Archivo del Autor: Cuchu Uruchurtu

Acerca de Cuchu Uruchurtu

Descendiente de una de las familias más conservadoras del ex Distrito Federal. Mi tío abuelo fue un emblema de la prohibición, de las políticas públicas pensadas para las familias clase medieras, los ciudadanos doble moral. Grandes obra públicas, nulos avances sociales. En su afán protector pasó la historia como el "regente de hierro". Su karma, tener familia progre y activista. Pobre, tan honorable y tan cabrón. Esto es por ti, te extrañamos un poco, tío.

“Você merece!”: 3% ciencia ficción a la brasileña

Por Carlos Mendoza

El género de ciencia ficción, está teniendo un salto cuantitativo hacia lo audiovisual. Siempre ha sido un código útil para canalizar nuestros miedos y aventurar prospectivas en torno a los posibles futuros de la humanidad. Desafortunadamente, quienes experimentan con el género, muchas veces abusan de planteamientos basados en un determinismo tecnológico, es decir, la mayoría de los cambios y revoluciones que intentan representar, subordinan la condición moral y ética a la tecnología. Recurso que es solo síntoma del momento Sillicon Valley y su hegemonía, pero limita un abordaje más complejo de la condición humana, y su exploración en torno a los usos, democratización y alcances de la tecnología.

Otra de las críticas a este fenómeno, es el ya típico abuso del etnocentrismo yankee para interpretar y crear futuros distópicos, siguiendo la lógica de siempre: centro -periferia. Pese a que generalmente no se hace mención de los nombres de ciudades o países, ya sea por  la estética de lo urbano o el fenotipo de los actores o el lenguaje, se hace evidente la ubicación social y nacional de dichas tramas.

Esta añoranza generacional por predecir el futuro, hace uso de la “exactitud” del algoritmo (Maniac, Altered Carbon, Black Mirror, etc.), para saber lo que los espectadores/consumidores queremos, y los servicios de streaming no han desaprovechado la oportunidad para poner a disposición de las productoras, grandes recursos para la creación de este tipo de contenidos. Su demanda y la amplitud creativa que se les está permitiendo, hacen de este género, un campo de interpretación y disputa de sentidos bastante interesante.

Por eso traemos a colación, un producto que si bien no sale de la fórmula anteriormente descrita, desplaza su foco de atención a nuestra región, más específicamente a Brasil, un país (el de la serie), nos atrevemos a decirlo, aún menos distópico que el de Bolsonaro. Hablamos de la serie 3%, atinada por demás, sobre todo por los tópicos, las prácticas, los conflictos y los dramas incipientes de esta nuestra época, pero que tememos, serán caldo de cultivo para un futuro desordenado y por qué no decirlo, extremadamente desigual, sí, aún más.

La trama, en un principio, es oscura en sus planteamientos, pero conforme avanzan los capítulos, se vuelve más transparente en sus intenciones, lo cual no demerita el concepto, sino que clarifica la intencionalidad política de sus creadores (Pedro Aguilera, Josefina Trotta e Ivan Nakamura). En un Brasil distópico, el 97% de la población vive en situación de extrema pobreza en El Continente, con rituales que lindan en lo rupestre y con poderes bien estructurados y estructurantes, como la religión, El Proceso, La Causa y el 3% de la población restante, que vive en lo que dentro de ese imaginario se denomina El Mar Alto.

Creemos que es una experiencia audiovisual nueva, el impacto lingüístico del portugués brasileño adereza y desnaturaliza ciertos patrones estereotípicos de la ciencia ficción. Los heroes y antiheroes tienen una entidad más plena y arraigada a la conciencia de clase. Como en toda hegemonía, en la serie existen resistencias contradictorias, en este caso, representadas por La Causa, un grupo disidente, que tiene como mejor recurso la violencia para hacerse escuchar e “incomodar al sistema”. Esto, solo hasta que los personajes principales deciden transformar dicho movimiento y hacerlo suyo, cambiar la estrategia. No es romántico, no es ideal, es solo un intento de alternativa al sistema imperante de aquel mundo. También existe otro grupo, los anarquistas funcionales, una pandilla que vive en El Continente para aterrorizar y mantener el orden más allá de la ley, un grupo de choque al servicio del poder.

Tenemos personajes multidimensionales, algunos más que otros. Está Michel, anti heroína predilecta, conflictuada y confundida, siempre entre la espada y la pared, con La Causa y en contra de ella, con el Mar Alto y en contra de él. También Ezequiel, el líder de El Proceso personaje complejo, que simula una aparente certeza en todo lo que dice y hace, sin embargo sus momentos de duda e introspección nos mantienen siempre con ganas de saber quién es y qué es lo que verdaderamente le importa. Fernando, un joven en silla de ruedas que cree fervientemente en que El Proceso como norte moral, capaz y con un horizonte ético que terminará por jugarle en contra. Johanna es otro personaje interesante, sagaz, rebelde, egoísta, desamparada, tiene todo lo que el sistema necesita de ella para formar parte del 3%, pero le sobra conciencia de clase. Rafael que pone en vilo los límites éticos de ambos lados, y también los propios, ejemplo perfecto del individuo contra el mundo.

El mantra y guía moral de esa sociedad es “você merece!”. Que puede traducirse como “tú mereces” o “tú tienes el mérito”. Una pertinaz mención y crítica al patrón social (guía moral) que impera actualmente en la búsqueda de la movilidad social, una sociedad que privilegia el esfuerzo y las capacidades individuales, para sobresalir y como única vía de ascenso y de mejorar nuestras condiciones de vida. Un liberalismo incuestionado, naturalizado en la consciencia colectiva. El Proceso es justo eso, una serie de pruebas que busca a los individuos “más aptos, más inteligentes y más ambiciosos”, aquellos que estén dispuesto a todo por llegar a formar parte de ese 3%, incluso dejar atrás todo y a todos los que forman parte de su vida. Prueba tras prueba se develan los personajes, sus pasados, sus objetivos y sus formas de conseguirlos, pero también sus miedos y virtudes.

La estética de la serie y los elementos visuales están respaldados por un gran equipo técnico, hay recursos, pero no es la prioridad de los creadores, como suele pasar en muchas series de ciencia ficción, que a su vez descuidan otros aspectos. Lo que nos parece relevante es el guión y su capacidad de articular historias y poner en tensión valores y conceptos políticos que hoy en día moldean toda nuestra región. La serie, y ahí radica su originalidad, es una idea concebida para youtube en 2011 por el español Pedro Aguilera. Mejor dicho, una idea original no necesariamente subordinada a los mandatos del mercado, y que deviene de una iniciativa artística independiente. Respetar esa idea original es un acierto de Netflix, en sus rasgos más fundamentales, es un mérito de los mismos creadores. Agregamos a la sumatoria de virtudes, que todos los actores son salidos de telenovelas brasileñas, lo que permite un tipo de interpretación que no demerita en calidad y que aporta empatía para con el espectador, y sobre todo, no caricaturiza ni estereotipa al brasileño/a, (como suele pasar con los mexicanos en series como Narcos y Breaking Bad), sino que les confiere entidad propia y apegada a la realidad de ese Brasil vasto, diverso y complejo.

De igual modo, nos mantenemos escépticos, este tipo de contenidos en Netflix solo responden a una demanda del mercado, cada vez más sofisticada debido a la recolección de datos por parte del algoritmo omnipresente. Estas manifestaciones ya son parte de la naturalización del discurso disidente dentro del hegemónico, igualmente, resulta necesaria una mirada desde la perspectiva de la región y disputar en esa arena, el papel de la política local frente a la global. El caso es, estar atentos a la diversas interpretaciones (sobre todo las más cercanas a nosotres), en torno a las consecuencias del dominio económico y político actual.

Horacio Castellanos Moya: “La paranoia es el aire que se respira en la contemporaneidad”

por: Pedro Romero Irula y Andreas Portillo

Foto: EDH- Salvador Meléndez

La materia prima de la obra de Horacio Castellanos Moya (1957) es la memoria, el trauma personal y colectivo de Centroamérica, y en particular, de El Salvador. En sus narraciones se percibe la paranoia y las neurosis características de quienes han crecido en medio de una historia cercada por el terror y la violencia. Son también una aproximación a los sentimientos encontrados que tales situaciones provocan en quienes las viven, en la huella indeleble que dejan en las distintas generaciones que las protagonizan. Por ejemplo en Tirana memoria, se ocupa del derrocamiento del infame dictador Hernández Martínez, desde las perspectivas insólitas de un ama de casa que, junto con otras mujeres de diversas clases sociales, lideran un movimiento popular contra el régimen, y la de un dúo de parientes accidentados que deben huir de las autoridades tras el fracaso de un golpe de estado militar. En Desmoronamiento registra lo absurdo del conflicto hondureño-salvadoreño de finales de los 60s (conocido como la Guerra de las Cien Horas) y la aparente facilidad para odiar de nuestros pueblos. La sirvienta y el luchador, un thriller intenso y oscurísimo, toca con gran sabiduría literaria el archiconocido tema de la violencia desenfrenada del conflicto armado de los 80s. Más violenta y más bizarra es Baile con serpientes, donde un graduado de humanidades desequilibrado que convive con unas culebras asola el San Salvador de posguerra. En fin, sin caer en la historiografía ni en el testimonio, Castellanos Moya ya ha registrado en su obra las constantes trágicas (y también, por qué no, cómicas) del siglo XX salvadoreño y centroamericano.

En su más reciente novela, Moronga (Random House Mondadori, 2018), retoma a uno de sus personajes más recurrentes, odiados y simpáticos- no por nada recibió amenazas de muerte después de publicar El asco, que entre otras cosas, es una crítica mordaz a cierto sector y a ciertas prácticas y visiones de mundo de la sociedad salvadoreña- para explorar las secuelas del conflicto armado y la aparente muerte de los grandes relatos  en un mundo donde las revoluciones parecen ser cada vez menos un horizonte posible. En Moronga se exploran fenómenos como la migración y el fortalecimiento del crimen organizado como consecuencias directas de la guerra, o el estado de hipervigilancia presente en la sociedad norteamericana. El escritor, en su más reciente visita Argentina, asistió a la décima edición del FILBA (Feria Internacional del Libro de Buenos Aires). Con ello surgió la oportunidad de tener una charla con él, que posteriormente dio pie a una entrevista vía mail en la que ahondamos varios de estos temas:

En Insensatez, El sueño del retorno, La diabla en el espejo, y en Moronga  somos testigos de la degradación de la psique de los protagonistas, la paranoia se apodera de ellos. En La diabla y en Insensatez los protagonistas parecen consumidos por ella hasta un punto en el que no hay vuelta atrás. En El sueño del retorno y en Moronga, en cambio, la paranoia es parte del mecanismo de supervivencia de Erasmo, aunque al final esa misma paranoia no lo salva de las circunstancias absurdas en las que termina. ¿Cómo surgió esta idea de la paranoia como mecanismo para contar una historia?

La paranoia no surgió como un mecanismo para contar la historia. La paranoia siempre estuvo ahí, era parte del mundo en que me formé. Se expresó en mi literatura como algo natural, no como un mecanismo literario racionalizado con el que busco producir un efecto. La paranoia es un estado mental y emocional caracterizado por la velocidad y la exageración, lo que no le hace mal a la ficción, sino todo lo contrario. Ciertamente Erasmo Aragón termina muy mal en Moronga, de nada le sirve la exacerbación de los sentidos ni la supuesta agudeza mental que se auto atribuye gracias a la paranoia. El destino –o el azar, vaya uno a saber– le juega una mala pasada. Pero es interesante preguntarse si no son su propia forma de ser, su obsesión sexual, sus compulsiones, las que propician las circunstancias para que termine de esa manera.

