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Lo oculto y las utopías digitales en “Searching”

searching

 

Por René Patricio Carrasco Mora

“El usuario solo puede ver lo que Google le muestra. Entonces, para el usuario, Google aparece inevitablemente como una subjetividad oculta (y potencialmente peligrosa)” 1

En la película Searching 2 David Kim se presenta ante nosotros como fuente activa en la búsqueda de información que arroje algún indicio sobre el paradero de su hija desaparecida. Pero antes de que la narrativa tome curso, Aneesh Chaganty -director- realiza un leve movimiento temporal que recorre el progreso tecnológico digital en la última década, software y hardware. A primera vista lo podemos apreciar como una marca histórica, el avance es una respuesta lógica ante las duras condiciones que el mismo mercado impone. Las empresas compitiendo por brindar productos, servicios y hasta “sugerencias” ilimitadas y, el mercado, como detractor de utopías. Cambios que van desde el uso de la cámara filmadora al celular;  de Windows 95 al sistema IOS; de las primeras plataformas de mensajería instantánea a iMessage, WhatsApp y FaceTime; de la carga y descarga de contenidos al streaming; de la convivencia natural a la convivencia digital. El thriller adhiere a este lineamiento desde su composición, pone en cuestionamiento el primer plano, aparece texto, ilustración, virtualidad. La pantalla dentro de la pantalla, una suerte de encuadre donde el hardware es escenario, filtro y reflejo de lo exterior.

 

Si “el lenguaje es la casa del ser, el lugar donde habita el hombre” 3. Entonces, todos habitamos Internet.

 

El hombre va perdiendo su voz, hay un interlocutor nuevo: la superestructura digital. Durante la película el personaje principal cree ser él quien controla el acceso y manejo de la información, se asemeja a un detective -por convicción- que encuentra lo que nadie puede ver. Cuando en verdad no es más que otro usuario inmerso en el flujo de lenguajes. Platón y la alegoría de la caverna. David Kim logra su cometido a partir de sombras, apenas vagos reflejos de la vastedad que se enmarca en lo digital. Este ejercicio nos permite hacer un anclaje para reflexionar sobre el uso y decodificación de la información que creamos, consumimos y proveemos, muchas veces de forma gratuita. Creemos estar en control, cuando en realidad parece ser que estamos siendo controlados, no por una agencia secreta, ni por algún estado en específico, sino por las mismas plataformas que elegimos utilizar. Nuestros hábitos se convierten en lenguaje, son prácticas que se diversifican en clicks, caracteres e incluso imagen y audio. Groys ya nos advierte sobre las luchas e indicios que están en constante puja cuando buscamos información ¿por qué las primeras 10 opciones?, ¿qué pasa con el resto de información?, ¿quién elige lo que aparece? “cada instancia de inclusión o exclusión debe ser identificada como un acto de poder político, tecnológico o económico” 4

 

El medio es el mensaje 5

Marshall McLuhan

La idea de que Internet sea libre y gratuito o de que en él se contenga toda la información existente probablemente sea mentira. El capital se organiza y sabe organizarnos a nosotros, sea a través de redes sociales, recopilación de información privada, reconocimiento facial, encuestas, historiales de búsqueda, algoritmos, “análisis de consumos y preferencias”, etc. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de internet?, es decir, ¿quienes materializan la base para el juego de poderes políticos, económicos y culturales?, por nombrar algunos: Google, Amazon, Facebook, Wikipedia, Netflix, Spotify, Instagram, Claro, Movistar, The New York Times, Tinder,  etc. Y entonces ¿hasta dónde somos conscientes que nuestras prácticas son lenguajes convertidos en valor?, ¿cuál es nuestra identidad dentro del flujo? Volvamos a Searching, ¿tenemos el control?, encontramos aunque no fácilmente lo que buscamos, y si no, indagamos por otros sitios o motores. Ahora bien, a pesar de que ejercemos en algunos casos prácticas deconstructivas con mayor seriedad que antes cuando solo teníamos la opción analógica, enciclopedia o diccionario. La institución que legitima ya no es una, son varias y, disputan su poderío en un mismo campo. Y aún cuando lo que leemos -encontramos- aparentemente se encuentra más diversificado, sigue siendo limitado. Chaganty -28 años- director del filme vivió como la mayoría de nosotros este proceso de transformación, de lo análogo a lo digital, de lo natural a lo virtual, y en su filme podemos aproximarnos a la premisa de que las elecciones que tenemos disponibles por más vastas que sean, han sido condicionadas y manipuladas. Uno de los mecanismos de resistencia en el que podríamos trabajar reside en el mismo lenguaje, escondido detrás del signo. Lo no dicho contiene claves para enfrentarnos a lo establecido, al metalenguaje. Hay significados que exceden el significante. ¿Qué no se visibiliza en Internet? Sí desaparece una utopía, surge otra nueva.

Notas al pie:

1 Groys, Boris. 2016. Arte en flujo. Caja Negra: Buenos Aires

2  Searching. 2018. Director: Aneesh Chaganty. 1h 42min

3 Martin Heidegger

4 Groys, Boris. 2016. Arte en flujo. Caja Negra: Buenos Aires

5 Véase en https://www.youtube.com/watch?v=ImaH51F4HBw

 

 

 

Pese a la crisis, se sigue haciendo “un buen trabajo”: Dobra Robota

Editar de forma independiente hoy en Argentina

Es difícil pensar cómo convergen en un mismo imaginario la pampa argentina y la llanura nordeuropea, siquiera intentarlo es riesgoso; ya sea por las distancias espaciales y/o culturales. Pero más audaz aún es hacer de eso un proyecto que trace coordenadas e intente acercar ambos paradigmas y, sumar a ello, la exploración musical desde las letras.

