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Editorial: Transfronterización

Dicen por ahí que la verdad es igual a NO todo, premisa que opera como  eje para ejercitar la crítica de eso que estorba, desdibuja y recae directamente en la lógica hegemónica, bien en su estado binario o plural. En esta ocasión exploramos el fenómeno Transfronterizo más allá de sus geografías físicas y los procesos migrantes. Nos intriga el espacio donde convergen y tensan distintas identidades, categorías, luchas, imaginarios, productos, representaciones y lenguajes, los cuales configuran esta nebulosa. Este número reflexiona sobre la identidad a partir de las obras de autores como Witold Gombrowicz, Gloria Anzaldúa, Di Bennedetto, Lemebel; directoras como Lucrecia Martel,  y periodistas como Günter Wallraff. Se cruzan la historiografía, la crítica literaria, la sociología, el aforismo. Se exploran representaciones y cosmovisiones en cuentos inéditos de autores noveles y ya publicados. Se tejen como experiencia sensible el texto, la fotografía, la xilografía y la ilustración digital.  Como la identidad misma, consideramos este número algo no totalizador, siempre cambiante, con las limitaciones inherentes a lo humano. Sabemos que las posibilidades de la transfronterización son infinitas y las aquí planteadas son solo algunas; sin embargo, esperamos aportar al debate, a las posibles respuestas de las interrogantes que surgieron cuando nos planteamos el número: ¿Cómo median y se tensionan los espacios territoriales, simbólicos, teóricos, políticos, culturales y estéticos que configuran lo no definido de las fronteras? ¿Cómo dialogan desde ese lugar? ¿Cuáles son los límites y las potencialidades de dichos espacios?

Revista Tránsitos

Editorial: Violencia

Cuando nos planteamos gestar este proyecto no encontramos nada más apabullante, ambiguo y determinante en nuestra identidad que los efectos de la violencia. Pensamos el fenómeno a través de nuestras geografías; que el conflicto político, la corrupción, la cultura y la distribución ambigua de la riqueza, tienden a parir esta hija bastarda. No la patentamos ni mucho menos, la sabemos y sentimos condición sine qua non a la especie humana. No obstante, hemos desarrollado una oscura hipersensibilidad a la misma o naturalizado escabrosamente su existencia. No hablamos solo de sesos desparramados, miembros humanos dispersos o de la sangre que se derrama por litros cada día en nuestra región. Pero sí tenemos miedo de  la perversidad detrás del progreso, la normalidad con la que “avanzamos” a través de esa violencia, nos definimos y la practicamos. Es esencial, diversa y dispersa. No tiene freno, es solo motor. Nos declaramos culpables. Pero no somos retratistas vacuos ni pretendemos diseccionar con precisión de cirujano un fenómeno tan complejo. Intentamos tensar tan solo un poco el hilo ontológico de esta imparable acción/reproducción. Bajo esa premisa intentamos transitar este camino, enredado, caótico, como en el laberinto de Minos, o como un río que fluye para unirse con el delta, y finalmente con el mar: inmenso, inabarcable.