Archivo del Autor: René Patricio Carrasco Mora

Acerca de René Patricio Carrasco Mora

1991

Gabriela Ayala – arte, comunidad y feminismo-

La Revista Tránsitos tuvo la oportunidad de reunirse en Ibarra- Ecuador con Gabriela Ayala, muralista, ilustradora, fotógrafa y activista. Mientras nos comentaba sobre su reciente estudio de la iconografía del pueblo Pasto de la fase Cuasmal-Tuza, pudimos observar que, por las imágenes, libros y música, no estabamos en cualquier sitio, sino más bien en “Frida”, un café donde no hace mucho se reunía junto con otras artistas y gestoras culturales para discutir sobre la incidencia del feminismo en la coyuntura del país. Entre las preocupaciones que Gabriela y varios colectivos e instituciones han estado trabajando sobresale el reciente femicidio ocurrido durante el mes de enero en el centro de la ciudad. Hecho que mostró cómo el sentido común Ibarreño todavía está plagado de machismo, xenofobia y racismo. Se dejó de lado el lamentable fallecimiento de una mujer para dar cabida a una “purga” de residentes y refugiados venezolanos, la falsa y ciega ley del talión: odio disfrazado de justicia. Entre ésta y otras problemáticas de índole comunitario, ambiental y político Gabriela enfoca su labor profesional y artística que intenta resignificar, intervenir y contribuir a un cambio social. 

Las paredes de Ibarra y también de otras ciudades del Ecuador en la última década se han convertido en el lienzo de vari@s muralistas y grafiter@s. Conviven distintas estéticas que van desde lo abstracto, realista, conceptual hasta el hiperrealismo ancestral. Ahora bien, ¿por qué ahora?, ¿por qué en espacios públicos? En el Ecuador, las artes plásticas han sido el campo que más atención ha logrado obtener a nivel nacional e internacional, y no solo en la actualidad con exponentes como Apitatan, Verapirmavera y Gabriela, sino desde la aparición de Oswaldo Guayasamín, Araceli Gilbert, Eduardo Kingman, entre otros. A través de festivales e intervenciones públicas la comunidad de artistas plásticos parece ser la más activa en el entramado político-social del país, en los últimos meses se involucraron y mostraron su apoyo pintando murales con respecto a la protección del territorio guaraní, el respeto al territorio y cosmovisión andina, la protección y la lucha antiminera en Imbabura y otros sectores. A pesar de ser una comunidad heterogénea y con diferentes improntas ideológicas no descuidan el eje social en la creación artística. Gabriela hizo lo propio al formar parte de la festividad del Inty Raymi (1) Chicago 2019- EEUU, donde el trabajo creativo de 12 artistas ecuatorianos compuso el proyecto expositivo “Uyayta Shuyuchik”, muestra que  buscó visualizar la memoria, la ritualidad, el paisaje cultural y la interculturalidad. 

¿Cuál es tu perspectiva de las artes plásticas en Ecuador?

El arte público ha ganado presencia en los últimos años, un destape total. Muchos artistas han surgido a partir del graffiti, el muralismo, técnicas mixtas y la intervención de espacios, lo que antes no estaba vigente. Cada uno busca su estilo, ya no solo se sigue la corriente de paisajes, ahora estamos saliendo del  pasado estético para explorar lo público y transformar nuestro proceso de creación. Por ejemplo, hay un “boom” en los artistas locales que gira en torno al realismo, hiperrealismo, lo figurativo e ilustrativo. No es contemporáneo, sino otra línea, otra corriente. En Ibarra lo contemporáneo causa temor, porque se ancla más a lo conceptual, los que están involucrados parecen no querer salir de él y explotar lo manual, de cierta forma.

Cuéntanos sobre tu participación en colectivos artísticos, ¿en qué consistió?, ¿cuáles eran los lineamientos que seguían?, ¿eres parte de alguno en la actualidad?

Ukupacha es el colectivo con el que más he caminado, se basó en todo lo que refiere a muralismo comunitario, pintabamos en distintas comunidades siguiendo la idea de la interculturalidad. Es decir, ibamos a la comunidad, nos empapábamos del ambiente, ideas, exigencias políticas, y entonces, trasladábamos todo a un mural, interveníamos el espacio. Un tipo de arte social para todos. Después rompimos el vínculo para trabajar en nuestros estilos personales, aunque en ocasiones todavía nos reunimos para intercambiar técnicas y experiencias. Arkipus fue otro de los colectivos donde participé, logramos hacer gestión cultural desde una casa, que actuaba como un espacio de mediación cultural, entre las distintas actividades que hicimos, la más notable es la convocatoria y  exposición nacional de artes plásticas. En la actualidad colaboro en el colectivo Mundana, existen dos ejes: el arte público y lo literario desde la gráfica. Jairo Mena es el director de este espacio de gestión y producción, desde donde también se intenta traer a grandes artistas a nivel mundial para intervenir en espacios abiertos, en las diferentes convocatorias y festivales. En el mes de Julio se celebró por tercer año consecutivo el festival Numu (2) en Otavalo y Antonio Ante, Ecuador. Este colectivo tiene presencia en Bélgica y cada año invitan a un artista nacional. En el 2018 tuve la oportunidad de ir y presentar mi obra, así como pintar un mural colectivo, este año el artista invitado será Jairo. El último colectivo, en el que también participo actualmente, es Killa (Luna) junto con Andrea Heredia, formamos un taller que se llama Barro y Tinta desde donde se autogestiona proyectos y encuentros de mujeres, buscamos la visibilización femenina en las artes de nuestra región. Este año se llevará a cabo el quinto encuentro de mujeres en las artes.

¿Qué muralistas nos recomiendas seguir? 

Mo Vásquez, Ecuador @mo.vasquez

Steep, Ecuador @steep_aeon

Juan Carlos Revelo, Imbabura, Ecuador.

Alegría del Prado, colectivo Mexicano-Español @alegríadelprado

¿Qué influencias crees que han atravesado tu obra? 

Es un tema complejo. De todos modos, cuando estudié en la Unidad Educativa Daniel Reyes, en uno de los talleres el artista Eddy Brush nos compartió un ejemplo de cómo hacer animación 2D, a partir de esa experiencia y el compendio de sus dibujos siento que me quedó algo. Pero también y de una forma más clara siento la influencia Pasto-Cuazmal, la iconografía de los platos y la cultura en general ejercen un eje importante en mi proceso creativo, algo cercano a una epigenética y un ADN artístico. Así como también trabajo en la revalorización de las identidades de San Gabriel, Ecuador, lugar en el que nací. 

Cuando inicié me basaba en personajes antropomorfos o monstruosos, si se puede llamar de alguna forma. Después, a partir del surgimiento de Internet me introduje en distintas miradas y experiencias plásticas. Es decir, mi proceso independiente ha ido cambiando constantemente, como también desde el dibujo, porque cuando trabajé con las mujeres bordadoras de La Esperanza, Imbabura, llevaba a cabo una investigación y lo femenino le dio una nueva vida a mi obra, las figuras sobre todo, la identidad comunitaria y las hojas como un florecimiento personal. Ahora considero que estoy en otra etapa, la fusión de lo femenino con un instinto de supervivencia, de visibilizarme-nos, cómo son los lenguajes plásticos femeninos en la Provincia. El uso de las ramas como un florecimiento que se relaciona a las fiestas de los equinoccios, el Kolla Raymi ( festividad ancestral que hace honor a la fertilidad, espiritualidad y belleza femenina) y el Pawkar Raymi ( festividad ancestral de agradecimiento a la Pacha Mama por el agua y la vida) dos aspectos que marcan la cosmovisión andina en mi obra, la conexión de la mujer con la madre tierra es evidente y son temáticas que me ayudan a crecer. 