Cuando se piensa en literatura polaca en Argentina, el autor al que generalmente se evoca es Witold Gombrowicz, un escritor vanguardista que vivió 23 años en el país sudamericano, y que dejó como legado una trascendente y potente obra, de herencias incomunicables. Pero Gombro es sólo la hebra de una gigantesca madeja de hilo; el campo literario polaco es vasto y rico en disidencias y alteridades, aunque aún le es bastante ajeno al público no especialista.

Los pasados 10, 11 y 12 de agosto en la Feria de Editores Independientes de Buenos Aires, Revista Tránsitos se dio a la tarea de rastrear editoriales con propuestas novedosas, frescas y atrevidas. La “Mierda” 1 nos atrajo como moscas al stand 107 de la Feria, encontramos en él un irreverente proyecto editorial y un campo de vacancia sumamente amplio: Dobra Robota Editora.

Tras dicho encuentro coordinamos una charla atemporal y vía correo electrónico con Gabriela de Mola, editora de Dobra. Aquí nos cuenta las dificultades, adversidades, gustos y disgustos y el por qué hacer de la edición una forma de organización y resistencia, sobre todo en este particular momento argentino:

¿Por qué decantarse por la traducción y edición de la literatura polaca?

Siempre leímos autores provenientes de literaturas periféricas, autores de Europa del Este sobre todo, no solo eslavos, sino también húngaros, rumanos… Al mismo tiempo, surgió la idea de publicar algún texto inédito de Gombrowicz, pero nos dimos cuenta de que no resultaría muy sencillo comenzar con él, por lo que nos pusimos a investigar a otros autores polacos contemporáneos. Así dimos con Bruno Schulz, amigo de Gombro. Y con Witkiewicz. Los tres, Gombrowicz, Schulz y Witkiewicz forman una especie de tríada en la literatura polaca contemporánea, en tanto rompieron reglas, fueron vanguardistas, únicos, y además, se conocían entre sí. Witkiewicz, por ejemplo, dedicó los últimos años de su vida a promocionar la obra de Schulz. Decidimos publicar el primer tomo de relatos de Schulz con una nueva traducción, ya que las que circulaban en Argentina eran de los años 70 (traducidas del polaco al inglés, y del inglés al español), o la traducción española de Siruela, carísima.

¿Qué sentido tiene el nombre de Dobra Robota, entonces?

Dobra Robota significa “buen trabajo” en polaco. Más allá del significado, la elección tuvo más que ver con que sonaba bien, y era fácilmente pronunciable en español, a diferencia de otras palabras del polaco. Y como comenzamos con una colección de literatura polaca, pusimos el nombre relacionado con eso. Después nos abrimos a otros temas.

¿Cuáles son los mayores logros y/o títulos publicados que les enorgullecen de la editorial? ¿Cuáles recomendarías?

El primer libro: Las tiendas de color canela, porque fue una apuesta y terminó superando nuestras expectativas. También el primer libro de la colección de música: Touching from a Distance, porque desde chica escuché Joy Division, y este es el libro definitivo sobre Ian Curtis y la banda. En términos editoriales, me encanta poder plasmar mis gustos musicales mediante la elección de lo que publico.

Recomiendo: El arte de los ruidos, de Luigi Russolo, porque es la primera vez que se traduce completo al español y por su vigencia: fue un texto escrito entre 1913-1916 y hoy sus postulados siguen vigentes y resultan ultramodernos: Russolo propuso la primera teoría musical que contemplaba los ruidos desde un punto de vista estético, e inventó instrumentos para generarlos. Y también, Incomodar con estilo. El exilio de Gombrowicz en Argentina, de Nicolás Hochman, porque es un ensayo muy lúcido, que desmenuza a un escritor como Gombrowicz, una figura que lentamente se va reconociendo en Argentina. Creo que el hecho de que haya vivido en Argentina durante 24 años genera una cercanía que me hace apreciarlo aún más; además su teoría de la inmadurez, que fue perfectamente aplicable al campo literario argentino en un momento determinado y Gombrowicz lo vio.

¿Nos podrías adelantar algún proyecto futuro de la editorial? ¿Algún nuevo título?

Comenzamos un proyecto de co-edición con otra editorial: Walden Editora. Estamos co-editando una serie inglesa llamada 33 1/3 sobre discos canónicos de música contemporánea. Los libros fueron escritos por distintos editores, periodistas, críticos de música, e indagan sobre el contexto en que esos discos fueron producidos, grabados y lanzados, y el efecto y la influencia que ejercieron. La serie incluye libros sobre discos claves del rock, jazz o de la electrónica. El primero sale en octubre: Selected Ambient Works Volume II de Aphex Twin, escrito por Marc Weidenbaum. Luego, sacaremos The Velvet Underground & Nico, escrito por Joe Harvard. La colección original tiene más de 100 títulos, pero nosotros hacemos una selección basada en nuestros gustos y lo que creemos que puede funcionar, en principio, en Argentina. En cuanto a nuestra colección polaca, estamos negociando los derechos de una autora contemporánea, pero no podemos decir nada todavía porque no está cerrado.

Pasando más al plano personal, ¿cuándo y cómo decidiste dedicarte a ser editora? ¿Alguna selección personal de libros?

Yo estudiaba Letras en la Universidad de Buenos Aires, pero me interesaba trabajar dentro del ámbito editorial, por lo que decidí cambiarme de carrera y pasarme a Edición, en la misma Facultad. Carrera que completé y de la que soy egresada. Después de eso, volví a Letras un tiempo más, pero ya estaba metida con Dobra Robota y la terminé dejando.