Más allá de las coyunturas políticas, y que, como ya ha dicho en alguna entrevista, al final en los países violentos el paranoico tiene más chances de sobrevivir, ¿Cuáles son los antecedentes literarios  de autores que utilizan este recurso?

Comencemos por el principio. Qué es Crimen y castigo de Dostoievski sino la más perfecta novela sobre la alteración nerviosa del criminal paranoico. Buena parte de la novela policíaca contemporánea también funciona desde la paranoia. Y en el cine los ejemplos abundan luego de Hitchcock; para no hablar de un grupo importante de series de televisión. Me parece que la paranoia no es un tema o un recursos, insisto, es el aire que se respira en la contemporaneidad, en unos lugares más que en otros, por supuesto. Pero el artista, el escritor, tiene una especie de radar, como decía Hemingway, que le permite olfatear con mayor sutileza lo que está en el aire.

Pepé Pindonga es un personaje recurrente en sus cuentos, y novelas, es un detective más bien motivado por la lujuria, la curiosidad, o la mera supervivencia, esto en contraposición a la figura del detective indudablemente analítico o frío como Dupin, Sherlock Holmes; o el intuitivo Comisario Croce de Piglia. ¿Cómo sería posible la figura de un detective en el San Salvador actual, cuáles serían sus posibilidades en un país donde todo el mundo desconfía de todo el mundo, y en donde las instituciones como la PNC están plagadas de corrupción e impunidad?

La corrupción de las instituciones, el clima de inseguridad, la impunidad, la desconfianza, conforman un excelente escenario para un detective. Por ejemplo, los detectives de la gran novela negra estadounidense –pienso en Sam Spade, Phillipe Marlow o Sepulturero Jones y Ataúd Ed– se mueven en ciudades corroídas por esos problemas. Ciertamente las condiciones en El Salvador son extremas, pero en términos literarios lo importante es la verosimilitud. Lo que sucede en El Salvador de hoy podría ser una mina de oro para un escritor de novelas policiacas. Claro, siempre y cuando tenga el conocimiento, la pasión, el talento, la voluntad y la capacidad de trabajo.

A lo largo de su obra persiste un sentido del humor irreverente, que parece alimentarse de la desesperación en la que surge (El asco; la travesía de Jimmy y Clemen en Tirana memoria; el personaje titular de Moronga; el recorrido circular del narrador de Baile con serpientes, etc.). ¿Qué valor tiene para usted esa capacidad de burla?

Burlarse del mundo es una forma de resistirlo. Pero conste: el humor irreverente no es un atributo mío, sino parte de una idiosincrasia nacional. En una de sus obras, Roque Dalton cita a mi tío Jacinto Castellanos Rivas, quien sostenía que el concepto “por joder” era el motor de la historia en El Salvador.  

De alguna manera, hoy en día la noción de ficción se ha ampliado. Gran parte de las nuevas generaciones literarias, específicamente en la narrativa, tuvieron un acercamiento a la ficción que partía no sólo de libros, sino de series de televisión y el cine. ¿Le parece que estas nuevas influencias son perceptibles en la manera contemporánea de narrar?

Seguramente. El escritor es hijo de su tiempo. Lo que sucede a su alrededor –lo que mira, lo que escucha, lo que come– lo influye de una u otra manera. Ahora bien, la serie, como forma televisiva, no es nueva. Es el mismo formato de la telenovela. La diferencia es que ahora se abordan temas más audaces y el marketing es masivo.

En sus novelas usted recorre buena parte de la historia reciente de El Salvador: desde el derrocamiento de Martínez (1944) hasta la posguerra (principios del siglo XXI). En todas ellas, la historia tiene un rol protagónico sin llegar a ser absoluto. ¿Cómo lograr ese equilibrio entre drama narrativo literario y drama histórico? ¿Ha sido consciente este esfuerzo de tratar la historia salvadoreña en sus novelas?

He sido consciente de que la historia salvadoreña es el paisaje de fondo de la mayoría de mis novelas, lo que no significa que escriba mis novelas para dejar un registro histórico. El impulso literario surge de otra fuente más intuitiva, privada, escabrosa. Y lo que conduce la narración son los pensamientos y emociones de los personajes en función de la trama, no de abstracciones políticas.

Tampoco podemos evitar encontrar ciertos paralelismos entre algunos personajes suyos y ciertos episodios de la vida de Roque Dalton: Zeledón, el guerrillero, es el hijo bastardo de un personaje problemático, de procedencia bastante acomodada, y de una enfermera. La situación  de Haydee y Pericles en Tirana memoria es parecida con la de los presos y perseguidos políticos los 60´s y 70´s. ¿Existe algún homenaje a la figura de Dalton en sus novelas? Más allá de eso ¿Cuál es su valoración del autor?

Es evidente que en tres de mis novelas –La diáspora, El asco y Moronga– la figura de Dalton es un referente importante. También escribí un cuento, “Poema de amor”, que aborda su muerte desde una interpretación caprichosa. Dalton ha sido el escritor más importante de El Salvador, por la envergadura, calidad y proyección de su obra poética, como por sus textos narrativos sobre la historia del país. Es un poeta irregular –natural en una producción tan vasta–, que a veces tiene caídas estrepitosas en lo panfletario, pero que también alcanza alturas de primer nivel en la poesía latinoamericana.  Su asesinato a manos de sus compañeros de lucha amerita la reflexión sobre las relaciones entre el escritor y el poder político en El Salvador, entre el escritor y la sociedad a la que pertenece. Igualmente es muy significativo el hecho de que nadie haya sido juzgado por su crimen y que los asesinos se nieguen a revelar dónde enterraron su cadáver.

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MORONGA*

Los empleados entrábamos al edificio por una puerta trasera, del lado del estacionamiento, con una tarjeta magnética y una clave. El ascensor, con la misma tarjeta, nos conducía al cuarto piso. Esa primera noche, caminé las cinco cuadras desde casa. Rick me esperaba a la salida del ascensor. Era un tipo como de mi edad, fornido, con el rostro un poco apache y coleta; vestía sudadera, jeans y unas botas anaranjadas como las que usan los trabajadores que hacen reparaciones en las calles. La pinta era la de un exhippie, pero tenía voz de mando y exudaba energía nerviosa. Dio un aplauso llamando la atención de los demás empleados y me presentó. Había dos mujeres en el grupo; ninguna era Julia. Las pantallas que estarían a mi cargo eran la nueve, la diez, la once y la doce, explicó Rick. La nueve enfocaba un sector de la calle peatonal donde se localizaban los bares, algunos de los cuales eran los favoritos de los alumnos universitarios. En la diez se observaba el corto pasaje entre el hotel Holiday Inn y el bar Daiquiri, utilizado por fumadores y otra ralea, por el que se podía acceder de la peatonal a uno de los principales estacionamientos del pueblo. La pantalla once mostraba la puerta de entrada al estacionamiento y la máquina de pago. Y la doce estaba dividida en dos: a un lado, se observaba el frente de cada auto con sus ocupantes delanteros en el momento en que se acercaba a la caseta de salida; en el otro, la parte trasera del auto, a la altura de la placa, cuando salía a la calle. Rick se sentó al teclado a explicarme cómo funcionaba el sistema: la notificación de emergencias, el congelamiento de imágenes, la toma de fotos y su envío, la repetición de secuencias; el almacenaje se producía de manera automática. Me dio un manual impreso. Pero me advirtió que el punto clave era la concentración, no distraerme. Luego especificó que los objetivos principales a detectar eran tres: borrachos que armaran camorra en la peatonal, borrachos que condujeran y tipos que utilizaran el pasaje para el consumo de droga. Lo más común es el tipo que sale borracho del bar, camina por el pasaje, entra al estacionamiento y sale conduciendo su auto, dijo señalando las pantallas en secuencia. Entonces yo debía tomar las fotos del auto y meterlas al sistema con un código. Los oficiales en las patrullas las recibirían de forma instantánea.

*Fragmento de Moronga (Random House Mondadori, 2018)

Editorial Alquimia: hacer libros que produzcan “esa sensación punzante” en la espina dorsal

El ejercicio que realizó Revista Tránsitos el pasado mes de agosto en la Feria de Editores independientes en Buenos Aires, dio muchos frutos y nos hizo grandes revelaciones sobre lo saludable –pese a escenarios sociales adversos– que está la edición en el sur de nuestro continente. Hay riesgo e incertidumbre, pero también mucha voluntad creativa y una comunidad organizada.

Ejemplo de este quijotesco esfuerzo es Editorial Alquimia, punta de lanza en el escenario de la edición independiente en Chile. Con un catálogo diverso y multifacético, en seis años han podido consolidar un nombre y un concepto editorial vanguardista, gracias a un catálogo atractivo, organización, carisma y alianzas con varios “apasionados por los libros”. En su stand de la Feria, entablamos contacto con Guido Arroyo, director editorial del sello, quien nos contó sobre su historia, el riesgo, el impulso, los procesos creativos y cómo fueron consolidando su catálogo y concepto.

 

RT ¿De dónde surgió el nombre de Alquimia? ¿Quién lo escogió, quienes integran la editorial?

Alquimia tiene dos etapas, cada una con un origen distinto. La primera inicia a fines de 2006, el sello nace como una excusa para publicar una antología literaria de estudiantes de la Facultad donde estudiaba literatura (Universidad Diego Portales). El nombre surgió de un diálogo algo fumado con los compañeros que participaron del primer libro. Como la editorial funcionó, y como en Chile en ese entonces casi no existían editoriales independientes que recibieran obras de autores emergentes, Alquimia siguió publicando esporádicamente de forma artesanal y bajo un signo experimental hasta el 2011. Hicimos tres o cuatro antologías de autores jovensísimos, discos con grabaciones de poetas recitando, tres poemarios-objeto, un libro que en vez de lomo tenía pernos metálicos y tres obras recopilatorios de un proyecto de talleres artísticos en cárceles en el cual participaba. En esos cuatro años, del 2006 al 2011, hicimos en total quince libros, publicamos cerca de treinta autores distintos y fue una etapa de comprender mediante la práctica el oficio de editor. En ese entonces era un feliz adolescente y si bien, trabajaba, aún no conocía tan bien las miserias del mundo adulto.

A fines del 2011, refundé la editorial de forma más seria, estructurando ejes de publicación mediante colecciones. Por ese tiempo también, hicimos una alianza con el estudio de diseño Navaja; quienes otorgaron una identidad gráfica a todos nuestros libros. Nuestra misión desde ese año fue publicar obras agregando un trabajo previo de edición y diálogo con los autores, procurando siempre trabajar en conjunto los textos o hacer rescates literarios donde la huella editorial esté latente. Actualmente la editorial se compone de un equipo de cuatro personas estables. Nicolás Sagredo, diseñador que fue parte del estudio Navaja y autor de un brillante trabajo collage análogo, es quien hace todos los diseños de portadas, la maquetación de interiores, las gráficas comunicaciones, etcétera. Felipe Reyes, corrector y productor editorial, él realiza gran parte de las gestiones administrativas/logísticas, edita algunos de nuestros libros y participa/apoya en todo. Natacha Oyarzún, ella realiza toda nuestra difusión en redes sociales y es la primera mediadora de cualquier proyecto o mensaje que recibimos; también es la productora de todos los lanzamientos de nuestros libros. Y por último yo, que me encargo de componer todo el catálogo de publicaciones, hacer la edición estilística de los libros y toda la coordinación editorial. Obviamente tenemos a un contador que nos ayuda en una cuestión administrativa, más algunos editores externos que vamos contratando para proyectos específicos.

“Esos libros que al abrir la primera página comprendes que al leerlos algo de ti cambiará. Que logren envejecer con las torsiones de lenguaje de su época. Para eso no solo hay que leer mucho, sino además ser un devorador de la cultura en todas sus manifestaciones (odio el elitismo snob de la alta cultura).”