¿Cómo “sobrevivir” desde el arte en la industrial cultural ecuatoriana? 

Es extremadamente difícil, aunque he logrado insertarme desde dos puntos fundamentales, el trabajo como free lancer en ilustración y fotografía y, lo segundo, por medio de talleres y muros comunitarios en los cuales normalmente hay que concursar institucionalmente para acceder a un presupuesto. Por otro lado, hay etapas de sequía, en las cuales intento hacer trabajos por encargo o reproducción, ilustraciones bordadas -imprimo dibujos y los bordo o intervengo en alguna parte para después venderlos-  El estudio de la plástica me ha brindado las herramientas para abrir nuevas formas de producción, pero a futuro quisiera más bien ejercer la docencia y compartir el conocimiento adquirido con los demás. Pero hay que tomar en cuenta que para sobrevivir del arte en Ecuador debes ser reconocido y vivir en Quito, Guayaquil y Cuenca. 

Mural colectivo: Izquierda Cirstian Tutillo, Centro Andrés Cuatin, Derecha Gabriela Ayala 


Háblanos más sobre la conexión de tu obra con el feminismo en Ecuador. 

El feminismo en Ecuador es amplio y muy diverso, hay feminismos anárquicos, andinos, académicos, partidarios, etc. En lo personal no puedo decir que me involucre en uno solo pero sí intento inmiscuirme en la visibilización de los derechos de las mujeres a través de mi obra o desde el activismo artístico, pienso que es fundamental que se reafirmen las luchas y resistencias de las distintas problemáticas vigentes en el país. Aún cuando en Ecuador todavía hay una concepción equívoca de lo que es el feminismo, que está más cercana al hembrismo, debemos continuar informando y ayudando a que se cree una cultura de conciencia y respeto. Como por ejemplo, en el vecino país de Colombia, en el Cauca ya se puede evidenciar la labor de una de una líder feminista, en una comunidad originaria. Las mujeres estamos en un proceso de empoderamiento y en Ibarra debemos seguir construyendo a partir del arte, unificarnos e intentar cambiar  los imaginarios machistas de la sociedad Imbabureña.

Contacto:

@elizabetha_gabriel  Instagram 

@Elizabetha Garbiel Facebook 

Notas al pie:

1 Solsticio de Junio, agradecimiento de los pueblos andinos a la Pacha Mama por la producción y cosecha.

2 @numufestival

RPCM

Edad de la ira: un poema para sumergirse en la violencia

Por: Augusto Magaña

Toda patria es una construcción basada en el engaño. Es una idea que se impone, que se
funda en una violencia misteriosa, casi fantasmagórica, bajo la intención de unificar un
territorio. Unificar para controlar. Para colonizar. Para subordinar. El filósofo esloveno
Slavoj Žižek diferencia en Sobre la violencia (Paidós, 2008) entre una violencia subjetiva
que es visible y practicada por un agente que podemos identificar al instante y una
violencia objetiva o sistémica, que es invisible, pues es la violencia inherente al estado de
cosas “normal”. Este esfuerzo de normalización es precisamente lo que mueve la creación
de la idea de Nación. ¿Cómo explicar, entonces, esta violencia que se nos escurre entre las
manos? “Es sumamente difícil acceder a la violencia y a sus causas”, afirma Patricio
Alvarado Barría (Temuco, 1988), poeta chileno, que en su libro Edad de la ira (Ediciones
Sin Fin, 2019) intenta precisamente adentrarnos y sumergirnos en esa violencia para
mostrarla. Para hacernos sentir violentados.


Edad de la ira es un poemario dividido en tres actos, en el cual a lo largo de los versos
transcurren imágenes y paisajes de la Araucanía; tierra mapuche devastada y colonizada en
el nombre de una nación. Tierra natal, también, del autor, que recoge en el libro
experiencias vividas e historias rescatadas de ese territorio, desde su colonización hasta la
actualidad, que lo muestran como una especie de laboratorio neoliberal a pequeña escala
de las dinámicas de poder que luego se reproducen, a gran escala, en otros lados del
mundo. Alvarado Barría intenta, de alguna forma, desenmascarar las apropiaciones y
malas lecturas de la conformación de un país. “Un país que para mí no existe”, aclara.


Pero el relato de esta violencia fundante no sigue una estructura narrativa. Alvarado Barría
pretende, más que contarnos una historia, desorientarnos verso a verso, perdernos entre la
humareda y hacernos sentir como si estuviéramos huyendo o escondiéndonos de algunos
de los personajes principales de la obra: los “guardianes”, “celadores” y “vigilantes” de la
patria, agentes oprimidos y opresores, que se mueven en medio del caos. “Trabajé un tipo
de libro en el que no busqué la narración. Una de las cosas por las que me interesaba
escribirlo era por la desorientación producida por la violencia”, señala el autor. En este
sentido, el poeta consigue transmitir al lector precisamente esta sensación de
desorientación que se produce en el momento del estallido violento. Pero no solo como una
especie de representación de lo que fue la colonización de la Araucanía, sino también como
un reflejo de la propia desorientación que vivimos en estos tiempos. “La libertad que
prometió internet o la modernización ha sido, finalmente, la opresión también”,
argumenta. Una desorientación por saturación de mensajes, que no nos deja, al mismo
tiempo, vislumbrar también esa violencia objetiva que es la fundadora y la que permite,
precisamente, esa opresión.


Un momento del poemario donde se refleja esta idea es en la sección II del capítulo
Destierros, en la cual los versos del poema están compuestos como si fueran diálogos. Pero
en estos diálogos las voces no se hablan entre ellas, sino que son como voces o gritos
lanzados al vacío, que no se tocan ni se interpelan. “Eso también es violencia: la pérdida
del sentido de comunidad. Estamos siempre reproduciendo un discurso”, critica Alvarado
Barría. Una colonización que en este siglo ya no se hace solo sobre los territorios, sino
especialmente sobre los cuerpos y las mentes de los individuos. En el poema, este
desarraigo del individuo respecto a la comunidad se refleja en un escenario: la casa. El
primer capítulo del libro, Casas incendiadas, muestra, entre otras cosas, la casa como un espacio construido y privado, que no deja de ser artificial. Un espacio que es al mismo
tiempo elemento de encierro, pero también de precariedad y exposición hoy en día. La casa
como vestigio de la destrucción, como ruina que queda de testigo.


En medio del humo, el fuego y el lodo


Álvarado Barría cuenta que empezó a trabajar en el poemario en el 2006. “Ha sido un
proyecto de más de diez años”, explica. En el que hubo, sobre todo, mucho trabajo de
corrección y limpieza. “Es un poema no para contar nada, no para vender un producto…
No quería satisfacer la necesidad de elusión que podría contener el libro”, subraya el autor.
Es por este motivo que Álvarado Barría decidió, en el proceso de edición, deshacerse de lo
que él denomina “los excesos narrativos” de la obra y quedarse solo con el relato poético.
Pero el ripio generado por esa limpieza no cayó en vano, sino que se convirtió años después
en su novela Triage (Alquimia Ediciones, 2015), Premio Mejor Obra Literaria 2015, en la
categoría de novela inédita, otorgado por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura de
Chile.