De los los libros que leí últimamente:

Mi sangre, de Élise Thiébaut

En casa, de Mona Chollet

Calibán y la bruja, de Silvia Federici

Otros autores de literatura: Ádám Bodor, Jonathan Franzen, Mircea Cartarescu, László Krasznahorkai.

¿Qué escritores de las nuevas generaciones en Argentina o América Latina recomendarías?

Samanta Schweblin, Tomás Downey, Germán Maggiori, Carlos Busqued. Hay una generación más joven aún, pero vengo un poco atrasada en lecturas.

¿Qué opinás sobre los E-books / libros electrónicos?

Son una opción que no termina de instalarse en Argentina. Las ventas totales de libros electrónicos acá son muy bajas. Por ahora, son formatos asociados principalmente con best-sellers o manuales universitarios. En mi caso particular, trato de leer en papel, pero sí nos ha pasado de que nuestra única opción para saber de qué va un libro haya sido leerlo en su versión electrónica. Siempre que se trate de accesibilidad, voy a estar a favor.


“Las editoriales argentinas son muchas y de ellas sale el mejor y más diverso material: los mejores títulos, los mejores temas, las mejores estéticas. Por la cantidad de editoriales y por la calidad de lo que editan, el fenómeno editorial argentino es casi único en el mundo.”


¿Cuál es la situación y perspectiva de los editores independientes en 2018 y en el futuro? ¿Cuáles son los mayores obstáculos?

Como sabrán, Argentina está pasando un momento pésimo en general (económica, social, cultural, ideológicamente, etc.), que obviamente se refleja en el ámbito editorial, ámbito que nunca fue debidamente apoyado, fomentado, escuchado, ni nada. Esto repercute en todas las editoriales argentinas pequeñas y medianas y, básicamente, en todos los actores de la cadena, que indefectiblemente están relacionados. Difícilmente a uno le vaya bien si al otro le va mal. El panorama es desalentador y, cuando se dan estas caídas, se producen retrocesos tan profundos que es muy difícil remontar. El sector queda dañado. La perspectiva es resistir, seguir editando. Las editoriales argentinas son muchas y de ellas sale el mejor y más diverso material: los mejores títulos, los mejores temas, las mejores estéticas. Por la cantidad de editoriales y por la calidad de lo que editan, el fenómeno editorial argentino es casi único en el mundo. Hay mucho potencial, lamentablemente ignorado por los gobiernos que pasan. Los mayores obstáculos son el precio del papel y el de la impresión, costos que están dolarizados; ahora se sumaron retenciones a la exportación para este sector: no es lo mismo aplicar retenciones a un terrateniente sojero que a una editorial argentina. A todo esto se suma la devaluación del peso argentino, que hace que el costo de comprar derechos (en euros o dólares) se vuelva mucho mayor y más inestable. Es difícil planificar porque no sabés cuánto vas a tener que pagar dentro de dos semanas o seis meses.

Para vos, ¿cuáles son los retos y desafíos de la figura del editor?

Aportar a la diversidad temática y, en Argentina, hoy, resistir.

  1. Mierda. Antibiografía, libro escrito por Wojciech Kuczok, editado por Dobra Robota Editora.

MIERDA

Se escupía, escupíamos. Me enseñaron a escupir. Antes de que me escupieran por primera vez, uno de los primeros días de escuela, vi como era eso de hablar escupiendo; dos muchachos de séptimo u octavo grado, en cualquier caso unos gigantes, los mayores, los que nos veían como obstáculos en el camino, los que nos prestaban menor atención que a las palomas, dos de ellos hablaban entres sí escupiendo, hablaban por medio de escupidas, quizás era la última fase de la conversación, que no había logrado terminar en un acuerdo, tal vez esa era la única etapa posible de la conversación, podría ser que esos dos hubieran estado hablando así desde hacía ya mucho tiempo, por medio de escupidas; de todas formas, uno de los primeros retratos, una de las primeras imágenes con las que me recibió la escuela, vieja, de preguerra, prestigiosa (como decía en viejo K., de la que también había sido su alumno), quizás la primera de las imágenes que para siempre me quedó en la memoria, de la que tuve que sacar conclusiones, fue esa conversación silenciosa.

Uno escupía al otro, el segundo escupía al primero, al principio se alternaban, como si intercambiaran sus puntos de vista, y luego, ya con fuerza, al mismo tiempo, en serie, sin esperar que la porción de saliva fluyera desde las glándulas salivales a la lengua, sino escupiendo en el aire, a toda costa, con gotas cada vez más pobres cayendo en la cara; conversando entre sí, escupiéndose mutuamente  en la cara, cosa que era observada con aburrimiento por un grupito de otros grandotes y, cuando ya tenían las bocas secas, se limpiaban las caras con las mangas de los uniformes y se retiraban, cada uno por su lado.

Fragmento de Mierda. Antibiografía / Wojciech Kuczok, Dobra Robota Editora, Buenos Aires, 2018.

CONTACTO:

facebook: Dobra Robota Editora
Instagram: dobraeditora

Fronteras del género: trato de sacarme el dolor y es como si tuviera sarna

                                 Foto: Gisela Guardado @infinitevoyage

 

Por Andrea Mastrangelo

El dolor es como la sarna: tratás de sacártelo y te arrancás los pedazos. Hace un poco más de un año, luego de 14 años de relación, dos hijos (uno de ellos adoptado) mi exmarido de 48 años confesó, a la vuelta del trabajo, un lunes de otoño, que se había ido a un hotel por horas con otro varón, de poco más de 20 años.

Al día siguiente de aquella noche tórrida lo acompañé a comprarse ropa para una fiesta. Como tantas veces bromeé al mostrarle colores y modelos: este es de hombre, este es de hombre y este de puto. Esa vez eligió el traje de puto.