RT: En qué momento un filósofo se decanta por la literatura y sobre todo, por la edición. ¿Cuándo y cómo decidiste dedicarte a ser editor y cuáles son los retos y desafíos?

No me considero un filósofo. Me gusta la figura del diletante, esa persona cuya pulsión se debate en varias artes o saberes pero nunca se decanta por ninguna, evita siempre volverse un especialista. Lo que sí debo reconocer que soy un lector asiduo de filosofía, sobre todo de la línea más ensayística, y eso me impulsó a realizar un doctorado. Lo paradójico es que al hacerlo, en vez de acercarme más al ámbito académico, terminé vinculado de forma definitiva a la edición. La historia es esta. Había salido hace dos años de literatura, trabajaba como profesor/tallerista en escuelas públicas, estaba obeso, lleno de caspa y mi vida era miserable. Lo que más odiaba era cumplir horario, y en ese momento algo angustiante surgió la idea de ingresar a un postgrado para conseguir una beca que me permitiera pasar las mañanas leyendo acostado, que era mi meta en la vida. Al segundo intento obtuve la CONICYT (Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica; que es análoga a CONICET de la Argentina). Como ya dije, habían alrededor de quince libros publicados en la editorial entre el  2006 y el 2011, y pese al carácter informal del sello, nos seguían llegando atractivos manuscritos y aumentaban nuestros lectores. Entonces pensé en reestructurar Alquimia en base a colecciones editoriales y dedicarme a lo que más me gustaba. Hoy no imagino mi vida sin editar libros. Es un arte que me fascina y en el cual encuentro un continuo aprendizaje. Me gusta mucho que la edición sea un oficio, que nunca se tenga plena certeza de cómo va a funcionar una obra o autor, que cada libro te sorprenda.

Quizás el mayor reto de ser editor es estar siempre encontrando obras que generen una sensación punzante en la espina dorsal. Esos libros que al abrir la primera página comprendes que al leerlos algo de ti cambiará. Que logren envejecer con las torsiones de lenguaje de su época. Para eso no solo hay que leer mucho, sino además ser un devorador de la cultura en todas sus manifestaciones (odio el elitismo snob de la alta cultura). De hecho, una de las cosas que más disfruto cuando hago clases de edición (doy un ramo en el postgrado de la UC en Chile), es analizar los catálogos editoriales de sellos históricos tipo Anagrama. Lo hago –junto a los alumnos– procurando detectar el por qué ciertos títulos logran volverse obras de fondo, es decir, libros que no pierden interés pese a la contingencia de su aparición. Lo más difícil para un editor es lograr publicar libros únicos cuyo interés sea imperecedero. Esos libros te quitan el sueño.

“(…) creo que las publicaciones tienen más relación con las circunstancias que con un itinerario programático.”

RT ¿Escribís o escribiste alguna obra, te consideras también escritor?

Sí. Cómo la mayoría de los editores independientes chilenos e iberoamericanos, soy doble militante. He publicado cuatro libros de poesía. Ahora estoy terminando uno nuevo llamado “La música del cielo” para Editorial Cuneta; y otra editorial me tentó a publicar mis ensayos o una recopilación de los primeros tres libros de poesía que escribí. Pero, la verdad, no tengo presión alguna en publicarlos. Tal como Elvira Hernández creo que las publicaciones tienen más relación con las circunstancias que con un itinerario programático. Y para mí escribir es un acto cotidiano, no un estado de excepción. Odio los rótulos que demanda el campo literario, eso de la novela del poeta o el poemario del narrador. Creo que editar, escribir, ejercer la crítica literaria o pensar son parte de un todo que tiene que ver con la pasión hacia la lengua escrita, hacia el mundo literario y hacia la edición de los libros. Y al estar editando obras continuamente, la ansiedad por ver tu apellido en los lomos de los libros disminuye radicalmente, porque vas siendo parte del proceso.

 

RT ¿Cuales son los mayores logros y/o títulos publicados que más te enorgullecen de la editorial en la que  trabajas?

Quizá uno de los mayores logros de Alquimia, se puede graficar en una frase que le escuché a la narradora Mónica Droully hace dos semanas. Estábamos almorzando, ad portas de firmar un contrato y dijo: “Es que este libro (Jaqueline) es muy Alquimia”. Se refería a una obra bellísima que está trabajando, cuyo tema y tratamiento estético calza perfecto con nuestro catálogo. Y por qué ella dice eso, porque el sello ya posee una identidad y eso se ha vuelto legible tanto para los autores que se acercan a nosotros como para los lectores, que prefieren nuestros libros en función de la línea estética que tenemos. Lo que más me enorgullece es eso, saber que existe una identidad y que va más allá de quienes componen la editorial.

En cuanto a nuestro catálogo, un editor defiende todos sus libros, pero de lo más entrañable que hicimos fue el trabajo con Elvira Hernández, la poeta viva que más disfruto en habla hispana. El año 2013 edité y compilé “Actas urbe”, que reunía seis poemarios de ellas que eran inhallables más material inédito. De inmediato el libro generó lectores cómplices y su obra comenzó a leerse con detenimiento por nuevos lectores. Tres años después apareció una antología de su obra en el destacado sello Lumen, que sirvió para consolidar su obra. Y este año obtuvo el premio Jorge Teillier y el Iberoamericano Pablo Neruda; en Alquimia publicamos su nuevo libro que fue recibido calurosamente por la crítica, y además apareció antología llamada Zona de desvíos que edité para el sello LUX en Argentina.  

Otro caso que nos enorgullece es la obra de Nona Fernández. Nosotros publicamos el 2013 (el mismo año de “Actas urbe”). La novela tuvo inmediata aceptación, se tradujo al alemán, inglés, francés e italiano, y ya lleva tres ediciones sólo en Chile. Tras esa obra, comenzamos a trabajar con ella desde el inicio de su escritura una obra llamado “Chilean Electric”, que también ha sido traducida a diversas lenguas y obtuvo el Premio MOL como mejor obra publicada del año. El próximo año reeditaremos la primera novela de Nona, “Mapocho”, y tenemos en carpeta publicar una nueva novela de ella el 2020. Por último, el rescato que hemos hecho de la poeta Teresa Wilms Montt nos enorgullece mucho. Ella fue una mujer aristócrata que cuestionó el machismo imperante de su época y desarrolló una obra alucinante. De ella editamos sus diarios y poesía completa (prácticamente toda su obra), y en Chile se ha vuelto un ícono fundamental para repensar la literatura fuera de los códigos patriarcales.

(…) nuestras inestables economías y el giro hacia las derechas cavernarias en todo el continente, nos obliga a los sellos independientes a comprender la importancia que poseemos en un plano político, como activos generadores de contenidos que van en contra a los conservadurismos (…)

RT  ¿Cuál es la situación y perspectiva de los editores independientes en la región actualmente y de cara al futuro? ¿Cuáles son los mayores obstáculos y cómo encarar el avasallador paso y dominio del libro digital?

El panorama de edición independiente a nivel latinoamericano atraviesa un buen momento. Cada vez hay más interés y fidelización del público lector por la edición independiente, hecho que se traduce en ferias como la FED. Creo que en general el fenómeno de la edición independiente atraviesa la encrucijada de la profesionalización. Publicar long sellers que permitan mayor autonomía económica, y estructurar una cadena de producción y, sobre todo: distribución, que nos permita pelear con los grandes conglomerados editoriales. Por otra parte, nuestras inestables economías y el giro hacia las derechas cavernarias en todo el continente, nos obliga a los sellos independientes a comprender la importancia que poseemos en un plano político, como activos generadores de contenidos que van en contra a los conservadurismos  que pregonan muchos gobiernos. Pero ojo, para mí un sello independiente es aquel que construye un catálogo, no el que publica exclusivamente a amigos del editor o solo archivos de Word sin ninguna intervención o, peor aún, cobra por hacerlo. Tanto en Chile como en Argentina hay muchos de esos.

 

RT ¿Nos podrías recomendar uno o dos libros nuevos de tu editorial para  los lectores?

Como ya dije un editor defiende todos sus libros, pero de las novedades me gustaría recomendar el libro: Pájaros desde mi ventana de Elvira Hernández; La caída de Roma de Anne Carson y No tengo amigos, tengo amores, una recopilación de 72 entrevistas de Pedro Lemebel, que está dispuesta de forma fragmentada y temática, una suerte de autobiografía oral.

 

RT ¿Cuál es tu top 5 de los libros (no necesariamente de tu editorial) y por qué?

Sería imposible reducir a cinco mis libros favoritos. Tampoco creo mucho en los listados. Lo que sí puedo hacer es contar las cinco novedades editoriales que me han gustado. Muchas de ellas son argentinas: “Narraciones para cine Tarkovski”, que publicó mi amigo Damián Tabarowsky para Mardulce, una llave de entrada fundamental para la obra de un cineasta ineludible. La traducción de Alan Pauls del necesario “Roland Barthes por Roland Barthes”, que publicó Leonora Djament de Eterna Cadencia. También de Alan Pauls, el libro “Trance” publicado con el sello Ampersand, me pareció alucinante. Mi libro favorito del año pasado: “Diario. Notas, recuerdos y secuencias de cosas vistas”, los luminosos diarios de Raúl Ruiz; y los diarios íntegros de Sylvia Plath, ambos publicados por Ediciones UDP.  

 

RT ¿Escritor/a chileno/a de nuevas generaciones que recomendarías leer?

Mónica Drouilly, autora de un libro de cuentos llamado “Retrovisor”: muy alucinante y tiene un lenguaje oral muy atractivo, mezclando alta cultura y baja cultura, con mucho humor dentro de sus narraciones. Uno que ya no es una novedad pero desde mi lectura un autor crucial: Mike Wilson, narrador que ha publicado la gran editorial Fiordo. María José Ferrada, autora de la memorable novela “Kramp” y de un libro increíble de poesía infantil llamado “Niños”, donde mediante poemas se van narrando las atrocidades de las dictaduras. También a Carlos Araya, autor de una novela llamada “Ejercicios de encuadre” y un libro de cuentos llamado “Historial de navegación”, que publicamos por Alquimia. Es un narrador (y cineasta) increíble que posee un imaginario corrosivo, cercano al de Haneke. Otro que puedo mencionar es Patricio Alvarado, narrador y poeta chileno que publicó un libro llamado “Triage” con nosotros, que obtuvo el premio a la mejor obra inédita y ahora está terminando un libro de poesía que va a publicar editorial Sin Fin, en Barcelona. Solo mencionó a algunos narradores, porque si tuviera que mencionar a poetas tendría que hacer una entrevista de dos horas y media. (Risas).

 

RT ¿Nos podrías adelantar algún futuro proyecto/aventura de tu editorial?

Una novedad que nos tiene muy contentos, es un voluminoso libro que reúne de manera fragmentada y temáticamente, 72 entrevistas a lo largo de 22 años realizadas al destacado cronistas y artista visual Pedro Lemebel. Fue un trabajo monumental que hicimos con Macarena García, editora externa de Alquimia (y también una gran narradora). Es un libro que aborda las reflexiones sobre su obra, la coyuntura política e histórica, sus recuerdos biográficos, su percepción del mundo LGBT, sus beligerancias políticas, sus reflexiones sobre las performance, etcétera. Leer las frases de Lemebel es un lujo, porque era un brillante entrevistado y todas sus opiniones son punzantes y plagadas de certezas agudas. Fue un trabajo de casi tres años, pero nos tiene felices.

“Tenemos la plena certeza que libro de papel nunca va a morir. “

RT ¿Sos consumidor de libros digitales? ¿Qué opinás de jóvenes que por la imposibilidad económica consumen y descargan y piratean todos libros que leen? ¿Este nuevo hábito afecta la configuración del histórico rol del lector ?