El humo, el fuego y el lodo aparecen y desaparecen del escenario creado por los versos de
una forma frenética, como una escapatoria en suspenso o una huida contenida. El lector se
adentra en el poemario sin tener claro a dónde poder asirse, intentando reconocer algún
personaje o vislumbrar un paisaje. Pero el humo nubla la vista y apenas deja ver la
devastación. A lo lejos, lo único que alumbra es el busto de Hernán Triziano Avezzana
(1860-1926), el capitán Triziano, asesino de mapuches y figura fundante de esa nación
colonizadora. Su recuerdo aparece en la memoria de los vigilantes y los guardianes como
un fantasma que, de alguna manera, justifica la destrucción que propician en nombre de la
salvación de la patria.


Triziano, al mismo tiempo, sirve al autor de anclaje con la realidad de su ciudad natal,
Temuco, capital de la Araucanía. El capitán fue fundador y capitán de una fuerza
paramilitar creada en 1896 y anexada al Regimiento de Carabineros en 1907. Su busto está
en la comisaría y en la calle de la estación de trenes de Temuco: es considerado casi una
figura fundacional de Chile. Pero aun así, es un personaje lleno de misterios y sombras.
“No tenemos tantas noticias como quisiéramos de él. Era un mercenario, un mata
mapuches”, asegura el autor. Triziano es una figura que simboliza, de alguna manera, la
mentira sobre la cual se han construido las identidades de los Estados latinoamericanos,
porque, aunque sea un “héroe de la patria” para algunos, muy poco se sabe de él. Una
contradicción que sirve también en el poema para parodiar y poner en evidencia a aquellos
guardianes de la nación. “Es súper triste que alguien crea que está defendiendo un país”,
apunta Alvarado Barría.


El autor se preocupa por dejar en claro que esta opresión de los cuerpos que significa la
nación “no es un enfrentamiento: es una colonización”. Y consigue transmitir en su poema
esta sensación de opresión, a través de un lenguaje colonizado y críptico, que sacude al
lector para intentar que vislumbre la violencia que rodea y ordena cada una de nuestras
vidas. Eso sí, Alvarado Barría renuncia a la narración en favor de la poesía como una
manera de no caer en la tentación de erigirse “portavoz” de los oprimidos, sino
simplemente como un ejercicio de inmersión y búsqueda, que al mismo tiempo refleja una
realidad más honda. “No creo que la literatura tenga que ver con tomar partido”, destaca
Alvarado Barría. Para intentar entender la violencia, lo mejor, quizás, es sumergirse en
ella.

Sobre el autor

Nació en San Salvador. Desde entonces ha sido muchas cosas: estudiante, guitarrista, poeta y periodista. Ahora vive en Barcelona, donde terminó sus estudios en periodismo y empezó a trabajar como corresponsal para la Agencia EFE. Ha colaborado en distintas revistas y medios digitales, pero aún no ha publicado ningún libro. Lo único de él que se puede encontrar en unas páginas impresas son los versos que se incluyeron en la antología “Torre de Babel. Volumen XV: Los apócrifos salmón”, de Vladimir Amaya.

El espíritu de (no) ser Chiquititas

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Por: Carolina Calcagno                                                         Foto: Lineth Paz @coleslawhat

Tenía alrededor de siete. Estaba en la sobremesa del mediodía con mi mamá. Solíamos quedarnos solas charlando, hábitos madre-hija que hasta el día de hoy conservamos. Hacía ya varios días que tenía una inquietud que dentro de mi mundo de ciento veinte centímetros, representaba bastante. Aproveché la intimidad, tomé valor y sin pensarlo mucho, lo largué: “mamá, quiero ser huérfana”.

Mamá abrió los ojos. Supongo que nunca hubiese imaginado una sepultura en vida; mucho menos que vendría de parte de una de sus hijas y a tan corta edad. Ahí lo tenía: su rol de madre puesto en jaque en cuatro palabras. Años de crianza exclusiva tirados a la basura. Al día de hoy, recordamos esa anécdota con humor.

En Rincón de Luz las camas tenían doble frazada, los escalones sonaban como teclas de piano y las comidas variaban más que el guiso de arroz. Así cualquiera es huérfanx. No fui la única en confundir ficción con realidad, querer escaparme de casa y subirme al primer tren con destino a Telefé. Un mundo que, incluso siendo ficción, amalgamaba aspectos y elementos de la realidad.

La anécdota deja de ser divertida cuando tomamos dimensión del “mundillo Chiquititas”: la telenovela de mayor duración en la historia de la televisión argentina; con más de mil episodios; seis temporadas teatrales récord en la historia del teatro del país; varios discos musicales que alcanzaron importantes ventas; premios Martín Fierro, Gardel y un Grammy Latino; emisiones en treinta y seis países; giras a Israel; una versión mexicana y una brasileña.

Los datos son relevantes no sólo por los aportes al negocio Cris Morena Group, sino por el tiempo ¿invertido? ¿gastado? de los consumidores del programa. Hablamos de niñas -y también niños- que, de ser disciplinadas televidentes y no perdernos ni un capítulo, gastamos alrededor de mil doscientas sesenta (¡¡mil doscientas sesenta!!) horas de nuestra, entonces, corta vida, únicamente viendo Chiquititas. Prefiero ser piadosa y no tener en consideración el consumo de VHS ni cassettes, ni las idas al teatro en plenas vacaciones de invierno.

Reflexionar sobre los consumos culturales a lo largo de nuestra vida incluye, entonces, pensarnos como consumidores desde la niñez. Subestimar Chiquititas sería desconocer la influencia y el rol socializador de la telenovela. Mi relación actual con el programa de Cris Morena es ambivalente: si por un lado, domina una mirada inquisidora respecto de las cargas ideológicas impresas en programa; por otro, me resulta extremadamente complicado -y arrogante- pensarme y pensar mi biografía por fuera de él.

El camino más fácil siempre es el de criticar de principio a fin los estereotipos que asume, las desigualdades que evidencia y los efectos que produce el programa televisivo en sus consumidores, en este caso, un público infantojuvenil. Sin embargo, me interesa pararme en esa ambivalencia que planteé anteriormente: es decir, poder reflexionar sobre el mundillo Chiquititas desde mi propia vivencia.

En las últimas semanas me tomé un rato de cada día para intentar interiorizarme nuevamente en la telenovela. La gran mayoría de los capítulos y videoclips, con mejor o peor calidad, pueden encontrarse en Internet. Eso ya es un dato relevante, no sólo porque me ahorró desempolvar los VHS, sino porque evidencia el poder de la cultura digital, de cuyo alcance hacemos uso, pero también somos partícipes en su producción.

A esta altura, la crítica en términos de clase ya parece una obviedad: nada tienen que ver los huérfanos de Rincón de Luz con los de la realidad. Es más, parecería ser que a Cris Morena esta reflexión no le quitaba el sueño; por momentos los guardapolvos de colores del hogar hasta se convertían en uniformes de colegio privado, con polleras escocesas de lana, camisas blancas bien planchadas y mocasines de gamuza.

En pleno 2019 resulta imposible ver Chiquititas sin los lentes del género. Nos guste o no, generaciones enteras crecimos con esta novela, que nos sugirió -por no decir impuso- sutilmente cómo ser niñxs pero también cómo crecer y comportarnos. Entre los videos, hay tres que -además de chorrear estilo noventoso en su estética y ser pegadizos- resultan atractivos para mostrar los ideales que reproducía el programa.

En ¿Qué hiciste, qué?, además de confirmar que mis habilidades actorales no estaban muy lejos de las de mis ídolos de la TV, vemos que son los pibes los que encaran a las minas. Van de frente, las obligan a darles bola, y se las apretan. ¿Alguien no está pudiendo ver acoso? Me avisan.