 

La nena que no fui

En mi útero hay una nena que llora, con las cutículas mordidas.

El final de mi familia heterosexual, me arrasó. Dejó con las rodillas peladas a la nena que no fui. En esas noches que me ahogaba llorando la decepción tomé un cuartito de ácido. En la alucinación estaba con zapatos de cemento y 20 kilos más en el cuerpo. Con todo ese volumen era tirada desde un avión al mar e intentaba flotar. No desperté. Fue imposible. A pesar del mal viaje fue bueno transitar ese temor que consciente no llegaba a poner en palabras. Sobre todo, porque el muy puto seguía diciendo que me amaba, que iba a hacer lo imposible para volver a estar juntos y que renunciaba a todas las pijas para estar conmigo.

Ese mar de fondo eran mis lágrimas. Las que derramé en volúmenes de desagüe o con el caudal de un sumidero de embalse. Lloré la pérdida, el engaño, pero sobre todo la hipocresía.

Éramos felices, todos los días y a cada rato. Al decir de mi madre adoptiva, “teníamos todo”: casa con cortinas después de 5 años de remodelación y gracias al Pro.Cre.Auto, un 0km que pagamos en cuotas. Habíamos festejado los 10 años de casados en Colonia, dos días en pareja. Siguiendo la receta de una terapeuta de familia salíamos al teloh con guitarra, vinito y porro. Fui muy feliz, hice real lo imposible. Nadé en el cielo. Todavía nos amo. Sólo que uno de los dos adultos a cargo de esa familia ¡desertó!

No me había dado cuenta hasta la primera vez que vi vacías las camas de mis hijos (porque duermen en la casa del padre) que durante 30 años trabajé sobre mí, sobre mi deseo de ser profesional antropóloga, investigadora del CONICET y escultora para ser feliz en el contexto de una familia.

De amigos y de parientes, una familia elegida: redes de alianza sobre una matriz de consanguineidades que se cruzan y eligen para pasearnos escuchando Submarino Amarillo. Mi familia nuclear la inventamos: mi exmarido no es el padre de mi hijo, lo adoptó para suplir al que dejó el espermatozoide y se asustó. Después tuvimos otro. La abuela de los chicos no es mi mamá, es la pareja de mi papá que siguió a la muerte de mi madre. Todos aceptamos el juego: el padre perfecto y la abuela perfecta, la que teje, malcría y hace las tortas de cumpleaños. Como mi hermano consanguíneo vive en el exterior, los tíos de mis hijos son amigues de asados, la facultad y la política con hijos de la misma edad.

En ese mundillo pequeño burgués estábamos, con vacaciones dos veces al año. Viajes en avión de los cuatro y escapaditas al telho de los papás. Yo con el plan de cuidar a mis padres ancianos y que la vida se nos pasara juntos muchos años más.

 

Se viene el estallido

El último año y a través de las terapias psicoanalíticas movilicé muchos pensamientos sobre los géneros y mi sexualidad. Tanto que no recuerdo haber estado tan activa desde antes del inicio de la vida sexual genital. Tengo hoy la misma efervescencia de la voluntad de saber.

Movilicé búsquedas internas, externas y el google. Encontré un sitio que se llama “Casada con gay” y varios en inglés que agrupé en un directorio “Straight wives with gay husbands”. Hay mucha bibliografía para la salida gay del clóset –el coming out-, un psicólogo para gays felices y ningún relato sincero, profundo sin washing de autoayuda de lo que nos pasa a les que nos quedamos mirando como lo reprimido se libera. Apenas un mantra de consuelo que nos propone la American Psychological Association: es mejor aceptar lo antes posible.

No hay nada que muestre nuestros valores y sentimientos cuando el otro expresó su deseo. ¿Qué queda de una luego de sentirse una bisagra o un picaporte, un mecanismo para que el clóset se abriera? No hay ni la instantánea del momento ni una lectura más profunda y distante. Nada.

_”No cuentes todo de la separación”, me han dicho. Otra psicóloga me pidió: _”No hagas hincapié que es homosexual, el problema central es la infidelidad”. En otra terapia pude llorar. El problema si es que le haya gustado-faltado una pija todo el tiempo que fuimos pareja y que su silencio en la cama haya sido omisión. Lo que en mi era “paciencia” para que “se suelte” en él era The Wall. Y aquí me pregunto sobre las fronteras del género ¿Por qué si yo hablo de esta experiencia queer puedo ser una loca despechada y el un gay liberado? ¿Qué se calla por pudor y qué sigue siendo disciplinamiento patriarcal y heteronormativo? ¿Ahora también hay que callar en nombre de la corrección política? Puede que tanto él como yo hayamos sido víctimas del patriarcado. Pero ¿no sería interesante mi punto de vista y emociones sobre este asunto? ¿Qué me dice el liberado de mi propia represión? ¿Cuánto puede ocultarse la verdad en un cuerpo desnudo? ¿Cuáles son las consecuencias de mentir por omisión mientras se tiene sexo con otra persona durante 14 años? ¿Somos totalmente impunes e inculpables de estos crímenes de lesa intimidad?

Fue un estallido, un acto de liberación violento. Esquirlas de la explosión del placard están siendo desincrustadas de las paredes del cuarto matrimonial. La otra parte dice apenas “culpa” o “mentira”. En él no hay palabras, hay deseo en acto. Pulsión. Hace literalmente lo que le canta el culo. A mí me queda la sensación de haber sido médium, un poco objeto. Algo así como una utilera que sostiene una escenografía que no soporta la gravedad o el viento.

