta idea de meritocracia. Sus andanzas adolescentes se convirtieron en una postura frente al mundo y a la vida en sí, y a la larga se convirtieron en un ejemplo sobre cómo hacer las cosas fuera de la industria corporativa. En No te debemos nada MacKaye relexiona: “Hay momentos en los que pienso ‘Dios, ¿cuándo vivo?’. Pero el problema no es no tener tiempo para hacer cosas, sino no tener el deseo; no tengo la paz para no hacer cosas. Simplemente siento que tengo que hacer. El trabajo tiene sus recompensas, trabajás ahora o lo pagás luego. Todos me dicen que trabajo todo el tiempo, y yo les respondo ‘Eso es lo que hago, ese es el momento en el que soy feliz’”.

Minor Threat 1st demo tape- dischord house

Notas al pie:

 1 Los shakers son una rama de los cuáqueros protestantes.

2 Producto cultural distribuido y comercializado de forma ilegal, no autorizado por el artista

Sobre el autor:

Ariel Pukacz es periodista. Ha escrito para medios como Rolling Stone, Vice, Noisey y Los Inrockuptibles. Es director de Walden Editora. Actualmente se encuentra escribiendo un ensayo sobre los aspectos religiosos en el hardcore, que será publicado por Dobra Robota Editora.  @waldeneditora

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