Del otro lado, las pibas son enamoradizas, les gustan los pibes porque las hacen sentir protegidas y les dicen cosas lindas. El último mensaje: si no se apuran, se quedan solas. En línea con esto, La Edad del Pavo, mi en aquel entonces canción preferida, confirma que parecen tontas al solo querer estar de novias y no jugar con los pibes. Bueno, podríamos seguir, pero dudo que encontremos algún intersticio en tanta heteronorma. La pubertad parece estar llegando y no hay ESI que los acompañe.

Chiquititas posibilita mucho más que un ejercicio de desentrañar ciertas formas de operación del discurso mediático. Permite adentrarse en una comprensión más amplia del sentido que este discurso adquiere en el contexto socio-histórico que vivíamos y que, aunque lo neguemos, vivimos. Estas líneas no fueron un intento por develar nada que no haya sido dicho. Más bien, son una excusa para revivir ciertas imágenes e ideas con las que muchos crecimos. Y, por qué no, para pedirle perdón a mi mamá.

Sobre la autora:

“Charlatana por deporte. Cantante de ducha y cocinera de lemmon pies. Copas mediante, una amiga me dijo tener una “dulzura política”. No sé lo que significa pero garpa. Habito la Universidad Nacional de San Martín y edito en Revista Márgenes.”

No sabes qué es el trabajo

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Por: René Patricio Carrasco Mora                                    Foto: Lineth Paz @coleslawhat

“Por las horas de espera en vano,

sabiendo que algún lugar delante,

un hombre está esperando para decirte:

“No, no estamos contratando hoy”,

por cualquier razón que se le ocurra” 1

En la escritura puede suscitarse, en ocasiones, lo inadvertido e impensable, el acto mismo del autor convoca un estado destructivo y vacilante que, desnuda la corporalidad del signo. O al menos, intenta polemizar las subjetividades de una sociedad determinada, en un período específico. El texto pasa a ser coyuntura artística, identitaria, temporal; pero también, ideológica, política, cultural y económica, elementos que convergen reproduciendo una aproximación o crítica de la “realidad” experimentada.

Philip Levine forma parte de este escenario reflexivo en el que a través de la poesía se sumerge en los silencios de la textualidad capitalista estadounidense y su inferencia con la clase obrera en el siglo XX, para después, dejarnos una obra que retrata entre otros aspectos, las dificultades y relaciones del trabajo con sus condiciones de existencia. 2 Curiosamente, no sería el único que retomó esta problemática, Brecht también supo plantear varias interrogantes que nos permiten observar con mayor especificidad este caso: ¿Cómo representar el devenir de un sujeto y esclarecer a la vez el juego de fuerzas que lo constituye, pero que es también el espacio de su voluntad y sus decisiones?, ¿qué es un arte didáctico, un arte al servicio de la lucidez popular, un arte proletario?

“Nos paramos en la lluvia en una fila larga

esperando en Ford Highland Park. Por trabajo,

tú sabes que es el trabajo – si eres lo suficientemente

grande para leer esto sabes lo que es el trabajo,

aunque tal vez no lo hagas.”

Philip nació en Detroit en el año 1928 poco antes de que iniciara la gran depresiòn, para cuando tenía 14 años empezó a trabajar en distintas fábricas industriales, entre ellas, la planta de transmisiones de Cadillac, Axel y Chevrolet. Experiencias que serían trasladadas a su creación: la sensibilidad de Levine no solo retrata la base, sino que, sirviéndose de sus elementos procura incomodar la superestructura. Posiciona la conciencia de clase en una operación doble: del texto a la “realidad”, como de la “realidad” al texto, su praxis deriva en narrativa. “Él está en casa tratando de descansar de un miserable turno nocturno” El carácter de denuncia no es únicamente síntoma, sino más bien, señala y plantea dudas sobre cuáles y qué significan las disidencias en la realidad del obrero fordista. ¿Con qué sentido? El verso aparece como dispositivo simbólico que, por su carga-dimensión-género, permite desentramar aquellos significantes no manifiestos en el accionar político-social. En esta línea, Fisher dice que “lo real es una x impávida a cualquier intento de representación , un vacío traumático del que solo nos llegan atisbos a través de las fracturas e inconsistencias en el campo de la realidad aparente.3 La escritura de Levine, entonces, produce aquel fraccionamiento, quiebra con el estado de resignación ante el sistema laboral para exponer sus deficiencias, a la vez que alude a una clase que, hace 70 años, estuvo inmersa en un ámbito de desigualdad, una clase que todavía hoy después de varios procesos históricos conserva algunas características: extensas jornadas de trabajo, remuneraciones bajas, ardua labor física, inestabilidad y precarización laboral,  poca o nula representación política, etc.

“Olvídate. Esto se trata de esperar, cambiar de un paso

a otro. Sentir el rocío cayendo como niebla sobre tu

cabello, nublando tu vista hasta que piensas que ves

a tu propio hermano delante tuyo, tal vez diez lugares

delante”

Un hombre está esperando para decirte: no, no estamos contratando hoy”  El “triunfo” del capitalismo no es una cuestión temporal solamente, sino la capacidad de adaptación a los distintos entramados culturales, políticos, sociales, regionales, etc. A la realidad concebida, más no cuestionada. El capitalismo ha trascendido para instaurarse en nuestras prácticas, en el lenguaje y, se transforma al mismo ritmo. ¿No hay salida?, ¿cómo postularse críticamente? Ahora más que nunca nos enfrentamos a condiciones de precarización laboral que se sirven de distintas estrategias inscritas en nuestros hábitos: una de ellas, anteponer la figura del “emprendedurismo” que, esconde en sí una dimensión acumulativa y autocomplaciente, el éxito llega a través de la medición: económica, status,  innovación e incluso capital “cultural”. Asimismo, desde la industria cinematográfica podemos percibir cómo se plantea la premisa de que el capital inevitablemente, ha triunfado sobre todas las cosas, en “Logan4 encontramos un reparto de mutantes vencidos, no por la fuerza bruta, sino más bien por cuestiones económicas y exigencias corporativas, el dinero pasa a formar un rol fundamental, sin dinero no hay medicinas para el Profesor Charles Xavier (telépata y científico), por dinero intentan capturar a Laura (mutante creada con ADN de Wolverine, y con características similares). La ambientación denota resignación hacia normativas institucionales y empresariales, depresión. Ni los mutantes, con sus habilidades sobrehumanas, han logrado triunfar ¿qué quiere decir con esto su director?

“Quieres a tu hermano, pero ahora, de repente,

apenas puedes soportar el querer que se inunda por tu hermano,

que no está a lado tuyo o detrás o delante, porque él está

en casa tratando descansar de un miserable turno nocturno

en Cadillac, para después poder despertar al medio día

a estudiar alemán. Trabaja ocho horas para poder

poder cantar Wagner, la ópera que más odias,

la peor música jamás inventada.”