Si lo pienso bien y en detalle, había un síntoma suyo solapado en mi conducta ansiosa. Como buena ansiosa todos los caramelos son masticables, deseo con voracidad el cambio, las ventanas abiertas, la aventura. Esa necesidad inagotable por lo nuevo, los proyectos para la semana y el mes, en el padre de mis hijos era una inconformidad permanente.

El posestructuralismo abunda en referencias constructivas y genealogías posibles para todo. En el presente los géneros son una de las dimensiones sociales sobre la que se teje, trama, desteje. Se milita, se agitan y se mueven las subjetividades del Siglo XXI.

Con un Siglo XX existencialista, donde el género era el ser, en el XXI el sexo se abre como experiencia con la predominancia de lo líquido. No se trata de ser de un género, sino de tránsitos: hoy estoy gay. El tránsito de la identidad erótica es fluido, y a mí eso me arrastró a su paso.

 

El género en las fronteras de lo humano

La elección erótica es inconsciente y el inconsciente de mi ex marido es mi gran amigo gay.

Para ser clara, nací a finales de la década de 1960 y mi orientación erótica se fue definiendo al pulso de rebelarme al patriarcado. No quería ser la nena que se casaba con el primer novio, ni la que se casara virgen. Di vueltas saltando de cama en cama hasta los 33 años.

Tuve novia, casi un año. Me aburrí como del queso derretido, sentí la falta de pija. Me definí heterosexual antipatriarcal no heteronormativa: mujer de ovario fuerte.

Tuve mi primer hijo a los 30, decidida a la experiencia de fortalecerme a la luz de mi útero. Sola desde el quinto mes de embarazo, mi hijo y yo en la intimidad de la sala de partos y en la vida.

Un día apareció el coso. El valijero de Lavalle con el que viví 14 años. Músico, con sus maneras melindrosas y al que creía le gustaban los pibes. Fui su groopie encandilada como amiga gay, pero no. Un día se derramó una copa de Don Valentín lacrado, habíamos comido tallarines, había vuelto de una beca en Europa. Pasó. Se quedó en casa y dormimos juntos 14 años. O 14 noches anuales, si lo mido como el tiempo que pasé en la oscuridad del clóset en el que estuve encerrada.

Catorce años en lo que ahora me veo como una mona enamorada de un jirafo. No hay reclamo, ni de amor, ni de dinero. Sigue abierta una pregunta al cuero ¿el tránsito por los géneros es impune al dolor de los otros? Tengamos cuidado, podemos arrastrar los cuerpos de nuestres amantes con el paragolpes del deseo. El otro lado del armario, de la cama y del clóset lo único que tiene son sentimientos y personas.

 

Sobre la autora: 

Especialista en las consecuencias sociales de grandes inversiones en áreas rurales (impactos en el trabajo, la salud y la estructura social agraria).

Es investigadora del CONICET en la UNSAM, donde también se desempeña como profesora de grado y coordinadora del Programa Salud, Ambiente y Trabajo. Anteriormente ejerció la docencia en posgrados de la Universidad de Buenos Aires, la  Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y la Red de Jóvenes Líderes de la Conservación Marina (CONICET). Realizó trabajo de campo las provincias del noroeste (Catamarca, Salta, Santiago del Estero, San Juan), noreste (Misiones y Formosa), Patagonia (Chubut) y el centro del país (La Pampa, Buenos Aires y Córdoba). En el exterior, realizó trabajo de campo para su posdoctorado en Pernambuco (Brasil) y en Andhra Pradesh —mina de carbón Kotagurem— (India).

Ha publicado sobre cuestiones socioambientales en minería metalífera por inversión extranjera directa, foresto industria para celulosa y derivados ,y producción de semillas transgénicas de maíz.

Es doctora en Antropología Social.

Editorial: Violencia

Cuando nos planteamos gestar este proyecto no encontramos nada más apabullante, ambiguo y determinante en nuestra identidad que los efectos de la violencia. Pensamos el fenómeno a través de nuestras geografías; que el conflicto político, la corrupción, la cultura y la distribución ambigua de la riqueza, tienden a parir esta hija bastarda. No la patentamos ni mucho menos, la sabemos y sentimos condición sine qua non a la especie humana. No obstante, hemos desarrollado una oscura hipersensibilidad a la misma o naturalizado escabrosamente su existencia. No hablamos solo de sesos desparramados, miembros humanos dispersos o de la sangre que se derrama por litros cada día en nuestra región. Pero sí tenemos miedo de  la perversidad detrás del progreso, la normalidad con la que “avanzamos” a través de esa violencia, nos definimos y la practicamos. Es esencial, diversa y dispersa. No tiene freno, es solo motor. Nos declaramos culpables. Pero no somos retratistas vacuos ni pretendemos diseccionar con precisión de cirujano un fenómeno tan complejo. Intentamos tensar tan solo un poco el hilo ontológico de esta imparable acción/reproducción. Bajo esa premisa intentamos transitar este camino, enredado, caótico, como en el laberinto de Minos, o como un río que fluye para unirse con el delta, y finalmente con el mar: inmenso, inabarcable.

Entropía: en la búsqueda de una utopía colectiva

Por Mariana Mata

“Pertenezco a una era fugitiva, mundo que se desploma ante mis ojos. Piso una tierra firme que vientos y mareas erosionaron antes de que pudiera levantar su inventario. Atrás quedaron las ruinas cuyo esplendor mis ojos nunca vieron. Ciudades comidas por la selva, y en ellas nada que puede reflejarme. Mohosas piedras en las que no me reconozco. Y enfrente la mutación del mar, y tampoco en las nuevas islas del océano hay un sitio en el que pueda reclinar la cabeza”

José Emilio Pacheco.

