El espíritu de (no) ser Chiquititas

Tenía alrededor de siete. Estaba en la sobremesa del mediodía con mi mamá. Solíamos quedarnos solas charlando, hábitos madre-hija que hasta el día de hoy conservamos. Hacía ya varios días que tenía una inquietud que dentro de mi mundo de ciento veinte centímetros, representaba bastante. Aproveché la intimidad, tomé valor y sin pensarlo mucho, lo largué: “mamá, quiero ser huérfana”.