No soy consumidor de libros digitales. Soy un bibliófilo nostálgico empedernido por el papel. De niño me obsesionaba la imprenta, los tipos móviles, el libro como objeto. Particularmente porque vengo de una casa donde no había libros, entonces el libro para mí era un vehículo que me permitía construir otra realidad, un objeto que configuró mi identidad por completo. Algunos amigos de infancia recuerdan que solía leer mientras caminaba. Pero bueno, valoro la existencia del libro digital. Y no tengo ningún problema con la piratería o la fotocopia. No creo que afecte a los lectores sino que genera otro tipo de lector. El gran salto de libro digital va a ocurrir cuando desarrolle nuevas interfaces, y potenciar así que la propia escritura literaria genere una nueva estética en simbiosis al formato digital. Espero ese día, pero por ahora prefiero seguir visitando todos los meses a los libreros antiguos. El libro digital no nos complica mucho, creo que coexistirá con el impreso, porque tengo plena certeza que libro de papel nunca va a morir.

 

En la feria del libro tuvimos una charla corta con Guido. Intercambiamos nuestros contactos y nos hicimos de cinco libros de su catálogo. Esta entrevista no fue producto de una cálida charla de frente, pero las distancias, y la escasez de tiempo, abren nuevos caminos para la comunicación. Guido nos contó lo anterior desde alguna cabaña perdida en algún lugar de Chile, se había escapado de las celebraciones patrias de su país, para descansar. La entrevista transcurrió vía audios de whatsapp, pero lo imaginamos haciendo honor a las ensoñaciones del imaginario poético chileno, en algún bosque, desierto o lago, sonriendo por el  fructífero presente que tiene la editorial que encabeza, contemplando el futuro rizomático de Alquimia y planeando el abordaje a nuevas cosmogonías, prosas y poesías del hemisferio. Alquimia es expresión de lo mejor de una época que perdió sus futuros y horizontes; un ejemplo de que en la permanente inestabilidad, se pueden articular contundentes respuestas desde la literatura.

 

Pese a la crisis, se sigue haciendo “un buen trabajo”: Dobra Robota

Editar de forma independiente hoy en Argentina

Es difícil pensar cómo convergen en un mismo imaginario la pampa argentina y la llanura nordeuropea, siquiera intentarlo es riesgoso; ya sea por las distancias espaciales y/o culturales. Pero más audaz aún es hacer de eso un proyecto que trace coordenadas e intente acercar ambos paradigmas y, sumar a ello, la exploración musical desde las letras.

Cuando se piensa en literatura polaca en Argentina, el autor al que generalmente se evoca es Witold Gombrowicz, un escritor vanguardista que vivió 23 años en el país sudamericano, y que dejó como legado una trascendente y potente obra, de herencias incomunicables. Pero Gombro es sólo la hebra de una gigantesca madeja de hilo; el campo literario polaco es vasto y rico en disidencias y alteridades, aunque aún le es bastante ajeno al público no especialista.

Los pasados 10, 11 y 12 de agosto en la Feria de Editores Independientes de Buenos Aires, Revista Tránsitos se dio a la tarea de rastrear editoriales con propuestas novedosas, frescas y atrevidas. La “Mierda” 1 nos atrajo como moscas al stand 107 de la Feria, encontramos en él un irreverente proyecto editorial y un campo de vacancia sumamente amplio: Dobra Robota Editora.

Tras dicho encuentro coordinamos una charla atemporal y vía correo electrónico con Gabriela de Mola, editora de Dobra. Aquí nos cuenta las dificultades, adversidades, gustos y disgustos y el por qué hacer de la edición una forma de organización y resistencia, sobre todo en este particular momento argentino:

¿Por qué decantarse por la traducción y edición de la literatura polaca?

Siempre leímos autores provenientes de literaturas periféricas, autores de Europa del Este sobre todo, no solo eslavos, sino también húngaros, rumanos… Al mismo tiempo, surgió la idea de publicar algún texto inédito de Gombrowicz, pero nos dimos cuenta de que no resultaría muy sencillo comenzar con él, por lo que nos pusimos a investigar a otros autores polacos contemporáneos. Así dimos con Bruno Schulz, amigo de Gombro. Y con Witkiewicz. Los tres, Gombrowicz, Schulz y Witkiewicz forman una especie de tríada en la literatura polaca contemporánea, en tanto rompieron reglas, fueron vanguardistas, únicos, y además, se conocían entre sí. Witkiewicz, por ejemplo, dedicó los últimos años de su vida a promocionar la obra de Schulz. Decidimos publicar el primer tomo de relatos de Schulz con una nueva traducción, ya que las que circulaban en Argentina eran de los años 70 (traducidas del polaco al inglés, y del inglés al español), o la traducción española de Siruela, carísima.

¿Qué sentido tiene el nombre de Dobra Robota, entonces?

Dobra Robota significa “buen trabajo” en polaco. Más allá del significado, la elección tuvo más que ver con que sonaba bien, y era fácilmente pronunciable en español, a diferencia de otras palabras del polaco. Y como comenzamos con una colección de literatura polaca, pusimos el nombre relacionado con eso. Después nos abrimos a otros temas.

¿Cuáles son los mayores logros y/o títulos publicados que les enorgullecen de la editorial? ¿Cuáles recomendarías?

El primer libro: Las tiendas de color canela, porque fue una apuesta y terminó superando nuestras expectativas. También el primer libro de la colección de música: Touching from a Distance, porque desde chica escuché Joy Division, y este es el libro definitivo sobre Ian Curtis y la banda. En términos editoriales, me encanta poder plasmar mis gustos musicales mediante la elección de lo que publico.

Recomiendo: El arte de los ruidos, de Luigi Russolo, porque es la primera vez que se traduce completo al español y por su vigencia: fue un texto escrito entre 1913-1916 y hoy sus postulados siguen vigentes y resultan ultramodernos: Russolo propuso la primera teoría musical que contemplaba los ruidos desde un punto de vista estético, e inventó instrumentos para generarlos. Y también, Incomodar con estilo. El exilio de Gombrowicz en Argentina, de Nicolás Hochman, porque es un ensayo muy lúcido, que desmenuza a un escritor como Gombrowicz, una figura que lentamente se va reconociendo en Argentina. Creo que el hecho de que haya vivido en Argentina durante 24 años genera una cercanía que me hace apreciarlo aún más; además su teoría de la inmadurez, que fue perfectamente aplicable al campo literario argentino en un momento determinado y Gombrowicz lo vio.

¿Nos podrías adelantar algún proyecto futuro de la editorial? ¿Algún nuevo título?

Comenzamos un proyecto de co-edición con otra editorial: Walden Editora. Estamos co-editando una serie inglesa llamada 33 1/3 sobre discos canónicos de música contemporánea. Los libros fueron escritos por distintos editores, periodistas, críticos de música, e indagan sobre el contexto en que esos discos fueron producidos, grabados y lanzados, y el efecto y la influencia que ejercieron. La serie incluye libros sobre discos claves del rock, jazz o de la electrónica. El primero sale en octubre: Selected Ambient Works Volume II de Aphex Twin, escrito por Marc Weidenbaum. Luego, sacaremos The Velvet Underground & Nico, escrito por Joe Harvard. La colección original tiene más de 100 títulos, pero nosotros hacemos una selección basada en nuestros gustos y lo que creemos que puede funcionar, en principio, en Argentina. En cuanto a nuestra colección polaca, estamos negociando los derechos de una autora contemporánea, pero no podemos decir nada todavía porque no está cerrado.

Pasando más al plano personal, ¿cuándo y cómo decidiste dedicarte a ser editora? ¿Alguna selección personal de libros?

Yo estudiaba Letras en la Universidad de Buenos Aires, pero me interesaba trabajar dentro del ámbito editorial, por lo que decidí cambiarme de carrera y pasarme a Edición, en la misma Facultad. Carrera que completé y de la que soy egresada. Después de eso, volví a Letras un tiempo más, pero ya estaba metida con Dobra Robota y la terminé dejando.

De los los libros que leí últimamente:

Mi sangre, de Élise Thiébaut

En casa, de Mona Chollet

Calibán y la bruja, de Silvia Federici

Otros autores de literatura: Ádám Bodor, Jonathan Franzen, Mircea Cartarescu, László Krasznahorkai.

¿Qué escritores de las nuevas generaciones en Argentina o América Latina recomendarías?

Samanta Schweblin, Tomás Downey, Germán Maggiori, Carlos Busqued. Hay una generación más joven aún, pero vengo un poco atrasada en lecturas.

¿Qué opinás sobre los E-books / libros electrónicos?

Son una opción que no termina de instalarse en Argentina. Las ventas totales de libros electrónicos acá son muy bajas. Por ahora, son formatos asociados principalmente con best-sellers o manuales universitarios. En mi caso particular, trato de leer en papel, pero sí nos ha pasado de que nuestra única opción para saber de qué va un libro haya sido leerlo en su versión electrónica. Siempre que se trate de accesibilidad, voy a estar a favor.


“Las editoriales argentinas son muchas y de ellas sale el mejor y más diverso material: los mejores títulos, los mejores temas, las mejores estéticas. Por la cantidad de editoriales y por la calidad de lo que editan, el fenómeno editorial argentino es casi único en el mundo.”


¿Cuál es la situación y perspectiva de los editores independientes en 2018 y en el futuro? ¿Cuáles son los mayores obstáculos?

Como sabrán, Argentina está pasando un momento pésimo en general (económica, social, cultural, ideológicamente, etc.), que obviamente se refleja en el ámbito editorial, ámbito que nunca fue debidamente apoyado, fomentado, escuchado, ni nada. Esto repercute en todas las editoriales argentinas pequeñas y medianas y, básicamente, en todos los actores de la cadena, que indefectiblemente están relacionados. Difícilmente a uno le vaya bien si al otro le va mal. El panorama es desalentador y, cuando se dan estas caídas, se producen retrocesos tan profundos que es muy difícil remontar. El sector queda dañado. La perspectiva es resistir, seguir editando. Las editoriales argentinas son muchas y de ellas sale el mejor y más diverso material: los mejores títulos, los mejores temas, las mejores estéticas. Por la cantidad de editoriales y por la calidad de lo que editan, el fenómeno editorial argentino es casi único en el mundo. Hay mucho potencial, lamentablemente ignorado por los gobiernos que pasan. Los mayores obstáculos son el precio del papel y el de la impresión, costos que están dolarizados; ahora se sumaron retenciones a la exportación para este sector: no es lo mismo aplicar retenciones a un terrateniente sojero que a una editorial argentina. A todo esto se suma la devaluación del peso argentino, que hace que el costo de comprar derechos (en euros o dólares) se vuelva mucho mayor y más inestable. Es difícil planificar porque no sabés cuánto vas a tener que pagar dentro de dos semanas o seis meses.

Para vos, ¿cuáles son los retos y desafíos de la figura del editor?

Aportar a la diversidad temática y, en Argentina, hoy, resistir.

  1. Mierda. Antibiografía, libro escrito por Wojciech Kuczok, editado por Dobra Robota Editora.

MIERDA

Se escupía, escupíamos. Me enseñaron a escupir. Antes de que me escupieran por primera vez, uno de los primeros días de escuela, vi como era eso de hablar escupiendo; dos muchachos de séptimo u octavo grado, en cualquier caso unos gigantes, los mayores, los que nos veían como obstáculos en el camino, los que nos prestaban menor atención que a las palomas, dos de ellos hablaban entres sí escupiendo, hablaban por medio de escupidas, quizás era la última fase de la conversación, que no había logrado terminar en un acuerdo, tal vez esa era la única etapa posible de la conversación, podría ser que esos dos hubieran estado hablando así desde hacía ya mucho tiempo, por medio de escupidas; de todas formas, uno de los primeros retratos, una de las primeras imágenes con las que me recibió la escuela, vieja, de preguerra, prestigiosa (como decía en viejo K., de la que también había sido su alumno), quizás la primera de las imágenes que para siempre me quedó en la memoria, de la que tuve que sacar conclusiones, fue esa conversación silenciosa.