¿Qué hace entonces el autor desde el campo literario? Solo nos describe pasajes triviales, detalles intrascendentes de la cotidianidad obrera: hacer filas para conseguir trabajo, comida; deseos de aprovechar el poco tiempo de ocio para estudiar; un miembro de la familia que trabaja por obligación y sufre las mismas limitantes; la necesidad del “ser” consciente y de abrir los ojos “opened your eyes wide” no solo para expresar un sentimiento, sino también para reflexionar sobre los mecanismos de defensa que responden a una necesidad de supervivencia económica. Phillip Levine hace lo propio cuestionando qué es “lo real” y hasta donde lo está delimitando, denuncia desde la resignificación del signo y, a la vez, hace explícito lo que la narrativa histórico-laboral esconde: “you don’t know what work is”. La supuesta imposibilidad de superar el capitalismo se ve amenazada cuando la decodifica, el ejercicio de observación debilita y produce una fractura que apela al ¿qué hacer?, qué hacer ante la insensatez presente en la condición humana. Esta insurrección que  surge a través de la poesía sale del sentido común, “esta fullería saludable, a esta esquiva y magnífica engañifa que permite escuchar a la lengua fuera del poder, en el esplendor de una revolución permanente del lenguaje, por mi parte yo la llamo: literatura5

“Hace cuanto le dijiste que le quieres, tomaste sus hombros,

abriste bien tus ojos para decir esas palabras,

y tal vez besar su mejilla. Nunca has hecho algo tan simple

tan obvio, no porque seas muy joven o tonto,

no porque seas celoso o enojado, o incapaz de llorar

en presencia de otro hombre, no, es porque no sabes

que es el trabajo.”

Bibliografía

  1. Levine, Philp (1991) “What Work Is?”  Poema completo, véase en: https://www.poetryfoundation.org/poems/52173/what-work-is
  2. Hall, Stuart (1981) “La cultura, los medios de comunicación y el efecto ideológico” Fondo de Cultura Económica : México.
  3. Fisher, Mark (2016) “Realismo Capitalista” Caja Negra: Buenos Aires.
  4. Director: James Mangold “Logan” (2017) 2h 21min
  5. Barthes, Roland (2003) “El placer del texto y lección inaugural” Siglo Veintiuno Editores: Buenos Aires.
  6. Badiou, Alain (2011) “El siglo” Manantial: Buenos Aires

Sobre el autor:

Ibarra-Ecuador, 1991.

El Cuerpo es Devil

cayo cactus

Por: Cayo Cæctus                                                  foto: Edgar Portillo @edgarenremolinos

FELICES LOS 4

También el amor
es un intercambio económico
cuya última ambición
es la maximización del beneficio.

Al reducir los costos
aceptando la fungibilidad
del recurso amoroso
convertimos en oportunidad
lo que antes era dilema:
si me parte el corazón
puedo regalar un pedacito
a cada nena.

Los enemigos del reggeatón objetan
— el poliamor es lo mismo
otro invento del Capitalismo
una treta.

“Luchar contra el amor romántico
no significa consumir cuerpos ni reproducir
la lógica de la desechabilidad.

Eso es propio del Capitalismo.

Dinamitar el amor romántico y sus estereotipos
significa cuidado mutuo y relaciones
sexoafectivas horizontales”.

Que se despeje la bruma
esta es la verdadera palabra de Maluma
una simple solución a un bien escaso:

pasar el rato
aceptar el trato
agrandar el cuarto
hacerlo otro rato.

POR FAVOR NO ME HAGAN PENSAR EN LEYES
FT OZUNA / NATTI NATASHA 

Miento, si te digo que en ti no ando pensando
[yo no quiero ese tormento / distinguir lo falso / de lo cierto]
Tú me robaste el corazón como un criminal
[lo siento, no hay seguridad / amenaza de pillaje / en el plexo solar]
Esto que siento por ti no puede ser legal, ah
[algo me actúa / sin utilidad para mí / causándome mal]
Como tú no hace, rompe la ley
[pobre ave / cuando abren la jaula / se cree rey]
Tú eres un delito que yo quiero cometer
[déjame ser / dame la libertad que exijo / pa perder]
Será porque tienes un flow / demasio’ de cri-criminal, baby
[caudaloso, incivilizado, salvaje / por el amor de los ríos, frenesí /
mas construyes diques / luego lloras cuando deja de fluir]

ESTE ES EL VERDADERO REMIX

Los seres buenos se hacen mejores con el dolor;
los malos nos hacemos peores.
Gabriela Mistral

Si antes yo era un hijo de puta, ahora soy peor.
Bad Bunny

(i)
No prestemos atención a la consecuencia más lógica, contar a Gabriela
Mistral entre los Bad Bunnys del mundo, pero tampoco vayamos tan
lejos como para desestimar el silogismo.

Propongo brevedad en el siguiente ejercicio:
dividamos el dolor de acuerdo a su fuente.

Distingamos traición de tragedia.

Digamos que la tragedia equivale a su inevitabilidad.

Digamos que todo lo inevitable, en cuanto irresistible, es soportable.

De ahí se sigue que se debe ser realmente malo si la tragedia te empeora.

Una afirmación contraria, roussoniana si se quiere, diría:
la tragedia puede mejorarte.

Pero si dejas que el cuchillo entre a tu casa, la sangre coagulará las paredes
y no importará ya lo que ocurra. Las visitas intentarán ser amables y
alabarán tu buen gusto exclamando: ‘Te ves radiante’ y así también lo
creerás, mirándote al espejo, pensando que el rosado te sienta bien en las
mejillas.

Nadie se mete en esas cosas, tú sabes, los trapos sucios, el olor a lavanda,
un ojo que no deja de tiritar. Puede ser normal que los problemas sean
parte del esquema. Las cicatrices dejan delicadas texturas que uno gusta
enumerar por las noches con el fin de conciliar el sueño. La curvatura
emotiva que se despliega entre cima y sima realiza una modulación
altamente adictiva y al rato gusta esa escritura sobre la piel.

Te pasan… cosas;
dices: siento algo que no controlo,
por tanto, existo.

Es simple, si sientes el cuchillo
sentirás también la sangre
luego, sin duda, el corazón.

Piensas, con razón o sin
—todas las canciones, todos los poemas
hablan de mí.

Lo evidente llega en algún momento, contra ti mismo, pero no puede
llamársele tragedia. El espacio se vuelve inhabitable. Paredes ya necrosadas
traen el recuerdo del primer tajo, todos los tajos que vinieron después con
su ritual de parche curita y canción de cuna. Intentas recordar porqué
nunca mostraste los colmillos, qué altura moral -cobardía- te lo impidió.
La traición denuncia la estupidez de su paciente, su propia falibilidad
ante el desastre.

Entonces, solo queda en la cabeza una pregunta triste:

Por qué si yo era tan bueno toa’ esta mierda tú me hiciste

(vi)

Miento si digo que no me hace falta
cuando me rozaba tu piel.
‘mjeN . to . si . ‘ði . γo . ke . no . me‘a . θe ‘fal . ta .
‘kwaN . do . me . řo . ‘θa . βa . tu . ‘pjel.

Me gusta como Nicky Jam separa cada sílaba. Es como una
bicicleta pisando baldosas sueltas, pero me siento obligado a pensar
en un brutal centelleo de espadas. Es claro que su arremetida fonética
constituye un artilugio de distintividad. Al ser el último hablante, debe
diferenciarse del resto de la crew que le precede.

Pero también se diferencia de ellos al traslucir una ética precisa, no
solo ya del despecho, si no también de la actividad símbólica producida
por dos espadas que se hacen mella; ellas polemizan, distinguen, escinden
pedazos de realidad. En definitiva, separan verdad de mentira.

En principio, esta ética agencia una idea bastante antigua:
LA MENTIRA ES INMORTAL, NO SE DEBE MENTIR.

Muy bien, pero ello abre una brecha.

En realidad, hay dos formas de no decir mentiras,

una es no mintiendo
la otra es diciendo la verdad.

Nicky Jam no miente pero ¿dice la verdad?

