Archivo de la etiqueta: #reggaetón

El Cuerpo es Devil

cayo cactus

Por: Cayo Cæctus                                                  foto: Edgar Portillo @edgarenremolinos

FELICES LOS 4

También el amor
es un intercambio económico
cuya última ambición
es la maximización del beneficio.

Al reducir los costos
aceptando la fungibilidad
del recurso amoroso
convertimos en oportunidad
lo que antes era dilema:
si me parte el corazón
puedo regalar un pedacito
a cada nena.

Los enemigos del reggeatón objetan
— el poliamor es lo mismo
otro invento del Capitalismo
una treta.

“Luchar contra el amor romántico
no significa consumir cuerpos ni reproducir
la lógica de la desechabilidad.

Eso es propio del Capitalismo.

Dinamitar el amor romántico y sus estereotipos
significa cuidado mutuo y relaciones
sexoafectivas horizontales”.

Que se despeje la bruma
esta es la verdadera palabra de Maluma
una simple solución a un bien escaso:

pasar el rato
aceptar el trato
agrandar el cuarto
hacerlo otro rato.

POR FAVOR NO ME HAGAN PENSAR EN LEYES
FT OZUNA / NATTI NATASHA 

Miento, si te digo que en ti no ando pensando
[yo no quiero ese tormento / distinguir lo falso / de lo cierto]
Tú me robaste el corazón como un criminal
[lo siento, no hay seguridad / amenaza de pillaje / en el plexo solar]
Esto que siento por ti no puede ser legal, ah
[algo me actúa / sin utilidad para mí / causándome mal]
Como tú no hace, rompe la ley
[pobre ave / cuando abren la jaula / se cree rey]
Tú eres un delito que yo quiero cometer
[déjame ser / dame la libertad que exijo / pa perder]
Será porque tienes un flow / demasio’ de cri-criminal, baby
[caudaloso, incivilizado, salvaje / por el amor de los ríos, frenesí /
mas construyes diques / luego lloras cuando deja de fluir]

ESTE ES EL VERDADERO REMIX

Los seres buenos se hacen mejores con el dolor;
los malos nos hacemos peores.
Gabriela Mistral

Si antes yo era un hijo de puta, ahora soy peor.
Bad Bunny

(i)
No prestemos atención a la consecuencia más lógica, contar a Gabriela
Mistral entre los Bad Bunnys del mundo, pero tampoco vayamos tan
lejos como para desestimar el silogismo.

Propongo brevedad en el siguiente ejercicio:
dividamos el dolor de acuerdo a su fuente.

Distingamos traición de tragedia.

Digamos que la tragedia equivale a su inevitabilidad.

Digamos que todo lo inevitable, en cuanto irresistible, es soportable.

De ahí se sigue que se debe ser realmente malo si la tragedia te empeora.

Una afirmación contraria, roussoniana si se quiere, diría:
la tragedia puede mejorarte.

Pero si dejas que el cuchillo entre a tu casa, la sangre coagulará las paredes
y no importará ya lo que ocurra. Las visitas intentarán ser amables y
alabarán tu buen gusto exclamando: ‘Te ves radiante’ y así también lo
creerás, mirándote al espejo, pensando que el rosado te sienta bien en las
mejillas.

Nadie se mete en esas cosas, tú sabes, los trapos sucios, el olor a lavanda,
un ojo que no deja de tiritar. Puede ser normal que los problemas sean
parte del esquema. Las cicatrices dejan delicadas texturas que uno gusta
enumerar por las noches con el fin de conciliar el sueño. La curvatura
emotiva que se despliega entre cima y sima realiza una modulación
altamente adictiva y al rato gusta esa escritura sobre la piel.

Te pasan… cosas;
dices: siento algo que no controlo,
por tanto, existo.

Es simple, si sientes el cuchillo
sentirás también la sangre
luego, sin duda, el corazón.

Piensas, con razón o sin
—todas las canciones, todos los poemas
hablan de mí.

Lo evidente llega en algún momento, contra ti mismo, pero no puede
llamársele tragedia. El espacio se vuelve inhabitable. Paredes ya necrosadas
traen el recuerdo del primer tajo, todos los tajos que vinieron después con
su ritual de parche curita y canción de cuna. Intentas recordar porqué
nunca mostraste los colmillos, qué altura moral -cobardía- te lo impidió.
La traición denuncia la estupidez de su paciente, su propia falibilidad
ante el desastre.