He nacido en la ciudad, he crecido en ella, y desde hace casi 7 años había deseado irme de aquí.  Para cualquiera que haya pisado este sitio a 2,250 metros sobre el nivel del mar, resultará evidente su monstruosidad. Aún como habitante de esta ciudad, no la conozco en su totalidad. Siempre habrá un lugar nuevo al que ir, o revisitar con otra mirada: una colonia que se ha transformado, una cantina de barrio que desaparece, un nuevo lugar ocupado por un edificio gigantesco. Espectaculares de marcas internacionales, publicidad eficaz que no deja de acaparar miradas en las principales avenidas, o puentes contrastan en tamaño con paredes llenas de pegamento donde se anuncian eventos locales, musicales, en su mayoría. Pegado sobrepegado sobrepegado. Crea una costra de tiempo que anuncia el no lugar. Este espacio de tránsito que esta por doquier en la ciudad.

Ciudad, urbe, megalópolis, sinónimos de un espacio sesgado, cegado, donde el caos reina, y la individualidad reprime todo intento de una utopía colectiva. Aquí es donde habito. He crecido en una urbe gigantesca, y probablemente una de las ciudades más grandes del mundo: la extraña y surrealista Ciudad de México. A este lugar hay que verlo de lejos para entenderlo. Este fenómeno de observación participativa, que se aleja de la relación diaria que podría tener con mi ciudad me llevó a ciertas reflexiones del espacio, los habitantes y la forma en la que interactuamos con ella, así como las posibilidades de gestar comunidad.

El crecimiento de la urbe no sólo explota hacia la periferia, sino también crece de forma vertical. En el antiguo Distrito Federal, es bastante común encontrar máquinas construyendo nuevos edificios gigantes, a lado de viejas construcciones que forman parte de la memoria del sitio. Este crecimiento desmedido ha creado poblaciones flotantes llámense oficinistas (Reforma) o gente que diariamente viaja al menos 3 horas desde sus hogares en la periferia, para trabajar en la Ciudad de México.

La forma en la que vemos las ciudades está determinada por nuestra relación con ella. Esto a veces imposibilita ver a la ciudad como un conjunto de conexiones, e interacciones.

Alejar la mirada del concreto gris o de los edificios que nublan nuestro campo de observación servirá para poder reconocer o tomar  conciencia espacial y que servirá para revelar una ciudad llena de contrastes. Aquí podemos ver el fenómeno de gentrificación en zonas específicas de la ciudad, y la marginación de algunos lugares. La colonia guerrero, por ejemplo, nunca ha perdido la carga simbólica del margen: lugar peligroso, cuya población es relegada. Si no lo conoces, es mejor no entrar. Aunque esta pauta es aplicable a casi cualquier lugar de la Ciudad de México.

Puedo asegurar sin temor a equivocarme que todas las ciudades del mundo se parecen. No sólo en el acomodo de las zonas: negocios, barrios turísticos, barrios al margen, residenciales, vivienda popular, etcétera. Sino también se parecen en la interacción social: en estos espacios habitamos individuos que ignoramos al sujeto de a lado. Naufragamos en esa otra realidad tan del siglo XXI: la virtual, porque aquí es donde podemos configurar las máscaras que creemos nos definen.

Las ciudades, pese a ser similares, no son idénticas. No son un lugar homogéneo, aquí  proliferan y se yuxtaponen los estilos más diversos de la cultura. Son también el resultado de una relación entre arquitecturas, espacios creados, imaginados y transformados por la acción de los individuos.  Navegamos ahora en un lugar de lo simbólico, donde la urbe puede ser vista como un objeto, pero también como un contexto donde las manifestaciones sociales y políticas dan cabida a las prácticas de ciudadanía y estrategias socio- espaciales que edifican y transforman el espacio vital.  Creer en la existencia de una sola ciudad es negar parte de la naturaleza humana. No existe la homogeneidad en este planeta. Este espacio habitable esta construido a través de la interconexión de complejas redes urbanas.

Sobre el espacio urbano

La urbe se gesta a través de sus habitantes. Estos, en la gran CDMX son tan diversos como los edificios que existen en ella.  Es posible ver en la misma calle una persona indígena, un oficinista en traje, un extranjero, foráneos de otras entidades del país, y un habitante de toda la vida de este lugar. Pese a que la descripción anterior pareciera el inicio de un chiste, es real. Esto habla no sólo de la diversidad que existe en el espacio de la ciudad, sino también de la transformación y la constante migración hacia este lugar.

La vieja creencia de que en las ciudades hay más oportunidades persiste. Seguramente es poca la población de origen de las ciudes. Todos migrantes, todos en búsqueda de algo que hace falta en el resto del país: desarrollo económico, fuentes de trabajo, educación, sólo por mencionar algunos de los problemas que ocurren en México. Esta realidad es desalentadora cuando pensamos en el cúmulo de tierra fértil, o de espacio donde es posible generar industrias, o en un aspecto más específico fuentes de trabajo periféricas.

A finales del siglo XX  y lo que va del siglo XXI el espacio urbano se ha reestructurado económicamente. Términos como neoliberalismo y globalización deben caber en este imaginario. Pero esto sólo es parte del resultado de un largo relato histórico que inició con la  industrialización , y que en tiempos recientes se conjuga con el avance tecnológico. La ciudad paso de ser el hogar de un montón de foráneos que buscaban mejores oportunidades, y que eran parte de la gran mano de obra citadina, a ser una gran industria capitalista.

Como parte de las contradicciones históricas la idea de modernización fue sinónimo de urbanización , industrialización, construcción de nacionalismo y proteccionismo local.  Todo esto implantado través del bello (y ahora inexistente) Estado de bienestar. Como ejemplo del ideal de estos años de prosperidad el trabajo arquitectónico de Mario Pani nos da cuenta de la idea de la comunidad en la ciudad. Tlatelolco, y demás unidades habitacionales propugnaban la idea de una ciudad de peatones, construían la idea de que la bonanza era parte del todo. Aquí podían habitar todo tipo de personas de diversos estratos económicos.