¿Importa realmente?, o mejor aún, ¿quién puede decir la
verdad? Si lo pensamos con detención, en este mundo de fake news y
posverdad podríamos concluir que el mundo sería un mejor lugar si tan
sólo todos se comprometieran a no decir mentiras. Con ese mínimo ético
sería plausible la vida civil.

Ahora bien, si representásemos gráficamente nuestras distinciones
tendríamos algo más o menos así:

TRIÁNGULO

El triángulo representa la no-mentira.
El círculo representa la verdad.
La cuadatura que es esta página blanca representa la mentira.

De acuerdo a nuestro modelo, la verdad es un sol negro. Es real,
ahí está, pero hay algo poco auspicioso en esa terrible e inusual belleza,
preferible darle rodeo pues el no-brillo que emana de esa estrella no
conserva la paz. No somos aptos para esa luz.

De ahí podemos refutar la regla inicial por insuficiente y bifucar
el curso de acción en una norma prohibitiva y una norma imperativa:

No mientas y evita decir la verdad.

Se morigera la rigurosidad de la norma si se considera que nadie
está obligado a lo inevitable. Lo inevitable es inevitable es inevitable. En
ese sentido hagamos de la palabra, parábola y digamos a nuestros niños:
actúa como si toda arma estuviera cargada, o mejor aún, como si cada
palabra fuera una bala que eventualmente fallará. Estaba ya dicho:

La ola golpea la roca, mi amorcito
y cada charquito en tu espalda es un signo
que malinterpretaremos.

Con esta fabilidad en mente podemos estar más seguros de emitir o
recibir enunciados performativos como los siguientes:

NUNCA AMARÉ A NADIE COMO A TÍ 
ESTARÁS POR SIEMPRE EN MI CORAZÓN 

Incluso, si vamos a esbozar una real politik fluída negando
cualquier centelleo de espadas o la ominosidad de los soles negros,
reconozcamos que lo realmente preferible es mentir bien o, mejor aún,
decir buenas mentiras; mentiras que no den pie a nuevas especulaciones
dolorosas sobre si sí o si no, mentiras que tricen las ya borgianamente
infames reproducciones de espejos y de cópulas que a su vez producen
más humanos y, exponencialmente, más fluídos, charquitos y dramas,
mentiras que en realidad sean excelentes diques para esos caudales de
palabras que según algunos son solo recursos del amor y según otros,
amor a los recursos del amor; en suma, ni desembocadura ni manglar,
grandiosos puntos finales como:

ESTÉS DONDE ESTÉS, TE DESEO LO MEJOR, DE VERDAD 

Pero Nicky Jam no permite ni siquiera esa glosa:

No quiero mentira ni tu falsedad.

Sobre el autor:

Cayo Cæctus (Santiago de Chile, 1984). Procesador / texto / imagen. Ha publicado, ha traducido, ha participado en. @cayocactus

Los Ojos del Tiempo

paul palacios

Por: Paúl Palacios                                              Foto: Edgar Portillo  @edgarenremolinos

 

IV

Horas

Pasa el viento

cerca, acaricia

me topa

el pensamiento, los ojos

me saluda de cerca

Próximo

el minuto que no cesa

viene,

se alarga,

se prolonga

es infinito

este momento

que no se va

se hace piedra

me hago piedra                                                      

                   TÚ

te haces agua

como mis ojos

que corren

           caen

se vierten

por estas hojas

sobre estos blancos

       dentro de mis lágrimas

    de mis hojas

    de las horas

que no cesan

no se apagan

no se callan

Gritan

nuestros ojos

en la ventana

Las Horas

son 12

los pisos del edificio

son 12

Las manos del mundo

Acarician

Son 12 los pasos del tiempo

Horas

no se van

me voy con ellas.

 

 

 

 

V

Instante

Escribo al costado

De la hoja

De la vida

¿Qué color?

Tiene la ciudad

Después de ti

El gris de la calle

La muerte de tus ojos

La voz

se rompe

de este

lado

del poema.

 

 

 

 

VII

Fractura

La ciudad

aparece y desaparece

entre neblina mental

la luz

la disipa

y ciega.

Se derrite el día en el adobe

Los árboles parecen calmados

La (s) mirada (s) de la gente

quema su sombra

se fractura el muro

sus fantasmas

reaparecen en un abrir y cerrar de puertas.

 

 

 

 

VIII

Paso de tiempo

invisible/visible

te cubres de instantes

casi perceptible

silencioso

transparente

cambiante, de piedra

te rompe un río magnético

minuto.

La escalera de viento

A la nada

en cada escalón

instantes que se quedan

para irse,

nunca estuvo

el tiempo

la buganvilla,

crece hacia el sol

se entierra hoy en mis venas.

 

 

 

 

IX

Nota mental

Del día nacen

las imágenes que me acompañan

y se desprenden de mí

como cicatriz mojada

laten con cada respiro

del dolor

única pertenencia segura,

existe a 2300 metros sobre el nivel del

Mar

agitas mis océanos

no sin antes

calmar

las dagas

de otras verdades.

 

 

 

 

XI

Nocturno

La ciudad está desierta

quedan los postes

las sombras

las hojas caídas

los autos quietos

los árboles de toda mi vida

la acera y sus grietas

los perros dueños de su sombra

las sedes académicas de los secretarios del poder

las arquitecturas para los deshabitados

los charcos

llenos del reflejo de la luz

la luz tendida en lo alto

queda la ciudad y otras cosas

queda la ciudad,

queda la ciudad.

 

Sobre el autor:

Paúl Palacios Gutiérrez (1992) Ibarra- Ecuador, psicólogo clínico por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito. Durante sus estudios universitarios inició un proceso de escritura y lectura en diferentes espacios, conformó el grupo de lectura y estudio de poesía dirigido por Juan Carlos Miranda, Andrés Serrano, Alejandro Mera y Andrea Segovia. Su obra es inédita, los textos seleccionados son parte de la antología “Los Ojos del Tiempo.” Sus influencias varían entre autores ecuatorianos como Efraín Jara, Raúl Arias, César Dávila Andrade, entre otros, también de otras regiones Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Juan Gelman, además de las interacciones con el psicoanálisis, la filosofía.

ENTRE DOS FRONTERAS, NÚMEROS Y REALIDADES

dav

Por: Gloria Volpe

23 de Junio del 2016. En la ciudad de Medellín era una mañana de sol y la radio en casa estaba encendida. Giulia me ponía encima trapos mojados para bajar la fiebre, que era altísima. El fervor lo tenía adentro y afuera. Habló el Presidente Santos: “Nos llegó la hora de ser un país normal, ¡un país en paz!”… “¡Que éste sea el último día de la guerra!”, la radio gritó desde el salón. Nunca olvidé la frase. La Paz se había logrado después de más de 42 años de conflicto civil. Tal vez por la emoción y quizá por la fiebre, era toda escalofríos. Empezamos a llorar y nos abrazamos. Dos italianas que nada tenían que ver con la guerra pero por algo estaban ahí respirando una historia eufórica y esperanzadora. Dicen que la paz es bonita, pero esto era mejor por nuestr@s compañer@s y amig@s, por las víctimas desplazadas del conflicto armado,  por quienes trabajábamos.

Esa misma tarde vino a cuidarme Mauricio, sentado en una esquinita de mi cuarto dibujó un retrato donde aparecía durmiente con la cabeza en un trapito, mismo que, volvía a remojar con agua fría cada cinco minutos. Treinta y tres años, bigote, auto ironía y una sonrisa especial. Dibujaba las cosas como si las escribiese en un diario, él fue una de las personas más apasionadas que conocí y le interesaba sobre todo la política, la paz y el bienestar de los demás. Mauricio creía en la paz, en esa paz, la de aquel día, eso lo hacía feliz.