Uno escupía al otro, el segundo escupía al primero, al principio se alternaban, como si intercambiaran sus puntos de vista, y luego, ya con fuerza, al mismo tiempo, en serie, sin esperar que la porción de saliva fluyera desde las glándulas salivales a la lengua, sino escupiendo en el aire, a toda costa, con gotas cada vez más pobres cayendo en la cara; conversando entre sí, escupiéndose mutuamente  en la cara, cosa que era observada con aburrimiento por un grupito de otros grandotes y, cuando ya tenían las bocas secas, se limpiaban las caras con las mangas de los uniformes y se retiraban, cada uno por su lado.

Fragmento de Mierda. Antibiografía / Wojciech Kuczok, Dobra Robota Editora, Buenos Aires, 2018.

CONTACTO:

facebook: Dobra Robota Editora
Instagram: dobraeditora

Editorial: Transfronterización

Dicen por ahí que la verdad es igual a NO todo, premisa que opera como  eje para ejercitar la crítica de eso que estorba, desdibuja y recae directamente en la lógica hegemónica, bien en su estado binario o plural. En esta ocasión exploramos el fenómeno Transfronterizo más allá de sus geografías físicas y los procesos migrantes. Nos intriga el espacio donde convergen y tensan distintas identidades, categorías, luchas, imaginarios, productos, representaciones y lenguajes, los cuales configuran esta nebulosa. Este número reflexiona sobre la identidad a partir de las obras de autores como Witold Gombrowicz, Gloria Anzaldúa, Di Bennedetto, Lemebel; directoras como Lucrecia Martel,  y periodistas como Günter Wallraff. Se cruzan la historiografía, la crítica literaria, la sociología, el aforismo. Se exploran representaciones y cosmovisiones en cuentos inéditos de autores noveles y ya publicados. Se tejen como experiencia sensible el texto, la fotografía, la xilografía y la ilustración digital.  Como la identidad misma, consideramos este número algo no totalizador, siempre cambiante, con las limitaciones inherentes a lo humano. Sabemos que las posibilidades de la transfronterización son infinitas y las aquí planteadas son solo algunas; sin embargo, esperamos aportar al debate, a las posibles respuestas de las interrogantes que surgieron cuando nos planteamos el número: ¿Cómo median y se tensionan los espacios territoriales, simbólicos, teóricos, políticos, culturales y estéticos que configuran lo no definido de las fronteras? ¿Cómo dialogan desde ese lugar? ¿Cuáles son los límites y las potencialidades de dichos espacios?

Revista Tránsitos

Érase una vez en los Balcanes montañosos

                                             Foto: Gisela Guardado @infinitevoyage

Por Boris Andjic      

La región de los Balcanes y países sucesores de la ex Yugoslavia están caracterizados, como en general es el caso de los estados de la Europa oriental, por minorías y grupos étnicos cuya composición no respeta las fronteras políticas. No es solamente el hecho de que estos países tienen poblaciones étnicas mixtas, sino en muchos casos, existen minorías significativas ocasionando que la mayoría de estos estados se encuentren divididos, siendo uno de los reflejos de esta realidad el hecho de que las fronteras usualmente no coinciden con la extensión de una población étnica.

En los Balcanes, una región políticamente compleja y con muchos conflictos, los distintos grupos cruzan las fronteras estatales existentes. Así, se puede referir a los albaneses de Macedonia, albaneses de Montenegro o albaneses de Albania; o a los croatas de Bosnia, croatas de Serbia o croatas de Croacia; serbios de Montenegro, serbios de Bosnia, o serbios de Serbia; bosniacos* de Bosnia, bosniacos de Serbia o bosniacos de Montenegro, etc. Esta realidad genera interesantes “mezclas” y entramados culturales, además de ser, en muchos casos, fuente de conflicto político.

Así, en los procesos de creación de los estados nacionales y en la constitución mitológica de los héroes, podemos observar una lucha de países que atribuyen distintas etnias a un mismo personaje histórico, ya sea un deportista, científico, escritor o pintor. Un famoso ejemplo es el caso de Nikola Tesla, nacido de padres serbios en un pueblo que actualmente forma parte de Croacia. Hasta la actualidad, el famoso científico sigue siendo un tema de puja entre Serbia y Croacia, al discutir su pertenencia. Como en el  ámbito literario los bosniacos y serbios discuten la identidad del difunto escritor musulmán nacido en Bosnia, Meso Selimovic. Según el sociólogo y profesor emérito de nacionalismo y etnicidad, Anthony D. Smith, la etnia se basa justamente en los mitos, creencias, territorio histórico, cultura, etc., mientras que la nación es un concepto dual ya que abarca la relación entre la etnia y el Estado- territorio en donde se encuentran ubicadas las distintas etnias- (Smith, 1986). Ahí tenemos una de las fuentes que nos podría explicar porque los croatas y serbios se pelean sobre Nikola Tesla.

Entonces, ¿Alejandro Magno, es macedonio o griego? El Premio Nobel Ivo Andric, ¿es serbio o bosnio? La pelea de identidades que establece una otredad  fue un factor clave en los países balcánicos. El escritor franco-libanés, Amin Maalouf, en su ensayo “Identidades asesinas” señaló que cuando instigamos a nuestros contemporáneos a “exponer su identidad”, lo cual hacemos muy a menudo, realmente queremos decir que cada individuo debe encontrar, en lo profundo de su alma, esta cruel afiliación esencial – mayoritariamente religiosa o nacional, racial o étnica – y presumirla delante de otros. Quien busca el derecho a una identidad más compleja está marginado. (Maalouf, 1998).

Los temas de la transfronterización étnica entre los pueblos de la ex Yugoslavia son parte fundamental  tanto en la literatura como en la cinematografía contemporáneas. En todos los países sucesores de la Yugoslavia de Tito, las décadas de los 90 y 2000 fueron presentadas en la cinematografía como: época de la “ola negra”. Es el caso de las películas: “Antes de la lluvia”, de Milco Mancevski o “Cabaret Balcanes”, de Goran Paskaljevic. La disolución del estado yugoslavo, -creado a finales de la Primera Guerra Mundial como una idea de la unificación nacional de los pueblos eslavos del sur (a  imagen de la unificación alemana e italiana)-, fue sangrienta y representa con Rumanía, los únicos casos violentos de la caída de comunismos en la Europa Oriental. Así, Yugoslavia significa: Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos, fue su primer nombre, y siempre mantuvo su origen multinacional e interétnico. Con la llegada del comunismo, esta multietnicidad se potenció, con la creación constitucional de “musulmán por nacionalidad” y por primera vez se otorgó legalmente a sus ciudadanos el derecho a la identidad, distinta a la de croatas o serbios (es importante recalcar que ambos consideran que los bosniacos nacieron de serbios o croatas y que aceptaron al islam durante la ocupación otomana).

Una de las películas más emblemáticas sobre este cruce en Bosnia y sobre la guerra civil de los 90 en es “Lepa Sela Lepo Gore” (Los pueblos hermosos arden hermosamente), del director Srdjan Dragojevic. La película trata el tema de una amistad entre un serbio de Bosnia y un bosniaco de Bosnia que crecieron juntos durante los tiempos de la Yugoslavia comunista y que terminaron en bandos opuestos durante el conflicto. Crecidos en el mismo pueblo, se encuentran en una tormenta de violencia que dibujó, de nuevo aquellas fronteras. La identidad étnica es entendida según Donald Horowtiz, profesor y especialista de los estudios de conflictos étnicos,  como los miembros de un grupo que se caracterizan por su raza, casta, lenguaje o religión. En el filme, vemos dos amigos de distintas religiones, uno serbio cristiano ortodoxo y otro bosniaco musulmán. La película está plagada de otros tópicos como la venta ilegal de alimentos, robos en casas abandonadas, incompetencia de los cascos azules de la ONU, masacres entre los grupos étnicos que hasta hace poco tiempo convivían juntos.

Estas dos últimas problemáticas en los hechos reales se observan explícitamente en un caso tan emblemático de la guerra civil en Yugoslavia, como es el del pueblo de Srebrenica. Aquella urbe, habitada en su mayoría por bosniacos, fue protegida por los cascos azules holandeses, durante el conflicto. Pero en 1995, las tropas de serbios de Bosnia entraron en el pueblo, y los cascos azules decidieron rendirse dejándolos desprotegidos. Se estima que más de 8000 bosniacos fueron asesinados. La incompetencia de las tropas de “paz” se mostró en otros casos también que, iban desde tráfico de armas, hasta violaciones de mujeres en los campos de refugiados. La película es una obra sobre la guerra, llena de humor negro, muy característico en el cine yugoslavo. Tal es el caso que en una de las escenas donde una periodista es asediada junto con las tropas serbias por el ejército bosniaco, uno de los soldados de las tropas del bando musulmán le dice que a ella también la van a degollar. La reportera quería saber lo que estaban diciendo y uno de los soldados serbios que sabía inglés mencionó: “Dicen que te pareces a Sharon Tate” aludiendo al terrible caso de la familia Polanski, asesinada por un seguidor de Charles Manson.

Con los viajes en el tiempo, desde la juventud de los personajes principales hasta las épocas de la guerra civil, el director nos muestra toda la crueldad de la guerra y las líneas étnicas que traspasaron las fronteras de los estados actuales y de los mismos estados federales durante la Yugoslavia Socialista (excepto Eslovenia que es uno de los pocos países étnicamente “homogéneo”). El autor nos señala cómo se crearon fronteras donde antes no las había, o existían líneas traspasables.

Durante la guerra de Bosnia, que dejó más de 100.000 muertos y muchísimos desplazados y refugiados, volviendo a la película, los dos amigos se confrontan directamente, después de los asesinatos de sus madres, llevado a cabo por las tropas opuestas. Mientras tanto, las referencias al pasado muestran una convivencia pacífica cuyas dimensiones identitarias aparentemente no importaban (era una época de tolerancia más que de verdadera integración), los acontecimientos del presente dejan una imagen totalmente opuesta; como es la escena en la que tropas de serbios en Bosnia quedan atrapadas en un túnel no terminado, rodeadas por el ejército de bosniacos; ese mismo túnel es el lugar en donde los dos amigos: Milan y Halil- el director usa nombres típicos de cada etnia, siendo Milan nombre común serbio y Halil bosniaco musulmán- jugaban juntos mientras crecían. La película hace un gran trabajo representando situaciones muy complejas que la región vivió, poniendo en escena la difícil y hasta inimaginable situación entre dos comandantes de batallones opuestos que habían sido amigos.

La misma temática se observa en el libro “Top je bio vreo” (El cañón fue caliente) del escritor serbio Vladimir Kecmanovic. La trama de su obra está centrada en Sarajevo (capital de Bosnia y Herzegovina) durante el asedio de las tropas de los serbios de Bosnia, en los 90, con disparos de francotiradores y cañones. En los departamentos de un edificio donde se encuentran desde siempre, distintos grupos étnico-religiosos: viven bosniacos musulmanes, que el autor representa con típicos nombres, como es Hasan o Kenan, croatas de Bosnia, Joza y serbios de Bosnia, Nikola, Mialn, etc.