La bonanza era parte de esta estructura económica que cayó a finales de la década de 1970.  Esta economía de tipo industrial era también un tipo de existencia decrépita. Los efectos de la gran máquina se encargaron de destruir el entorno, el espacio en el que las sociedades habitan. Quizá el el cúmulo de centros comerciales, parques de diversión,  edificios okupas, y muchos más lugares fantasmales sean producto de esto. Si nos detenemos un momento en las calles de la ciudad de México, es posible ver que los límites de la ciudad se han expandido en los últimos 50 años. Por increíble que parezca los límites de la ciudad se siguen expandiendo.

También producto de la ciudad es la estratificación social, el crecimiento de la clase media. Dicha segmentación está determinada en la ciudad de forma espacial. Para ejemplificar este fenómeno podemos acudir al espacio arquitectónico de nuevo. En la década de 1950 se construyó ciudad universitaria, al sur de la ciudad. También en este lugar los arquitectos reconocidos de la época construyeron casas para población económicamente más desarrollada. Si en el centro de esta ciudad, se comenzó a gestar la clase ecómicamente activa, esta se fue replegando. Lugares como la Colonia Condesa o Polanco, también tienen historias similiares. A veces ex haciendas, o country club como en Coyoacán. Siempre manienten una relación de poder económico conforme a otros sitios como la Colonia Bbrera, la Guerro o Tlatelolco por mencionar algunos sitios.

Habitamos en una ciudad global, dual, de grandes contrastes, probablemente imposición de nuestro tiempo histórico, económico, del relato histórico actual:  en la era de la superproducción no hay cabida para la colectividad. Pero aquí habita la posibilidad: en este lugar llamado ciudad donde existe la diferenciación social, se puede construir una utopía urbana.

Hay que entender que ser habitante de un espacio se puede concebir desde dos aristas: ocupar el espacio o habitarlo. La segunda se dirige hacia el punto que pretendo reforzar: la ciudad se crea a través de los habitantes de la misma. El espacio se crea y desarrolla a través de los ciudadanos. Somos los habitantes los que tenemos que reestructurar no sólo las formas del espacio, sino nuestra interacción con el vecino. Para crear nuevos espacios, hay que gestar nuevas interacciones.

Llamar a la ciudadanía a construir algo más que sólo catarsis. Proyectar una forma de vida colectiva, de sociedad, y de identidad a través de los diversos enfoques de cada red de esta ciudad.

Este proyecto urbano podría tener miras hacia una participación activa. No solamente a un nivel de información de la ciudadanía sino en la gestión misma de proyectos de urbanización. Hablo sobre una (re) construcción de las ciudades, ya no a manos del Estado, sino de los habitantes. Se podría optar por un discurso de reapropiación de la ciudad y ocupación de los espacios públicos, donde se analicen las problemáticas de la comunidad y se actué sobre ellas. A esta ciudad no le hacen falta más edificios de oficinas, quizá sería bueno optar por centros deportivos o culturales. Pero nuevamente navego en el campo de la utopía. No sólo la CDMX posee grandes problemas, el país por completo se encuentra a merced de los intereses de ciertas esferas privadas, y económicamente poderosas. Aún así, el propósito de este relato es dar cuenta de las posibilidades de las comunidades a través de, para y por sus habitantes. Trabajar con el fin de forzar y ampliar las esferas públicas locales, nacionales con el fin de crear espacios incluyentes y (utópicamente) democráticos, y también con la idea de ampliar la noción de ciudadanía.

La importancia de la entropía en el sistema ciudad

La indiferencia de los individuos es otro elemento indudablemente citadino. Navegamos en un espacio donde el  caos es el vehículo de la histeria colectiva y del estrés. A diferencia de otros lugares en el mundo, y de otras ciudades hay algo que es inherente a esta ciudad el miedo. Esa actitud que tenemos en algún momento del día: al caminar por las noches en calles vacías, al caminar en la tarde en una calle desconocida, al subirse al transporte público. Algo es innegable: desconfiamos del prójimo, porque CDMX. Aquí es posible que en algún punto alguien te despoje de tus pertenencias.

Este asunto de desconfianza quiero creer que es parte de la ciudad. Y no sólo se limitan al caminar diario, los mexicanos no confiamos en nuestro gobierno, en el Estado, o en sus instituciones. ¿Estamos condenados acaso a este pseudo poder? Actualmente, gracias a las comunicaciones abstractas (internet) hemos llegado a otro nivel de problemáticas que son similiares a las anteriores:  los problemas del derecho de la información, las bases de datos, la accesibilidad, y el manejo de la información son también parte de las cuestiones del poder.

Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la ciudad? Ciertamente no mucho, en apariencia. Si bien en la década de 1950 la sociedad era vista como un sistema auto regulado, el sistema cambió. Actualmente el modelo teórico ya no es este organismo, la cibernética multiplica las aplicaciones de la información.

Antes la vida histórico- social estaba regida por grandes relatos, o corrientes de pensamiento (para más información véase Francis Fukuyama, o Arthur C. Danto) . Con la llegada de la posmodernidad todo se fue al diablo. La industrialización ahora ya no es el ABC de la sociedad, o de las ciudades.  Ante esta descomposición de los grandes relatos, siguieron teorías sobre la disolución del lazo social y el paso de la colectividad a un estado de masa que se compone de átomos individuales. Y quizá este sea el mayor reto de la urbe del siglo XXI: sacudir a los individuos y conformar nuevas comunidades.