Fechas y horarios permanecen impresos en nuestra vida cuando están conectados a eventos fuertes que nos marcan. 27 de diciembre del 2018, salgo con unos amigos a bailar salsa en la ciudad de Ibarra-Ecuador. A Colombia siempre la llevé dentro, en el corazón, en cualquier rincón del mundo que pisé y aquí la tengo cerca geográficamente, humanamente. Trabajo en el campo de los derechos humanos y sigo las víctimas del mismo conflicto. Pero las que, por ese conflicto, tuvieron que dejar todo en su país y buscar refugio en otro. Esta misma noche en Colombia, también Mauricio salió a tomarse una cerveza con una amiga, había hablado con él unos días antes. Y ahora recuerdo que fue quien me enseñó la importancia de las comas y las tildes en español -rio es muy diferente de río.- Como siempre, me hizo reír, él también quería ver la película “Roma” de la cual conversamos. Dos balas perdidas llegaron en su cabeza, lo mataron. Un ataque sicarial. Él se definía como un miedoso para todo pero ese día empujó  a su amiga al suelo y le salvó la vida. Adiós. Fin de un universo, el suyo. Estoy segura que Roma le hubiera gustado muchísimo.

La muerte es algo muy natural, pero el asesinato y la impunidad no deberían serlo. Principalmente  hablamos de estos dos puntos cuando nos referimos a los víctimas de esta problemática, estamos acostumbrados a pensar los conflictos como el enfrentamiento armado de dos partes que luchan por distintos intereses. Pero es algo mucho, mucho más profundo que el conflicto armado. Se arrastra en la vida de las personas, en sus relaciones sociales, en la dificultad de abandonar el miedo y la desconfianza en los demás, en los traumas psicológicos, en la violencia incontrolada, en las elecciones obligatorias y a veces dolorosas que se ven obligados a tomar, en la separación de los que más amamos: nuestra familia, nuestra casa, nuestra tierra, nuestros amigos, nuestra comida, los lugares donde crecimos. En el silencio que nos impone. Y el post conflicto parece ser una tierra minada, completamente seca y sin vida, donde, de puntillas, aquella vida hay que intentar replantarla. Esta guerra nunca se acabó, solo se transformó, una guerra que no es la mía y que nunca lo será, pero que de algunas formas tocó también mi vida. Tras la muerte de Mauricio las autoridades quedaron en silencio, pero muchas personas gritaron justicia para él con marchas, eventos, cartas, frases. Lo peor es cuando estas víctimas permanecen invisibles, como números estadísticos. La violencia no debe naturalizarse pero lamentablemente es la realidad del mundo actual. Un número que suma las estadísticas, así nomás.

Siete millones de desplazados internos y doscientos veinte mil muertos en tiempo de guerra en este periodo de supuesta paz. En los primeros tres meses del 2019 en Medellín 86 personas fueron asesinadas, casi dos personas por día, con un porcentaje de impunidad del 76%. De estas, diecinueve personas inocentes por cuenta de balas perdidas. Diecinueve universos diferentes como el de Mauricio, en el lugar y en el momento equivocado.

Defender los derechos humanos, el derecho a la vida, a la libertad, a la tierra. Me pregunto si existe un trabajo más abstracto, defender algo que no se ve, quizá ni se puede comprender, el valor de la vida, por ejemplo. Colombia desde el inicio del año ya cuenta con 169 defensores de derechos humanos asesinados, algunos  mueren y otros, los que pueden, los que se atreven, huyen.

Hoy, 12 de marzo del 2019 estoy viajando en  medio de estos dos países hermanos en dirección a Tulcán. El uno tierra turbulenta y sangraría, país maravilloso, realismo mágico. El otro tendencialmente pacífico, tierra poderosa de volcanes, donde el aire sabe a palo santo y eucalipto. Una frontera los divide y allá me dirijo. Un río -con tilde- infinito de personas diariamente tratan de cruzarla de forma regular o irregular, cada uno con su vida empaquetada en una bolsa. No se pueden llevar muchas cosas cuando se huye, a veces ni los papeles. “¿Usted cuántos pantalones tiene?”, me preguntó el año pasado Nicole de 11 años mientras hacíamos su cuarto traslado de casa. La verdad, no lo sé. Seguramente lo suficiente,  nunca he tenido que hacerme esta pregunta. Los niños refugiados cuentan las cosas, como los adultos los días. Saben exactamente la cuenta de los días que pasaron desde que dejaron su país. Me imagino a estas personas despertándose por la mañana y agregando otra unidad a su cuenta. La condición de los refugiados es trágica, no como la de los migrantes habituales.

Estoy acompañando a Mayra, menor de edad que se encuentra sola. Seguí el caso de su familia el año pasado: después de la muerte de su mamá en Ibarra escapó de Colombia para intentar buscarla en recuerdos, de paso, me buscó a mí también -la tragedia más la suma de la vulnerabilidad-. En esta historia seis hermanos se quedaron sin padres. Miro sus ojos y pienso en los de Lorena. Nadie marchó por ella, nadie exigió justicia por su muerte. Un número más, otra vez. Pienso cuánto extraño la voz de Mauricio. Una camioneta de la Dinapen nos lleva desde Ibarra a Piquiucho. Ahí nos esperan los policías de Bolívar. Una foto para el pasaje de responsabilidad por favor. Bueno. De Bolívar a Colón. La foto. En el recorrido el policía me dice que esta “cosa” de los derechos humanos pertenece sólo a los delincuentes. De Colón a Huaca. Cambio, foto. Luego a Tulcán, una foto y otro cambio. En Tulcán nos recoge la Dinapen y nos lleva al Consulado. Última foto. Los últimos papeles. El último abrazo en la frontera.

Míralos: los invisibles, números. Colas de siete horas. Muchos niños lloran, las madres están cansadas y los ancianos botados, siguen huyendo de la Colombia pacífica junto con las víctimas de una Venezuela desconocida. Pienso en todas las historias que escuché estos años tratando de retener la emoción mientras miro el fondo de muchos ojos de hombres y mujeres llenos de algo que humedece, cercano a la desesperación. Personas que no se conocen, sin embargo, se nombran, a veces hasta se odian a pesar de que sus vidas se cruzan. Lorena me decía que esta cosa de la “paz” era una broma, algunos ex guerrilleros de las FARC se enlistan porque toda su familia ha sido exterminada por paramilitares. Algunos desplazados de guerrilleros que no creen en el “perdón” y que, sobre todo, nadie les pidió disculpas. Una historia tan compleja que incluso poder definir una víctima es difícil. Hay demasiadas, pienso que todo va muy rápido, que perdimos en el camino el sentido de humanidad. La guerra y la violencia me dan asco.

Esta tierra de nadie parece un campo minado de destrucción donde reparar el tejido social se convierte en la mayor apuesta a la que apuntar, poner las personas en el centro para que dejen su condición de cifras y porcentajes, que sean más bien historias, humanas. Acercar los hermanos del mismo país divididos entre sí, víctimas del mismo Estado. Diferentes poblaciones y culturas obligadas a vivir juntas en un sistema que a menudo sigue vulnerándolas; promover caminos de acompañamiento que puedan activar la integración y estimular la reconciliación en corazones llenos de ira, resentimiento y soledad. Para todos aquellos seres humanos que buscan un respaldo en el mundo sin tener un lugar donde vivir y aquellos que tienen que abrir los brazos para recibirlos.