El personaje principal es un niño serbio de 5 o 6 años cuyos padres mueren a causa de un misil disparado por las mismas tropas serbias. En principio, una familia de los bosniacos se ocupa del niño, que fue expulsado de su departamento semi destruido por las tropas bosniacas. Vemos como transcurren los años y con ello, una transformación en los personajes. La vecina que se ocupaba del niño, deja de hacerlo cuando su hijo muere disparado por un francotirador serbio, la familia croata se convierte en enemiga cuando las tropas de aquella etnia entran en la guerra contra los bosniacos, y los serbios. El libro indica también la metamorfosis del personaje principal que, tras la muerte de sus padres se vuelve mudo. El niño aun siendo serbio (o chetnik), tenía un amigo bosniaco cuyo hermano peleaba en el bando musulmán. Lo absurdo de la situación es que este “amigo”, Amer, con su hermano y varios guerreros musulmanes siempre dialogaban sobre las distintas formas en las que iban a matar a los chetnik, en presencia del personaje principal, que justamente era serbio. La transformación del niño, que inicia con la muerte de sus padres, continúa con el asesinato de Kenan, el hijo de la vecina que lo cuidaba, hasta el asesinato de Nikola y Milan, serbios del edificio del que no podían escapar en Sarajevo y la violación de la esposa de Nikola. Es en ese momento cuando el niño escapa de la capital bosnia y se encuentra con tropas serbias. Su transformación es definitiva, el personaje vuelve a hablar y expresa el deseo de disparar los cañones que estaban apuntando a la ciudad; cuando finalmente sube a la colina, los soldados serbios le entregan el rifle. Ahí La metamorfosis concluye.  

“Abajo estaba la ciudad. En la cual las paredes tenían los ojos. En la cual la muerte llega por la ventana, a través de la pared y por la puerta. Y también ahí estaba la tumba de mis padres. Y la tumba de Kenan. Me acerqué y toqué el tubo del cañón. El aire fue frío, el cañón fue caliente. Disparé”.

El libro de Kecmanovic nos muestra diferentes grupos viviendo en un mismo edificio y la manera en que la composición de pueblos y territorios en esta región nunca respetó las fronteras políticas. Los nacionalismos son considerados negativos, pero a lo mejor habría que replantearlos, pues de cierta forma operan como un mecanismo de protección simbólica, es decir, actúan como dispositivo de resistencia contra la cultura masiva- globalizante; representan una lucha contra-hegemónica. Sin embargo, cuando se los concibe erróneamente para fines políticos y perversos, pueden resultar fatales, ya que se refugian en la negación del “otro” y sus costumbres, también  devienen en discursos de opresión y menosprecio. Lo que deja consecuencias  fatales a largo plazo, no hace falta hacer mención a eventos que siguieron ésta línea.

En el caso de la guerra yugoslava, se puede observar este comportamiento fatal en el hecho de que tanto para serbios como para croatas, los bosniacos son croatas y/o serbios que “traicionaron” la religión cristiana al profesar la fe musulmana. Los nacionalismos balcánicos obligaron a los individuos a elegir lo que son, y durante el conflicto la presión de decidir su identidad se potenció.  En el libro, el niño de sangre serbia, no pudo optar por ser neutral o pasarse a otro bando. Él no tuvo la elección en sus manos. Su transformación en el libro se debe justo a esa imposibilidad de elegir. Más allá de que podría tener amigos entre otras etnias, durante la guerra su orientación nacional jugó el rol predominante. Si uno mismo no puede elegir, otros del entorno elegirán por ti. Y así, el niño serbio, terminó disparando a la ciudad donde creció. Los nacionalismos extremos son irracionales, puramente sentimentalistas y operan con la siguiente premisa: estás a favor nuestro o estás en nuestra contra. Para los ultranacionalismos no existe un punto intermedio, para ellos el matrimonio/unión entre diferentes culturas, es inaceptable.

En ambas obras, se muestran los pasados de distintas nacionalidades en Bosnia y su marcada identidad impuesta, por medio de nombres y apellidos o por voluntad propia. Estos factores influyeron al momento de crear nuevas fronteras, en un contexto donde la etnicidad pasaba todos los límites estatales. En “Los pueblos hermosos arden hermosamente” y en “El cañón fue caliente” el tema trascendental es la multietnicidad, distintos grupos  que viven juntos en un mismo pueblo, e inclusive, hasta en un mismo edificio.

Las creaciones de los países independientes que formaban parte de la ex Yugoslavia quedaron muy marcadas por las guerras de los noventas. Ambas obras señalan el absurdo de la guerra y la búsqueda por potenciar fronteras históricas. La transfronterización está presente en las dos obras, con territorios, pueblos y ciudades, cuyos grupos involucrados en la guerra buscan separarse de los “otros” que antes configuraba un:  “nosotros”. Señalan también las distintas mezclas poblacionales y la artificialidad de las fronteras políticas que no fueron respetadas; además aparecen términos denigrantes usados para distinguirse los unos de los otros. Así se hace mención a  los chetnik para serbios, ustashas para croatas y balias para bosniacos. Siendo un reflejo de esto el libro de Kecmanovic: “Mirsad y Zlaja cada vez más empiezan a hablar como a los ustasha, hay que joderlos. Ellos van matando y degollando a los nuestros, y nosotros, acá, les cuidamos sus culos. Hasta los chetnik empezaron a jodernos. Pregunta: ¿Qué les pasa? ¿Todavía nadie les avisa que con los ustasha no pelean bajo la misma bandera?”

En los Balcanes, el origen étnico y las identidades siguen siendo trascendentales. Al presente se están creando obras para potenciar el nacionalismo de cada país y su mitología, mostrando que cada pueblo tiene “el derecho divino” de un territorio más amplio. A la vez, se crean obras para demostrar que cierto personaje histórico o famoso pertenece a una u otra identidad. Hay trabajos que demuestran que Nikola Tesla es croata y otros señalan que es serbio; hoy en día Bosnia y Herzegovina es el símbolo de mezcla étnica yugoslava, después de las guerras y “limpiezas”, tiene límites identitarios muy fuertes dentro del mismo país. El ejemplo perfecto es la ciudad Mostar, cuyo símbolo, paradójicamente, es un puente, que más que unir, separa dos lados. Esta ciudad tiene una escuela particular, donde los niños asisten a clases por separado: bosniacos y croatas de Bosnia. Mantiene dos puertas separadas, por la una entran los estudiantes croatas y por la otra los bosniacos, para no cruzarse bajo ninguna circunstancia.

Las composiciones étnicas siguen sin respetar las fronteras políticas en la región, aún después de todos los conflictos, las fronteras están vigentes. Resumir la complejidad es obsceno, pero acercarnos a ello es posible, como la poeta serbia Desanka Maksimovic escribe:  “érase una vez en los Balcanes montañosos…”**

 

*) Bosniaco es un grupo étnico de origen eslavo. Mayormente los bosniacos son musulmanes. Bosnio/a no es una nacionalidad o identidad nacional, sino se refiere a la persona de cualquier nacionalidad que nació o vive en Bosnia y Herzegovina.  

**) Texto del poema en: sites.google.com/site/projectgoethe/Home/desanka-maksimovic/krvava-bajka

 

Bibliografía:

Chandra, K. (2006). What is Ethnic Identity and Does it Matter? Annual Reviews Vol. 9, 397-424.

Horowitz, D. L. (1985). Ethnic groups in conflict. Los Angeles: University of California Press.

Smith, A. D. (1986). The Ethnic Origins of Nations. Oxfrod: Blackwell Publisching.

Amin Maalouf (1998) Les Identités meurtrières, Paris: Grasset

 

Sobre el autor:

Belgrado,Serbia. 1989. Desde hace 11 años disfrutando la vida porteña. Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de San Andrés.

Alegato en el Juicio de Sarajevo *1

                                             Foto: Kevin Andrade  @ph_.98

Por: Roberto Ramírez Paredes

Si creo en Dios me preguntan. ¿Es eso relevante en este juicio? ¿Acaso no sabemos que el veredicto está sellado, de antemano, con mi muerte? Sería mejor echar abajo esta charada y arrojarme al lodo del patio trasero y fusilarme ahora mismo. ¿Creo en Dios? No dejo de hacerme esta pregunta desde el 28 de junio de 1914. Si mi respuesta es afirmativa, entonces Dios está de nuestro lado y fue él quien fraguó toda esta guerra y muerte. Si la respuesta es negativa, entonces solo el azar, ese misterioso soldado que no se sabe de qué lado batalla, es el único gestor de que el destino haya tomado forma de sangre y balas. ¿Y yo dónde quedo? Yo soy solo un emisario, un nacionalista yugoslavo que cree en la unificación con Bosnia y la separación, de una vez por todas, del Imperio austrohúngaro, imperio mil veces maldito, imperio al que no temo maldecir frente a usted, Su Señoría. Si yo no fuera solo un emisario del destino, los alemanes habrían encontrado otro pretexto: mi bala, mi azarosa bala fue el detonante de la guerra que ahora destroza a Europa. Yo soy solo un pretexto y me siento bien interpretando el papel.

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1 Declaración textual de Gavrilo Princip como alegato de defensa, en el marco del juicio de asesinato del Archiduque del Imperio Austrohúngaro, Francisco Fernando, el penúltimo día del llamado Juicio de Sarajevo, el 27 de octubre de 1914. Las palabras en cursiva –subrayadas en el original– enfatizan el discurso de Princip cuando quería recalcar lo obvio o cuando quería expresar ironía, según sea el caso. El acusado fue sentenciado a 20 años de cárcel: sorteó la horca porque había cometido el crimen cuando tenía 19 años (según la ley, la pena de muerte era viable si el acusado tenía 20 años cumplidos al momento de cometer el delito). Finalmente, murió el 28 de abril de 1918 siendo testigo, desde prisión, de la guerra que desató su asesinato. Aunque no consta en el informe oficial, los presentes en el tribunal afirmaron que Princip, tras preguntársele si creía en Dios, inició su alegato en los siguientes términos: Ustedes ya saben mi historia, es igual a la de cualquier serbio. Ustedes tienen mi historia redactada en sus informes, con mi firma para avalar su autenticidad, pero si quieren continuar con esta farsa según los detalles que les voy a referir, pues que así sea.

 

Soy un pretexto. También soy hijo de campesinos y sé lo que pasa en los pueblos. Sé de maltrato y humillaciones, sé de hambre y prejuicios. Sé de campesinos explotados y carteros amenazados de muerte, golpeados por unos cuantos billetes. Sé de mujeres que deben lavar ropa hasta altas horas de la noche, incluso en los días de invierno, para conseguir alimento. Sé de oficiales del imperio que violan a las mujeres de los obreros mientras estos beben en las tabernas para olvidar lo que sucede en sus camas. Sé mucho de resignarse y callar porque esta es la filosofía del yugoslavo bajo la ira del Imperio. Sé de venganzas de obreros, pero también sé de las torturas de la policía una vez que el obrero tiene la ropa manchada de sangre. Por esto tomé venganza y no me arrepiento de nada. Mis manos tienen tanta sangre como las de cualquier otro europeo, como sus manos, señores del jurado, como las suyas, Su Señoría, tanta como la de cualquier soldado ahora, rezando desde su trinchera, mientras bombas le rozan la cabeza. Lo que me diferencia de ustedes y me convierte en un faro en esta larga noche europea es que yo soy un yugoslavo, modestamente el peor de todos, que clama por la unificación de todos los eslavos del sur sin importar bajo qué clase de gobierno, pero debe ser fuera de la tiranía de Austria. Y no solo soy eso: también soy las venas y las arterias de Sarajevo, soy acción, soy venganza y soy azar, el camino del futuro, soy la cara de la nueva y unificada Yugoslavia. Es una certeza tan real como la tuberculosis que será mi parca, si antes no me atraviesan sus balas.