Entonces, solo queda en la cabeza una pregunta triste:

Por qué si yo era tan bueno toa’ esta mierda tú me hiciste

(vi)

Miento si digo que no me hace falta
cuando me rozaba tu piel.
‘mjeN . to . si . ‘ði . γo . ke . no . me‘a . θe ‘fal . ta .
‘kwaN . do . me . řo . ‘θa . βa . tu . ‘pjel.

Me gusta como Nicky Jam separa cada sílaba. Es como una
bicicleta pisando baldosas sueltas, pero me siento obligado a pensar
en un brutal centelleo de espadas. Es claro que su arremetida fonética
constituye un artilugio de distintividad. Al ser el último hablante, debe
diferenciarse del resto de la crew que le precede.

Pero también se diferencia de ellos al traslucir una ética precisa, no
solo ya del despecho, si no también de la actividad símbólica producida
por dos espadas que se hacen mella; ellas polemizan, distinguen, escinden
pedazos de realidad. En definitiva, separan verdad de mentira.

En principio, esta ética agencia una idea bastante antigua:
LA MENTIRA ES INMORTAL, NO SE DEBE MENTIR.

Muy bien, pero ello abre una brecha.

En realidad, hay dos formas de no decir mentiras,

una es no mintiendo
la otra es diciendo la verdad.

Nicky Jam no miente pero ¿dice la verdad?

¿Importa realmente?, o mejor aún, ¿quién puede decir la
verdad? Si lo pensamos con detención, en este mundo de fake news y
posverdad podríamos concluir que el mundo sería un mejor lugar si tan
sólo todos se comprometieran a no decir mentiras. Con ese mínimo ético
sería plausible la vida civil.

Ahora bien, si representásemos gráficamente nuestras distinciones
tendríamos algo más o menos así:

TRIÁNGULO

El triángulo representa la no-mentira.
El círculo representa la verdad.
La cuadatura que es esta página blanca representa la mentira.

De acuerdo a nuestro modelo, la verdad es un sol negro. Es real,
ahí está, pero hay algo poco auspicioso en esa terrible e inusual belleza,
preferible darle rodeo pues el no-brillo que emana de esa estrella no
conserva la paz. No somos aptos para esa luz.

De ahí podemos refutar la regla inicial por insuficiente y bifucar
el curso de acción en una norma prohibitiva y una norma imperativa:

No mientas y evita decir la verdad.

Se morigera la rigurosidad de la norma si se considera que nadie
está obligado a lo inevitable. Lo inevitable es inevitable es inevitable. En
ese sentido hagamos de la palabra, parábola y digamos a nuestros niños:
actúa como si toda arma estuviera cargada, o mejor aún, como si cada
palabra fuera una bala que eventualmente fallará. Estaba ya dicho:

La ola golpea la roca, mi amorcito
y cada charquito en tu espalda es un signo
que malinterpretaremos.

Con esta fabilidad en mente podemos estar más seguros de emitir o
recibir enunciados performativos como los siguientes:

NUNCA AMARÉ A NADIE COMO A TÍ 
ESTARÁS POR SIEMPRE EN MI CORAZÓN 

Incluso, si vamos a esbozar una real politik fluída negando
cualquier centelleo de espadas o la ominosidad de los soles negros,
reconozcamos que lo realmente preferible es mentir bien o, mejor aún,
decir buenas mentiras; mentiras que no den pie a nuevas especulaciones
dolorosas sobre si sí o si no, mentiras que tricen las ya borgianamente
infames reproducciones de espejos y de cópulas que a su vez producen
más humanos y, exponencialmente, más fluídos, charquitos y dramas,
mentiras que en realidad sean excelentes diques para esos caudales de
palabras que según algunos son solo recursos del amor y según otros,
amor a los recursos del amor; en suma, ni desembocadura ni manglar,
grandiosos puntos finales como:

ESTÉS DONDE ESTÉS, TE DESEO LO MEJOR, DE VERDAD 

Pero Nicky Jam no permite ni siquiera esa glosa:

No quiero mentira ni tu falsedad.

Sobre el autor:

Cayo Cæctus (Santiago de Chile, 1984). Procesador / texto / imagen. Ha publicado, ha traducido, ha participado en. @cayocactus