En Ecuador hoy brilla el sol. Pienso en la promesa que le hice a Lorena: nunca me iba a olvidar de ella y sus hijos. Pienso también lo cansada que me siento este momento, pero cuando Mayra da vuelta en el asiento  y me mira agradecida, sonríe – Digo que sí- de alguna forma mantuve la promesa. Subiendo al bus para regresar a Ibarra me llama la atención un tatuaje que tiene la señora que vende los boletos mientras escribe el número de mi documento, en su mano izquierda, ahí  cerca del pulgar está enciso un nombre grandote: Lorena. Parece una película, pero todo es real

 

 

Sobre la autora:

Gloria Volpe, 28 años. Roma, Italia. Posgrado en Ciencia Política para la Cooperación y el Desarrollo Internacional; trabajo y escritura de proyectos para la Cooperación Italiana; 1 año de trabajo con víctimas de conflicto armado en las comunas de Medellín, Colombia; 1 año de trabajo en el Cuerpo Civil de Paz Italiano con víctimas de conflicto y refugiados en Ibarra, Ecuador. Actualmente, formadora de Derechos Humanos en Ibarra y colaboradora de la Fundación Cristo de la Calle, COSDHI.

 

Lo oculto y las utopías digitales en “Searching”

searching

 

Por René Patricio Carrasco Mora

“El usuario solo puede ver lo que Google le muestra. Entonces, para el usuario, Google aparece inevitablemente como una subjetividad oculta (y potencialmente peligrosa)” 1

En la película Searching 2 David Kim se presenta ante nosotros como fuente activa en la búsqueda de información que arroje algún indicio sobre el paradero de su hija desaparecida. Pero antes de que la narrativa tome curso, Aneesh Chaganty -director- realiza un leve movimiento temporal que recorre el progreso tecnológico digital en la última década, software y hardware. A primera vista lo podemos apreciar como una marca histórica, el avance es una respuesta lógica ante las duras condiciones que el mismo mercado impone. Las empresas compitiendo por brindar productos, servicios y hasta “sugerencias” ilimitadas y, el mercado, como detractor de utopías. Cambios que van desde el uso de la cámara filmadora al celular;  de Windows 95 al sistema IOS; de las primeras plataformas de mensajería instantánea a iMessage, WhatsApp y FaceTime; de la carga y descarga de contenidos al streaming; de la convivencia natural a la convivencia digital. El thriller adhiere a este lineamiento desde su composición, pone en cuestionamiento el primer plano, aparece texto, ilustración, virtualidad. La pantalla dentro de la pantalla, una suerte de encuadre donde el hardware es escenario, filtro y reflejo de lo exterior.

 

Si “el lenguaje es la casa del ser, el lugar donde habita el hombre” 3. Entonces, todos habitamos Internet.

 

El hombre va perdiendo su voz, hay un interlocutor nuevo: la superestructura digital. Durante la película el personaje principal cree ser él quien controla el acceso y manejo de la información, se asemeja a un detective -por convicción- que encuentra lo que nadie puede ver. Cuando en verdad no es más que otro usuario inmerso en el flujo de lenguajes. Platón y la alegoría de la caverna. David Kim logra su cometido a partir de sombras, apenas vagos reflejos de la vastedad que se enmarca en lo digital. Este ejercicio nos permite hacer un anclaje para reflexionar sobre el uso y decodificación de la información que creamos, consumimos y proveemos, muchas veces de forma gratuita. Creemos estar en control, cuando en realidad parece ser que estamos siendo controlados, no por una agencia secreta, ni por algún estado en específico, sino por las mismas plataformas que elegimos utilizar. Nuestros hábitos se convierten en lenguaje, son prácticas que se diversifican en clicks, caracteres e incluso imagen y audio. Groys ya nos advierte sobre las luchas e indicios que están en constante puja cuando buscamos información ¿por qué las primeras 10 opciones?, ¿qué pasa con el resto de información?, ¿quién elige lo que aparece? “cada instancia de inclusión o exclusión debe ser identificada como un acto de poder político, tecnológico o económico” 4

 

El medio es el mensaje 5

Marshall McLuhan

La idea de que Internet sea libre y gratuito o de que en él se contenga toda la información existente probablemente sea mentira. El capital se organiza y sabe organizarnos a nosotros, sea a través de redes sociales, recopilación de información privada, reconocimiento facial, encuestas, historiales de búsqueda, algoritmos, “análisis de consumos y preferencias”, etc. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de internet?, es decir, ¿quienes materializan la base para el juego de poderes políticos, económicos y culturales?, por nombrar algunos: Google, Amazon, Facebook, Wikipedia, Netflix, Spotify, Instagram, Claro, Movistar, The New York Times, Tinder,  etc. Y entonces ¿hasta dónde somos conscientes que nuestras prácticas son lenguajes convertidos en valor?, ¿cuál es nuestra identidad dentro del flujo? Volvamos a Searching, ¿tenemos el control?, encontramos aunque no fácilmente lo que buscamos, y si no, indagamos por otros sitios o motores. Ahora bien, a pesar de que ejercemos en algunos casos prácticas deconstructivas con mayor seriedad que antes cuando solo teníamos la opción analógica, enciclopedia o diccionario. La institución que legitima ya no es una, son varias y, disputan su poderío en un mismo campo. Y aún cuando lo que leemos -encontramos- aparentemente se encuentra más diversificado, sigue siendo limitado. Chaganty -28 años- director del filme vivió como la mayoría de nosotros este proceso de transformación, de lo análogo a lo digital, de lo natural a lo virtual, y en su filme podemos aproximarnos a la premisa de que las elecciones que tenemos disponibles por más vastas que sean, han sido condicionadas y manipuladas. Uno de los mecanismos de resistencia en el que podríamos trabajar reside en el mismo lenguaje, escondido detrás del signo. Lo no dicho contiene claves para enfrentarnos a lo establecido, al metalenguaje. Hay significados que exceden el significante. ¿Qué no se visibiliza en Internet? Sí desaparece una utopía, surge otra nueva.

Notas al pie:

1 Groys, Boris. 2016. Arte en flujo. Caja Negra: Buenos Aires

2  Searching. 2018. Director: Aneesh Chaganty. 1h 42min

3 Martin Heidegger

4 Groys, Boris. 2016. Arte en flujo. Caja Negra: Buenos Aires

5 Véase en https://www.youtube.com/watch?v=ImaH51F4HBw

 

 

 

Presuntos Implicados

 

 

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Técnica:            xilografía
Dimensiones:   1m x 70
Año:                  2017
Proceso creativo: https://www.instagram.com/p/Bbzfn9Njxeb/?taken-by=diegomarabu

Sobre Diego Galiano:

Artista Plástico y Visual, de Colombia, con intereses en el grabado, la pintura y la fotografía. Su obra juega con el carácter simbólico de las imágenes dentro de la cultura popular, indaga en el apropiacionismo y en el carácter lúdico de la plástica al tiempo que propone la democratización de las imágenes que se consumen en las esferas de arte contemporáneo. Todo intento de este arte es una posición política.

@diegomarabu

 

 

 

Identidades habitadas

RGB básicoRGB básicoRGB básico

Técnica:            Ilustración digital

Dimensiones:  Formato A3

Año:                  2018

 

Sobre Diego Marín:

Artista empírico colombiano, nacido el 18 de marzo de 1990. Inclinado al dibujo, el diseño y la ilustración. En su obra, las problemáticas sociales, ambientales y personales son parte fundamental del tejido en la creación artística.

@dmarbon