¡¿Qué es lo que pretendía con su visita el archiduque Francisco Fernando?! ¡¿Acaso creía que pasear por las calles de Sarajevo reforzaría la lealtad de los súbitos dudosos y apagaría el odio nacionalista de los serbios de Bosnia?! ¡¿Acaso no se enteró de que Mano Negra intentó asesinar a su tío, el Emperador Francisco José, en estas mismas calles hace 13 años?! ¡Iluso! ¡Ingenuo como solo un heredero del trono puede serlo! ¡Iluso como ustedes, los presentes en este tribunal, incapaces de ver el futuro! Su muerte sería la primera de una serie de correcciones en Yugoslavia y yo estaba llamado a ser el rectificador. Con esta idea en mente me levanté a las seis de la mañana, casi no dormí por pensar en la agenda planeada para el domingo. Me afeité, me lavé. Comí dos bollos de pan y un poco de agua… ¿Que vaya al grano, me piden? ¿Les parece irrelevante mi desayuno? Si hubieran crecido junto a mí sabrían que esos dos bollos de pan y el agua son un festín. Da igual. Para las ocho ya estaba reunido con las nuevas promesas de Joven Bosnia o la Pequeña Mano Negra, como solíamos referirnos con cariño a nuestro movimiento. Ahí estábamos Muhamed Mehmedbasic, Danilo Ilic, Trifun Grabez, Nedeljko Cabrinovic, Cvijetko Popovic, Vaso Cubrilovic… seis de nuestros mejores soldados que ustedes ya han tenido el gusto de conocer a través de incontables palizas… ¿Soplón? ¡Soplón es lo que acaba de susurrar, no es necesario que se esconda y esconda lo que piensa de mí, puede hacerlo frente a todos! Mis colegas jamás creerían que soy un soplón: ellos están tan orgullosos como yo de matar a ese perro y a su esposa preñada. Ninguno de ellos se esconde y cada uno ha confesado su participación. Nosotros no nos escudamos en el compañero de al lado para revelar lo que pensamos 2. Nosotros somos lo que ustedes rechazan. Sé que usted, señor soplón, se ocultaría bajo la falda de su madre si se le acusara de matar a la rata que le ha molestado todas las noches en la intimidad de su hogar, sé que no sería capaz de admitirlo. Y no me importa, de hecho, me enorgullece porque eso es lo que nos diferencia de ustedes, verdugos del jurado, que obran en virtud de una justicia que no comprenden. Como quieran. Después de todo, ustedes son los que demandan mi versión… Estábamos los siete repasando el plan, señalando en el mapa los puntos donde nos colocaríamos, intercambiando bromas. Algunos estaban nerviosos, otros desconcertados, pero en el fondo todos estábamos seguros: una vez cometido el crimen seríamos carne de la justicia y si no, seríamos carne de la tuberculosis. ¿Entienden? A diferencia de ustedes, nosotros no teníamos nada que perder y mucho por ganar.

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2 La afirmación de Gavrilo Princip no es del todo cierta. Durante los interrogatorios Veljko Cubrilovic, integrante de Mano Negra que ayudó a transportar las armas, intentó deslindarse de su participación en el asesinato, alegando que la organización lo había amenazado con asesinar a su familia si no colaboraba. Cubrilovic no avisó a las autoridades porque estaba más temeroso del terror que de la ley. La corte no creyó en sus palabras y fue colgado el 15 de febrero de 1915.

 

A las diez menos cuarto, los seis estábamos apostados en Appel Quay 3, separados por decenas de metros, apelmazados entre la gente curiosa que deseaba ver al Archiduque. Cada uno de nosotros contaba con un arma, pistola o bomba, y su respectiva cápsula de cianuro. Sé que entre aquella muestra de felicidad, muchos serbios deseaban la muerte de aquel perro. El sentimiento, como ven, era único. Nosotros solo fuimos los catalizadores del sentir común. Cada uno de nosotros tenía la misión de asesinarlo pero, si por alguna razón, uno fallaba el siguiente tenía el deber de enaltecer el alma de Serbia. La caravana de seis vehículos ya estaba casi en nuestros ojos. Sabíamos en cuál se movilizaba el Archiduque, conocíamos su rostro y la ruta gracias a los periódicos, conocíamos su férula porque crecimos en el campo separados de nuestros hermanos bosnios. El primero en tener su oportunidad de gloria fue Muhamed Mehmedbasic, parado afuera del banco Austrohúngaro. Como ya saben ustedes, por los informes extraídos mediante palizas, Mehmedbasic dejó pasar la oportunidad porque temió que el guardia que estaba cerca lo pusiera fuera de acción antes de accionar la bomba. Lo mismo sucedió, metros después, con Vaso Cubrilovic: tampoco se decidió a actuar. Así el Archiduque, ingenuo, siguió su camino. A las diez y cuarto el vehículo pasó frente a la estación de policía, donde lo esperaba la bomba de Nedeljo Cabrinovic. Él no dudó pero su ejecución fue torpe.

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3 Los seis conspiradores presentes en el desfile fueron: Gavrilo Princip, Trifun Grabez, Vaso Cubrilovic, Muhamed Mehmedbasic, Cvijetko Popovic y Nedeljko Cabrinovic. Danilo Ilic, a quien Princip mencionara líneas atrás, fue quien distribuyó a los hombres en la calle, mas no estuvo ahí.

 

Chasqueó la bomba en la acera y la lanzó cuando el vehículo del Archiduque pasaba frente a él. Olvidó sostenerla diez segundos y entonces lanzarla. Este tiempo fue suficiente para que el conductor se alertara del peligro y acelerara el motor. Así escapó nuestra esperanza de anunciar, con un magnífico estallido, la próxima reunificación de Yugoslavia. Sin embargo, y como ustedes ya saben, la bomba estalló bajo las ruedas del cuarto vehículo de la caravana y dos inocentes casi mueren. Esto me enteré después: Cabrinovic tragó la pastilla de cianuro y saltó al río Mijack, solo para descubrir que sus aguas secas apenas le superaban los tobillos y que el cianuro estaba caducado. Entre vómitos y las piernas casi rotas, fue apresado.

Así es como, perros del jurado, vimos nuestro fracaso justo cuando nuestra sangre celebra el día que Bosnia era parte de Serbia. Humillados y furiosos, nos reunimos en el lugar pactado: un parque a pocos metros del sitio donde estalló la bomba. Confundidos y preocupados, ellos hablaron de huir lo antes posible. Yo apenas los oía. Mi atención estaba más allá, se confundía entre la gente y pedía auxilio a gritos. Pedía la rectificación de nuestra falla. ¿Habíamos obrado sin mayor preparación? Tal vez. No buscaba culpables, pues todos lo éramos. No me habría importado si me apresaban en ese instante. Desconcertado, abandoné a mis colegas sin rumbo fijo más que el dictado por el hambre.

Y es aquí donde, querido jurado, vuelvo a su pregunta: ¿Cree en Dios, señor Princip? Si no creyera, cómo explicar los azarosos hechos que sucedieron a continuación. ¿No sería inocente descartar que Dios me guió esa mañana cuando todo ya estaba perdido? Si es así, ¿acaso es posible afirmar que Dios trabaja de nuestro lado y protege a los yugoslavos? Si los alemanes tomaron mi bala como pretexto para iniciar la guerra, ¿cómo no creer que esta es su voluntad divina? Más inverosímil aún: ¿Dios protege esta guerra o solo fue una increíble e inverosímil cachetada del azar la que operó esa mañana, conmigo en el papel principal? Señores del jurado: escojan su bando porque, por un lado, tienen la ira de Dios y por el otro, la indiferencia del azar, que es igual de cruel.

El hambre me guió hasta la charcutería Schiller, cerca de la calle Francisco José, para comer un bocadillo. Lo devoré en la acera, parado frente al negocio, absorto y maldiciéndome. Mientras dilucidaba qué hacer, vi un descapotable que aparecía en la esquina y se dirigía a mí. Era el descapotable donde transportaban a Francisco Fernando durante la caravana. Agucé la vista y confirmé sus ocupantes. El vehículo se detuvo frente a mí y pude ver cómo el chofer intentaba retomar el camino en reversa, pero el motor se había trabado. ¡Tiene que ser una broma! ¡Tiene que ser una broma! Me repetía mientras contemplaba al Archiduque y a su esposa frente a mis ojos, acomodados en el asiento trasero. Me tomó pocos segundos reaccionar y darme cuenta de mi situación: el miserable que minutos antes se me había escapado a toda velocidad ahora se detenía frente a mí como diciéndome con soberbia: ¿Me querías? Aquí estoy, dispárame. Es normal que haya dudado en ese momento porque ¿qué habrían pensado cada uno de ustedes en mi situación? Este sentimiento se exacerbó meses después cuando me enteré de que el Archiduque había decidido acortar el protocolo en el ayuntamiento para ir al hospital y visitar a los dos heridos por la bomba de Cabrinovic. Es más, en mi celda me devané los sesos buscando una respuesta a lo más extraordinario del asunto: el chofer del descapotable confundió las calles mientras conducía al hospital y cuando quiso rectificar su camino, ya estaba plantado frente a mí con el motor atorado, ya sea por cuestión de Dios o del azar. Es normal que haya dudado y que ustedes me pregunten si creo en Dios. En ese segundo no pude analizarlo detenidamente, pero sí actué como un enviado de Dios: desenfundé mi arma y disparé dos veces. Para cuando los policías me redujeron a golpes y la turba pugnaba por mi cabeza, Francisco Fernando y su esposa estaban muertos. ¿Cuánto duró? Menos de tres segundos, diría yo. Tres segundos en los que aquella broma cósmica pudo sentirse en toda su profundidad.

Ahora ustedes exclaman y cuchichean en voz baja, como si no pudiera oír sus pensamientos. ¿Cómo puede tener tan fría la sangre para haber matado al Archiduque? Eso es lo que piensan porque ustedes no ven el punto principal, se les escapa como la misma justicia: el Archiduque estaba predestinado a morir ese día bajo una bala mía. Siento pena y lástima por ustedes que solo ven un crimen donde no hay nada más que justicia divina en el más grande y complejo de los significados que puede abarcar el concepto. No lo lamento, yo solo despejé al mal del camino. Mucho menos siento pena por el hijo que Sophie llevaba en sus entrañas: de seguro hubiera crecido y se habría convertido en otro Francisco José.

Ahora, si pueden ver el dilema que este evento encierra y que desencadenó en la guerra que está asolando a Europa, allá afuera de este tribunal, déjenme descansar en paz o dispárenme de una buena vez. No hay necesidad de llevarme a otra prisión. Mi vida se acaba. Señores del jurado, clávenme en una cruz y quémenme vivo. Mi cuerpo en llamas será la antorcha que guíe a mi pueblo por el camino de la libertad.

 

 

Sobre el autor: 

Roberto Ramírez Paredes (Quito, 1982). Su obra No somos tu clase de gente se adjudicó el Premio Nacional Aurelio Espinosa Pólit de Novela 2017 (https://goo.gl/VGCp7w y https://goo.gl/4VyVVk). Su libro de cuentosFábrica de maleante y otras vidas imaginarias obtuvo una mención de honor en el XX Concurso Nacional de Literatura 2018 “Luis Félix López”, de la CCE-Núcleo Guayas. La ruta de las imprentas, su ópera prima, fue finalista del Premio Latinoamericano a Primera Novela Sergio Galindo y se publicó en 2015 en la Universidad Veracruzana de México (https://goo.gl/8YxFbK y https://goo.gl/RsDuU5). En el mismo año, su cuento “Visca el Barshe” apareció en la revista Nagari de Miami (https://goo.gl/7t7nPx); en 2014 dos cuentos suyos formaron parte de la antología Los que verán: nuevos cuentistas ecuatorianos, de Alejandría Editorial.