Partamos de una línea de pensamiento un poco alejada del tema: en el universo existe materia y energía en movimiento. Hasta la sociedad se compone de estos elementos. Existen también dos tipos de materia: inerte, que son los que tienden de manera natural hacía la homogeneidad, el equilibrio, la estabilidad, pero también hacía el desorden, el caos y la entropía. El segundo tipo de materia es la viva: estos sistemas tienden a la heterogeneidad, el orden el desequilibrio y la inestabilidad.

El sistema inerte es estudiado y explicado por la física y las matemáticas, mientras que los sistemas vivos son estudiados pro la biología, la sociología y demás ciencias. Una última anotación. La entropía se encarga de medir la pérdida de las características que hacen que un sistema se distinga de sus alrededores. Es entonces, el grado de desorden, el equilibrio máximo en el cual ya no puede haber cambios de ningún tipo.

Podemos decir entonces que el desarrollo y crecimiento de las sociedades no es un fenómeno homogéneo. Las partes menos entrópicas (más estructuradas, integradas y diferenciadas) son las más inestables. Esta contradicción del sistema social nos sirve para entender al sistema mismo. Habrá un momento en que el desequilibrio en una sociedad, o en una ciudad, será insostenible e inevitablemente vendrá la destrucción de dicho sistema. Tal como ocurre en los organismos vivos; si bien la ciudad es un lugar lleno de manifestaciones violentas, guerras, destrucción ambiental, una versión acelerada del capitalismo. Todo estos elementos son versiones de un sistema en decadencia, es decir estamos ante la última fase de la ciudad y la vida social de súper consumo como la conocemos.

Para que un sistema social se desentropice, es necesario que se modifique la estructura de manera continua, para así adaptarse y existir en un proceso evolutivo, y cuando es necesario quizá a través de una revolución. El pensamiento del status-quo apunta a que es necesario vivir  con estructuras rígidas, pero el único modo de evitar el aumento de la entropía es propiciando el cambio de su estructura. Probablemente la versión de entropía en la sociedad mexicana sea un poco difícil de ver. Los huecos de la matrix si bien, no son pequeños, no poseen una organización sólida. La solución por ahora es construir comunidades, trabajar en colectivo con acciones concretas que mejoren: la calidad del espacio a nuestro alrededor, o la interacción con el prójimo.

Accionar, mover, cambiar, la creación de la utopía

El cambio es inevitable. Si bien somos habitantes de la ciudad, es necesario acentuar que la sociedad es la que genera esta espacialidad. Aquí se inscribe el accionar, y también estamos determinados por esto.  Nuestra configuración espacial nos condiciona, a un nivel individual y a uno relacional. Es innegable que está sociedad está dividida por dos sectores: los explotadores y los explotados. Y esta lucha es la que ha sido el motor de la historia, la lucha de clases, la lucha por la liberación.

La espacialidad es la manifestación de las relaciones sociales, que se expresan en diversos niveles: económico, político e ideológico. Y todas las luchas de la humanidad están suscritas a la espacialidad, al entorno. Si bien lo urbano viene a nuestro imaginario como un sistema desorganizados, individualizado y secular, donde la espacialidad es privada, debemos apuntar hacía una re conceptualización.

La sociedad urbana debería ser vista como una catapulta hacía lograr un cambio ideológico. Pasar de esta superestructura que se caracteriza por su individualismo, la constante acumulación de bienes, y por una preponderancia ante lo particular en lugar de lo comunitario.

El panorama citadino se ve desolador. Habitamos en un lugar densamente poblado, donde la proximidad física es mayor, pero la comunicación es menor. Entre las consecuencias de este lugar permanece el desarrollo de la burocracia, de economías de mercado que apuntan hacia la despersonalización y con notables incidencias a nivel personal: crimen, suicidio, corrupción, sólo como ejemplo de lo que ocurre.

Habitamos en un lugar donde el anonimato gana terreno como una máscara preventiva del yo, al final todos somos desconocidos.

Ante esta sociedad del siglo XXI es necesario plantear un concepto más: intersticio. Este es un espacio para las relaciones humanas, donde se sugiere el intercambio de posibilidades distintas a las vigentes. La importancia de la ciudad en la sociedad contemporánea se explica a partir del lugar y el no lugar, aquí convergen hechos físicos y sociales.

La ciudad no debería considerarse como una totalidad, sino como un conjunto de fragmentos, cada uno de los cuales presenta una personalidad cuya expresión debería resumirse en la calidad de los espacios públicos. Reconstruir la ciudad a partir de sus huecos.  La imagen, lo imaginado, el imaginario son términos que nos dirigen hacia una construcción crítica y nueva del proceso cultural global: la imaginación como una práctica social. No se trata de una fantasía, ni de una forma de escape, ni de un pasatiempo de le élite, ni tampoco de una simple contemplación. Ocurre más bien que la imaginación se puede convertir en un campo organizado de prácticas sociales.

Bibliografía

  • Sistemas Urbanos, actores sociales y ciudadanías. Colección de estudios urbanos. Sergio Tamayo, 1998.
  • La condición postmoderna, Jean Francois Lyotard, Catedra, tercera edición, Madrid, 1987
  • Hombre y entropía, Eduardo  Cesarman  Termodinámica social vol 2. , Ediciones gernika, México 1982
  • No me preguntes como pasa el tiempo, José Emilio Pacheco, JM, México 1969
  • El espacio no existe. Su problemática expresiva en el arte y el diseño, Nicolás Amoroso Boelcke, UAM Azcapotzalco 2015 México.

 

Sobre el autor:

Le gusta explorar los espacios en búsqueda de una narrativa histórica. Comunicóloga de profesión, finge ser antropóloga del espacio.

Instagram: mariaaannnaaa