Ha escrito estudios introductorios para obras de Flaubert y Dante, ha ganado concursos de cuento, ha escrito para El Comercio y Hoy. Estudió el Máster de Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra —donde recibió cátedra de reconocidos talentos como Enrique Vila-Matas, Javier Cercas, Jorge Carrión, Javier Masoliver Ródenas, Rafael Argullol, entre otros— y actualmente cursa el Doctorado de Filología de la Universidad de Barcelona, donde estudia las representaciones de identidad latinoamericana en la prosa de Herman Melville.

 

 

No somos tu clase de gente

 

Por: René Patricio Carrasco Mora

Gardenia somos nosotros, tú o cualquier ecuatoriano que carece total o parcialmente de conciencia de clase, visto de otra manera, quienes aún creemos que las obligaciones de estudio, vivienda, ropa de marca -en lo posible-, farras y viajes, son obligaciones excluyentes de nuestros padres, al menos, hasta que terminemos la carrera universitaria o sucedan eventos pasionales desafortunados. En No somos tu clase de gente una de las protagonistas representa ese “nosotros” que constantemente se ve afectado, cuestionado y ofendido por sucesos que antes no tenía presentes en su estado de resguardo y confort. Resulta impactante observar cómo de a poco logra desnaturalizar su pertenencia a aquellas prácticas, costumbres e imaginarios para intentar ser parte -parcialmente- de un espacio nuevo, desconocido. Gardenita se embarca en una travesía hacia la otredad, quizá un sector que consideraba más vulnerado, pero que la termina interpelando, al punto de sentir patetismo por su vida anterior.

La ambientación  pareciera tener lugar en Quito, en un escenario llamado: La calle de las Mascotas. Donde conviven seres de la “mitología capitalista” buscando promocionar puestitos de comida, vestimenta y hasta una botica/bazar. Hay una excursión a la costa (que parece un guiño al filme Y Tú Mamá También del mexicano Alfonso Cuarón), las típicas borracheras a la ecuatoriana, puñetes y una revolución en marcha. Está el escritor, los militantes radicales, el líder popular con tintes anarquistas, su perro y Gardenita. Besos, desilusiones, viajes, sexo, tristezas y alegrías.  

Don Tomás (1) construye un entramado de sucesos narrado a tres voces, cuatro, con la de Cambó, que representan tipologías ecuatorianas divertidas, interesantes, y en ocasiones, un tanto exageradas. Se entrevé en su escritura la influencia del gótico inglés, detalles minuciosos, el desarrollo de los hechos, el héroe y antihéroe, la lucha de clases, la ilusión amorosa, el triunfo del maniqueo esencializante, “lo que está bien contra lo que está mal”, entre otros aspectos. Sin embargo, no nos atrevemos a situarla en un solo género; Ramírez Paredes cambia los recursos literarios constantemente, juega con las voces, deja huellas del Llentelman más radical de forma indirecta, casi como si pertenecieran a otro texto. Hace un movimiento interesante con Cambó -el perro del Llentelman- quien a pesar de hacerse presente en tercera persona, logra definir su autonomía y convertirse en un narrador más. De distinta forma, pero también presente en Rulfo, no podemos imaginar El Llano en llamas o Pedro Páramo sin la presencia de los perros. La novela de Roberto perdería sentido sin Cambó. De todas formas, hallamos una lejanía disonante y un rompimiento abrupto con la realidad novelada, con la referencia a Johnny Cash y el “himno” (canción en italiano) del Llentelman, hubiéramos preferido una selección de canciones de algún insurrecto latinoamericano fuera del alcance del cliché cabralesco o víctorjaresco o algo más empático con la generación hija de la sociedad posindustrial. Nunca está demás revisitar minuciosamente y hacer  una mención en concordancia con los consumos culturales de nuestra región.

“ (…) me puse nervioso, me pasa cuando soy el centro de atención, también cuando voy a salir de una librería con detectores de robo marca Thulup-Selohssa, sin importar que no haya robado nada. Simplemente me pongo nervioso. Mi inconsciente me dice que soy un ladrón.”

Roberto pareciera encarnarse, aunque no completamente, en Guillermo. Deja entrever pantallazos de su propia vida: el viaje que hace a México por la publicación de su novela, la agilidad y belleza con que describe emociones y pensamientos, los gustos literarios (Stevenson, Wells, Lérmontov) e incluso la aparición de Cambó bajo la tutela del Llentelman, que bien podría ser su perro Cafú. Esto último puede ser un dato intrascendente, o no, lo dejamos a criterio de cada lector que esté dispuesto a disfrutar y armar sus propias conjeturas. Eso sí, es una novela que echa luz al opaco mito de que en Ecuador no se hace literatura con grandes ambiciones. Hoy se escribe y se lee bien. La nueva narrativa ecuatoriana está a nuestro alcance y crea sus propias expectativas, clama su espacio en las literaturas de la región.

 

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Roberto Ramírez Paredes (Quito, 1982). La ruta de las imprentas, su ópera prima, fue finalista del Premio Latinoamericano a Primera Novela Sergio Galindo y se publicó en 2015 en la Universidad Veracruzana de México. En el mismo año, su cuento “Visca el Barshe” apareció en la revista Nagari de Miami; en 2014 dos cuentos suyos formaron parte de la antología Los que verán: nuevos cuentistas ecuatorianos, de Alejandría Editorial. Ha ganado dos concursos de cuento. Estudió Comunicación y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, es Máster de Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra y actualmente cursa el Doctorado de Filología de la Universidad de Barcelona.

 

 

Notas al pie:

1 Seudónimo de su novela “La ruta de las imprentas.” México: Universidad Veracruzana, 2012.  

Bibliografia:

Ramírez, Roberto. “No somos tu clase de gente.” Ecuador: Centro de publicaciones PUCE, 2018.

 

 

CONVOCATORIA ABIERTA: TRANSFRONTERIZACIÓN

 

SEGUNDO NÚMERO DE LA REVISTA TRÁNSITOS.

 

TEMA: TRANSFRONTERIZACIÓN

 

Decían por ahí que la verdad es igual a NO todo, premisa que opera como  eje para ejercitar la crítica de eso que estorba, desdibuja y recae directamente en la lógica hegemónica, bien en su estado binario o plural. Para este segundo número de la revista, nos desbordan las siguientes interrogantes: ¿Cómo median y se tensionan los espacios territoriales, simbólicos, teóricos, políticos, culturales y estéticos que configuran lo no definido de las fronteras? ¿Cómo dialogan desde ese lugar? ¿Cuáles son los límites y las potencialidades de dichos espacios?

 

En esta ocasión  proponemos pensar y explorar el fenómeno Transfronterizo más allá de sus geografías físicas y los procesos migrantes. Nos intriga el espacio donde convergen y  tensan distintas identidades, categorías, luchas, imaginarios, productos, representaciones y lenguajes, los cuales configuran esta nebulosa. ¿Es sólo ahí donde se convive y se crea más allá del canon? Por ello, en Tránsitos convocamos a la tarea de establecer contacto, no necesariamente porque sean olvidados ni marginales, sino más bien invisibilizados por la polarización del interés. Por eso abrimos la convocatoria a participar en este segundo dossier: Transfronterización, siendo esas identidades en tensión y  conflicto, el eje temático de los trabajos para éste número.  

Cuéntanos tu propuesta y transita con nosotros a través de un ensayo, video-ensayo , cuento, poesía, reseña, crónica, ilustración y fotografía; porque la no verdad es conspirar…

 

LINEAMIENTOS Y CARACTERÍSTICAS DEL TEXTO/VIDEO/FOTO/ILUSTRACIÓN:

 

Estamos abordando la “Transfronterización” en cualquier nivel-contexto-debate, con posible fecha de publicación en la segunda semana de agosto. Nos gusta concebir el pensamiento no como algo abstracto y frío, sino algo que tiene cuerpo y que causa emoción.

 

CATEGORÍAS

Ficción

 

-Cuentos

-Poemas

-Capítulos de novela

No Ficción:

 

-Ensayo

 

El objeto con el que se teja el ensayo puede ser: novela, cuento, poesía, filme, pintura, fotografía o canción. El autor tiene la libertad de tratarlo acorde a su estilo y experiencia. Sin embargo, como lineamiento general y clásico, es necesario una triangulación entre: temática , objeto y “crítica”. Evitando que el diálogo vuelque su atención sobre solo una de las tres esferas. Huimos en cierta medida de los códigos y categorías de la escritura académica, pero tampoco queremos descuidar la necesidad, si el ensayo la requiere, de rescatar implícita o explícitamente una corriente teórica (cita textual, paráfrasis). Si se decide no seguir estas indicaciones, no tenemos ningún problema, la intención es que cada autor deconstruya la temática a su modo. Sin duda, acompañaremos este proceso de inicio a fin, a manera de “control de cambios-edición” y cualquier duda – sugerencia que surja, será bienvenida. La extensión puede variar entre 5000-8000 caracteres, no es excluyente.

 

-Crónica

 

Celebramos y valoramos la producción de trabajos de calidad que combinan las herramientas del periodismo y la literatura. Crónicas de viajes, biografías, relatos intimistas en primera persona o historias de los años 60,70, 80, la corrupción y de la política en general; ensayos sobre el periodismo y la literatura y crónicas de largo aliento sobre crímenes conmocionantes; narrativas sobre narcotráfico, feminismo, derechos humanos, maternidad, ataques de pánico y la selva amazónica; de Tepito, Fuerte Apache, la  Suprema Corte, la producción de alimentos, el medio ambiente, etc.

-Reseña

 

Más que la clásica crítica monográfica al artista u obra, en Tránsitos pretendemos narrar una experiencia lectora. Escenas, personajes, reincidencias que nos interpelen, pinchen o incomoden. Como si se hablara de aquel obsesionado por inhalar una y otra vez los detalles, contar al resto donde radica el placer, goce e incluso éxtasis de lo que se reseña. Que la lectura busque interlocutores nuevos, que se destruya la unicidad, que sea motivo de cuestionamientos. Extensión entre 3000-4500 caracteres.

Audiovisual: Cualquier material visual que cuente con una secuencia narrativa o un contexto ligado a la temática del número. No hay especificaciones estéticas, pero sugerimos que el material no exceda (en caso de video) los 10 minutos de duración y esté subido a alguna plataforma de reproducción de videos.  En caso de fotografía o ilustración, que sea enviada en alta calidad. En ambos casos podemos sugerir y comentar desde la parte editorial de la revista, pero comprendemos la dificultad en este tipo de producciones para la edición o cambio. Estamos abiertos a discutir la idea en caso de que no esté concretada aún.

 

Invitación abierta.

 

Editorial: Violencia

Cuando nos planteamos gestar este proyecto no encontramos nada más apabullante, ambiguo y determinante en nuestra identidad que los efectos de la violencia. Pensamos el fenómeno a través de nuestras geografías; que el conflicto político, la corrupción, la cultura y la distribución ambigua de la riqueza, tienden a parir esta hija bastarda. No la patentamos ni mucho menos, la sabemos y sentimos condición sine qua non a la especie humana. No obstante, hemos desarrollado una oscura hipersensibilidad a la misma o naturalizado escabrosamente su existencia. No hablamos solo de sesos desparramados, miembros humanos dispersos o de la sangre que se derrama por litros cada día en nuestra región. Pero sí tenemos miedo de  la perversidad detrás del progreso, la normalidad con la que “avanzamos” a través de esa violencia, nos definimos y la practicamos. Es esencial, diversa y dispersa. No tiene freno, es solo motor. Nos declaramos culpables. Pero no somos retratistas vacuos ni pretendemos diseccionar con precisión de cirujano un fenómeno tan complejo. Intentamos tensar tan solo un poco el hilo ontológico de esta imparable acción/reproducción. Bajo esa premisa intentamos transitar este camino, enredado, caótico, como en el laberinto de Minos, o como un río que fluye para unirse con el delta, y finalmente con el mar: inmenso, inabarcable.